“Me pilló marzo”, esa es la frase que partió en un aviso publicitario y se nos quedó pegada hace años. El término de las vacaciones, la continuidad del calor, útiles escolares, patentes o empezar de nuevo en el trabajo, hacen que la llegada a casa sea un anhelo que aparece a las 11:00 hrs. todos los días mientras estamos en el escritorio.

Por otro lado, la industria del vino en Chile vive su momento más intenso, con vendimia algo adelantada en varios valles productores, cerca de diez días en promedio, y con un último informe del SAG donde nos dice que hay en stock en la industria (vino en bodegas que no ha sido vendido por las empresas) cerca de 900 millones de litros.

¿Cómo se lee esto? Tenemos vino guardado para al menos un año y estamos empezando con la vendimia, lo que significa que viene una nueva “saca” completa que aumenta cantidad y costos. Mal.

Por otro lado, los productores de uva piensan de la siguiente manera: si produzco fruta para la producción de vinos de alta calidad, saco alrededor de 10 mil kilos por hectárea, pero como hay vino, nadie quiere comprarme la fruta cara, así que la vendo en algo así como $150 pesos el kilo. Por otro lado, si “transformo” mi campo y produzco 25 mil kilos por hectárea (gran cantidad de fruta, ergo, menor calidad), me pagarán $100 pesos el kilo y gano más plata.

¿Aún no queda claro? Le explico: como las bodegas están llenas de vino ya elaborado y viene una vendimia, el productor vende el vino a bajo precio para evitar costos asociados a almacenaje. Como la empresa productora vende mucho vino barato, no es necesario comprar fruta para producir vino (ya está elaborado), por lo tanto, el precio de la uva baja. Con esto me refiero a que uvas que debieran costar $500 el kilo, se vende realmente a $150 o $200 porque no hay compradores.

Raya para la suma: este año lo más probable es que se arranquen hectáreas de parras destinadas a la producción de uvas de alta calidad y sean reemplazadas por viñedos de alta producción. Lo que es como decir: “estamos arrancando filete para producir guachalomo”.

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Es una realidad que pocos se atreven a comentar, ya que como si fuera poco, los costos de producción de vinos en Chile son más altos que –por ejemplo– los de nuestros hermanos argentinos, haciendo que el valor final del vino chileno sea en promedio bastante más alto que el de ellos. De lo anterior se desprende que, si usted querido lector es un comprador internacional de vinos masivos, seguramente está buscando precio bajo, por lo que los vinos argentinos serán más atractivos que los chilenos en un escenario de calidades similares. Sin embargo, viene además un problema de posicionamiento internacional donde somos vistos como vinos “buenos y baratos”, pero más caros que los argentinos. Seguimos mal.

El mercado nacional, por otro lado, sigue siendo víctima de una serie de ataques, como por ejemplo:

- El vino es un producto de lujo (no “carreteo con vino”, el vino es “para ocasiones especiales”, hay que “saber de vino” para poder beberlo y cosas por el estilo), haciendo que el consumidor joven prefiera otras bebidas alcohólicas antes que al vino.
- El alza de impuestos afecta, no drásticamente, pero afecta.
- La falta de hábito en la mesa nacional debido al posicionamiento de bebidas de fantasía hacen que el vino apenas logre 15 litros per cápita al año en consumo (Chile es el tercer país en consumo de Coca-Cola a nivel mundial, solo superado por México y USA).

Lo anterior solo por mencionar algunas.

Como dije, este es un aterrizaje forzoso donde la industria del vino necesita del consumidor nacional y de toda la concentración de pensamiento de las empresas exportadores para poder revertir estos números, de lo contrario, no serán pocas las empresas que deberán cerrar sus puertas y dejar de producir este emblema nacional que es el vino chileno.

Beba una copa todos los días, siempre será una pequeña ayuda a una industria que lo necesita.

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