Como un alienígena rojo, con antenas de vinil y un chipote que sonaba igual que un insecto que canta de noche… Todas las pistas están a la mano y, sin embargo, pocos saben de dónde viene realmente el nombre del Chapulín Colorado, el héroe de mentira creado por Roberto Gómez Bolaños y que parodiaba a los superhéroes de las series gringas. Fue en 1970 cuando Chespirito tomó el apelativo gracias a un insecto ortóptero que, desde la época prehispánica, ya era un plato estrella en las cortes teotihuacanas y aztecas.

Horneados, salteados, con chile picante e incluso crudos con un poco de ajo. Crujientes y sanos, tienen un leve sabor entre sésamo y maní.

Horneados, salteados, con chile picante e incluso crudos con un poco de ajo. Crujientes y sanos, tienen un leve sabor entre sésamo y maní. Animalitos inofensivos —salvo cuando se transforman en plaga—, que se alimentan sólo de hojas verdes, tal como el personaje interpretado y creado por, el mismo que le juraba a los niños que era ‘tan noble como una lechuga y su escudo era un corazón’.

Cantan como grillos y se desplazan como saltamontes. Capturarlos no es tarea fácil. Aparecen en verano y son más abundantes en otoño, generalmente entre hierbas o ramas de zacate. Primero hay que tener un oído entrenado y escuchar ese chirrido que parece provenir de un violín desafinado entre las patas y alas. En la noche es el mejor momento para pillarlos, porque descansan sobre las hojas para escapar del calor nocturno. Con la ayuda de una linterna, hay que recogerlos rápidamente con la mano. Ahora si son adultos y con alas desarrolladas, se complica la tarea y hay que correr detrás de ellos y atraparlos con un cazamariposas o una red.

En la cocina pareciera que dejan atrás su apariencia sobrenatural y se convierten en manjar de dioses. Salteados con aceite de maíz, sal gruesa y un poco de tequila, ideales como guarnición para tacos y quesadillas. O con arroz blanco y cubiertos con mole de chocolate y ají, un plato tradicional incluso desde la época de Pancho Villa. Pero no es todo, la nueva cocina mexicana, con sus mejores exponentes en los restoranes de Puebla, o los barrios top del DF, como Coyoacán y Chapultepec, le están dando una vuelta al llamado insecto de la ‘proteína milagrosa y ancestral’.
Molido y con sal gruesa, ahora es el favorito a la hora de aderezar salsas, carnes blancas y, sobre todo, para untar limones después de un buen golpeado de mezcal o tequila.

Pero la estrella de todas las preparaciones es la croqueta de amaranto y chapulín: un plato que ofrece el restorán del Africam Safari, el zoo abierto en Puebla creado por los hermanos Camacho.

Pero la estrella de todas las preparaciones es la croqueta de amaranto y chapulín: un plato que ofrece el restorán del Africam Safari, el zoo abierto en Puebla creado por los hermanos Camacho. Un enclave rústico sobre los árboles y al que se debe subir gracias a puentes hechos con lianas y maderos amarrados. Allí el chapulín tiene tratamiento de rey. Lo combinan con cereales, huevos y harina fina, para transformarse en una suerte de albóndiga rellena con queso de Ouxaca o panela y que después pasa al sartén. Hamburguesitas que dejan ver levemente alas y patas del insecto y que son fantásticas a la hora de las botanas, pequeños sándwiches o adobados con salsa de tomates o chipotles.

Nunca vienen camuflados y siempre se les advierte a los desprevenidos que el producto que se echarán a la boca es un bicho que salta y grilla por praderas verdes: ‘Más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón’.
La honestidad primero. Que nadie diga que no contaban con la astucia del Chapulín Colorado.