Es necesario buscar con una lupa en el mapa para llegar a este misterioso y encantador lugar ubicado al nordeste de Francia. A una hora y media de París, está la llamada Tierra de Aguas y Bosques, una región de grandes lagos y parques naturales conocida mundialmente por la producción de la bebida burbujeante más famosa del planeta, sin duda el mejor embajador natural que podría tener.

Es invierno y los días están fríos debido a la altura. A pesar de las nubes, casi no llueve y ese es un plus para recorrer los rincones que esconde esta localidad francesa.

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Para entender el presente debemos regresar al pasado. El comienzo se remonta a la prehistoria, así lo prueban varios sitios neolíticos del sector. Una ubicación estratégica y vías romanas fueron la razón por la que ejércitos, comerciantes y misioneros utilizaron este lugar como ruta obligada a partir del siglo IV cuando se fundó Châlons, su capital. Sin duda, el bautizo de Clodoveo en la Catedral de Reims en el 496, marcó un antes y un después en la historia del país: fue el acontecimiento que selló el inicio de la monarquía francesa.

Varias guerras entre las que destacan la de los Cien Años, la Fronda Civil, la Revolución Francesa y las dos guerras mundiales, destruyeron viñedos, monumentos y edificios de la región. Pero estas mismas invasiones trajeron consigo importantes intercambios culturales y comerciales de los cuales hasta la fecha permanece un sustantivo legado, entre los que destaca el único, grande y francés: el champagne.

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“En la victoria mereces beber champagne; ¡en la derrota lo necesitas!”, dijo Napoleón y ¿cómo no? Ya sea Pinot Noir, Pinot Meunier o Chardonnay, es un indisociable de fiestas y grandes acontecimientos. Aunque los romanos habían sido los pioneros, no fue hasta el siglo XVII y bajo el reinado de Luis XIV que se estableció definitivamente la producción de esta bebida. Pero sin dudarlo el gran hombre tras el espumoso es Pierre Pérignon. Este benedictino fue administrador de la abadía de Hautvillers y los más entusiastas le atribuyen el descubrimiento del “método champenoise”. Dejó escritas sus normas de vendimia, vigentes hasta el día de hoy, y se le atribuyen incontables innovaciones como la utilización por primera vez de tapones de corcho para las botellas. Hoy son ciento sesenta los carteles colgados en el pueblo dedicados a este monje que puso de moda la bebida en la corte francesa y la convirtió en signo de elegancia y refinamiento.

Cada dos segundos se descorcha una botella de champagne en algún lugar del mundo y esto se debe a que su consumo ha ido en aumento, especialmente por la demanda de mercados emergentes como India, China y Rusia. Tras el récord de 339 millones de botellas vendidas en 2007, Francia sigue situándose como el mayor productor de vinos del mundo según una de las últimas estadísticas de la Organización Internacional de la Viña y el Vino. Se venden alrededor de 300 millones de botellas del espumoso al año y más del 50% es consumido por franceses.

En bicicleta, bote o a caballo parte la travesía. Con 31 mil hectáreas de terrenos cultivadas y 5 mil bodegas familiares en la región, la ruta turística del champagne es uno de los mayores encantos de la zona. Pero tener un producto con tanta personalidad no implica olvidar todo lo que lo rodea. Para recorrer estos magníficos vestigios es más fácil ubicarse según los sectores. De norte a sur la región se divide en cuatro partes: Ardenas, Marne, Aube y Alto Marne.

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Ardenas es un territorio montañoso y verde atravesado por el río Mosa. Tiene un enorme atractivo natural para todos los aficionados a las actividades al aire libre, entre los imperdibles destacan la Vía Verde Trans-Ardenas y los lagos Bairon y Les Vieilles-Forges. Para aquellos apasionados de la arquitectura también hay para deleitarse. En la zona encontramos la inmensa fortaleza de Sedán, un imponente edificio considerado el mayor castillo amurallado de Europa; las iglesias fortificadas de Thiérache: unas joyas de ladrillo y piedra, testigo de las guerras desarrolladas entre el siglo XVI y XVII; la conocida plaza Ducal de Charleville-Mézières considerada la hermana gemela de la plaza de los Vosgos de París y Rocroi, la ciudad fortificada en forma de estrella. A todo esto se suma el Parque Argonne Découverte en donde pueden verse los animales, especialmente lobos, en su hábitat natural y comprender el comportamiento nocturno de la fauna.

