Tiempo antes de que Chile fuera Chile, ya crecía en estas tierras una uva como en ninguna otra parte. El nacimiento y desarrollo del país estuvo siempre acompañado de una copa de vino y hasta hoy es el mejor embajador fuera de nuestras fronteras.

Este tradicional brebaje nació junto con Chile. Llegó con los conquistadores españoles, quienes lo traían en sus carabelas. Cuando la provisión se les terminó, el mismísimo Pedro de Valdivia, un 4 de septiembre de 1545 —en honor a este día, se fijó el 4 de septiembre como el día del vino chileno—, escribió una carta a la Corona de España para solicitar que les enviaran más ‘vides y vinos para evangelizar a Chile’. Era la primera vez que se usaba la palabra ‘vino’ en el país. Dadas las características agroclimáticas de lo que en ese entonces se conocía como la Capitanía General de Chile, las cepas que llegaron y se empezaron a plantar se transformaron en los mejores vinos de todas las colonias españolas en América, y comenzó su comercialización de manera interna.‘Hay viñas y en ninguna parte de las Indias se ha dado tan buena uva como en esta tierra, hácese muy buen vino’, citaban documentos de la época. ‘El primer hombre que lo hizo fue un vecino que se dice Rodrigo de Araya’, seguía el texto. De Araya es a quien se conoce como el primer viticultor de Chile.

cata2

La elite española, y algunos sectores rurales eran los principales consumidores de vino, pero había una gran masa de clase media que no tenía acceso a este producto. Ya con la independencia de Chile y los primeros gobiernos republicanos, se decide crear un parque de recreación y experimentación agrícola. Se llamó la Quinta Normal de Agricultura. Quinta porque, a modo de impuesto, se debía entregar al Estado la quinta parte de su producción. Normal por la escuela normalista francesa. Se plantaron esta vez cepas francesas, y así la Quinta Normal pasó a ser una de las piedras angulares del desarrollo vitivinícola del país. Poco tiempo después de su apertura, la industria mundial del vino, que ya estaba en auge, fue puesta a prueba cuando en la década de 1860 la plaga de Filoxera provocó una gran crisis vitivinícola en Estados Unidos, la que se extendió por casi toda Europa. Se necesitaron más de 30 años para superar los estragos que dejó. Sin embargo a Chile la plaga nunca llegó y las viñas siguieron generando buena uva, lo que fue un factor clave en la recuperación y despegue del sector. Ya con la apertura de la economía en la década del 90, el vino chileno comenzó a recorrer el mundo.
Para honrarlo, se creó hace 21 años el concurso Catad’Or, Cata de Oro, que viene premiando a los mejores vinos del país, y desde 2015 lo hace también a los más destacados espumantes del cono sur. Todos los años, entre la primera y segunda semana de julio, un selecto grupo de 32 jurados de 11 países de todo el mundo aterriza en Chile para participar del certamen más antiguo del país, el que desde este año además cuenta con el patrocinio de la Organización Internacional de la Viña y Vino, OIV, la Fifa de los vinos.

cata3

Siguiendo la tradición los enólogos, sommeliers y periodistas especializados son recibidos en el Palacio Consistorial por la Alcaldesa de Santiago. Luego, durante cuatro días en el Hotel Cumbres de Vitacura, se realiza el concurso donde se evalúan los vinos en catas a ciegas, calificando su vista, aroma y gusto. El recorrido es exhaustivo, continúa en regiones donde recorren los viñedos y conocen las bodegas de los ganadores del año anterior. De regreso en Santiago deliberan y se dan los resultados en la Sala Arrau del Teatro Municipal de Santiago. Dependiendo del puntaje, se entregan medallas de plata, oro y gran oro, además —desde este año—el trofeo Revista CARAS a la mejor viña del año.

cata4

Pero además del concurso, Catad’Or, como entidad privada, decidió asumir un desafío y cumplir una misión. Ante el bajo consumo per cápita y la poca información que se tiene de un elemento tan importante para nuestra historia, es que se planteó el objetivo de lograr que el vino sea parte de nuestra cultura, de atarlo definitivamente a nuestra imagen país. “Chile es una nación inigualable para el vino. Están todos los microclimas, hay agua, sol, y no llueve en tiempos de cosecha. Es un paraíso para la producción y siempre lo fue”, dice Pablo Ugarte, director ejecutivo de Catad’Or.

cata5

¿Por qué, entonces, no hay cultura de vino en el país? “Hay dos razones. La emblemática baronesa Philippine de Rothschild—dueña de la reconocida bodega de vinos de Burdeos, Château Mouton Rothschild—quien murió hace dos años— siempre dijo que en el vino los primeros 300 años son los complicados. La otra es que exportamos el 70 por ciento de lo que producimos y sólo consumimos el 30 por ciento restante. Para que te conozcan afuera, tienes que ser conocido en tu casa; hay que ser profeta en tu tierra”, explica Pablo Ugarte.

cata6

Catad’Or organiza catas ciudadanas, charlas y activaciones para llevar el vino a la gente. “Si hoy pones a un joven millenials de Francia, España e Italia a conversar con uno chileno, el nuestro no va a saber nada del vino que está tomando”. Pero no se resigna. “Hay una nueva generación de enólogos sub 40 que se está atreviendo, más desprejuiciados, menos industriales, más honestos con la tierra. Son músicos del vino”, dice quien fuera el líder de la banda de rock nacional ‘Upa!’ e integrante de ‘Los ex’. “Esperemos poder darle ese arraigo al vino, esa identidad. ¿Cómo no vamos a lograrlo con este producto, que en dosis moderadas, es más sano incluso que no tomarlo?”.