La cuna del espumante. Mundialmente famosa y conocida por su champán, Marne ofrece las mayores riquezas vitivinícolas de la zona. El viñedo de Marne es el primer departamento francés productor del vino, representa el 2% de la superficie total dedicada a la viticultura del país y en la avenida principal de Épernay —la capital del champagne— se alinean las sedes de las compañías más importantes del mundo y un museo dedicado a la elaboración del célebre espumoso. Un básico de la zona es el curso de cata o el día en el viñedo cosechando uvas.

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Pero esto no es todo, aquí localizamos el patrimonio arquitectónico del que dan testimonio los edificios de las ciudades de Reims y Chalons. En la primera fueron coronados 33 reyes de Francia y posee cuatro monumentos declarados patrimonio mundial de la Unesco: la catedral de Notre Dame, el Palacio de Tau y la basílica y el museo de Saint Remi. Por otra parte destacan las encantadoras iglesias góticas del Pays del Der. Para los más outdoor, las actividades náuticas que ofrece el lago de Der-Chantecoq —el mayor lago artificial de Francia— van desde la pesca hasta el esquí acuático y el piragüismo.

Como extraído de un cuento de hadas, con 9 mil metros cuadrados de cristaleras, Aube es la zona francesa con mayor riqueza de vidrieras y Troyes —la perla de la región— es la ciudad medieval de las diez iglesias. Se trata de una “Ciudad de Arte” que conserva de su pasado un maravilloso centro histórico, el destino soñado para descubrir este excepcional patrimonio religioso.

Con forma de corcho de champagne, el corazón de Troyes se viste de estrechos pasajes conformados por casitas con entramado de madera, una de sus callejuelas más famosas es la de los gatos. El gran número de esculturas y vidrieras antiguas da testimonio de una importante corriente artística y la catedral gótica de Saint Pierre et Saint Paul es un claro ejemplo de ello: posee más de 1.500 metros cuadrados de vidrieras que datan del siglo XIII.

Al sur de Troyes se encuentra Côte des Bar que debe su reputación al vino que aquí se produce. Los visitantes descubren esta tierra de viñedos a lo largo de la Ruta del Champagne. Son 25 mil hectáreas que producen la uva más selecta, la requerida para no saltarse la estricta reglamentación de la denominación de “champagne”. Ningún otro espumoso de Francia y del resto del mundo puede llamarse así.

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Pero esto no es todo, uno de los destinos más cotizados del sector es Essoyes, el pueblo natal de la esposa de Renoir. Los pasajes y circuitos señalizados permiten al visitante seguir el rastro del pintor. En el cementerio del pueblo descansan los restos del artista y estar en este lugar te transporta a cada una de sus obras impresionistas

De Gaulle, Voltaire y Diderot dejaron su huella en Alto Marne. Este lugar destaca por su legado ancestral en la cestería en Fayl-Billot y la cuchillería en Nogent. Y porque la naturaleza abarca cerca del 40% de la superficie de la zona, ideal para el senderismo.

Majestuosa, imponente y rocosa se alza la ciudad de Langres. Con un patrimonio medieval, renacentista y clásico, figura entre las cincuenta ciudades más bellas de Francia. El recinto fortificado está alineado por siete puertas y doce torres que pueden recorrerse siguiendo su camino de ronda. Es muy recomendable perderse en la ciudad de noche para ver Langres desde otro ángulo. Ojo con la catedral gótica de San Mamés, es fascinante.

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Entre los básicos a recorrer se encuentran los castillos del Gran Jardín en Joinville en donde cada año se celebra la Primavera del Gran Jardín, una oda a las plantas y flores; y el de Cirey sur Blaise, famoso por haber acogido al ilustre filósofo Voltaire. Ambos monumentos históricos.

¡Festiva y chispeante como sus vinos, la región de Champagne-Ardenas embriaga a sus visitantes!