Cuando Joaquín Lea-plaza y Adolfo Castro decidieron asociarse hubo una señal que interpretaron como un buen augurio. Mientras juntaban los utensilios y las herramientas que cada uno había reunido en más de una década de trabajo, se dieron cuenta de que extrañamente no sobraba ni una sola cuchara. Cinco años después, recuerdan ese momento como una premonición del ensamble perfecto que los llevó a posicionarse en la elite del competitivo mundo de la banquetería. Sin publicidad alguna más que el poderoso e infalible boca a boca, impusieron una propuesta, en la que las materias primas de excelencia son el punto de partida de un proceso creativo, en el que el factor sorpresa está presente siempre.

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“El cliente nos dice lo que busca y a partir de ahí vamos creando distintas alternativas. Sólo trabajamos de lunes a viernes, pero somos súper mateos y rigurosos. Por eso, no estamos dispuestos a sacrificar nuestros fines de semana en pos del éxito y tampoco queremos crecer más. Nuestra apuesta es generar placer a través del trabajo, pero ser parte también de ese estado. En los eventos nos mezclamos con la gente, recogemos impresiones y tratamos de vivirlo como uno más. Amamos lo que hacemos”, explica Joaquín, debajo de un magnolio imponente. A pocos metros, Adolfo termina de armar una muestra gastronómica especialmente diseñada para esta entrevista. Desde las esferas de chocolate con distintos rellenos, como caramelo con sal y frutos del bosque, hasta la ensalada de polvo de jamón, queso de cabra y flores silvestres, pasando por los aperitivos de prieta, morcilla y manzana; todas las creaciones están construidas con sabores exóticos y una estética vanguardista que convierten el simple acto de comer en una verdadera aventura para los sentidos. Por algo, las representaciones diplomáticas más importantes del país y marcas de la talla de Carolina Herrera, Brooks Brothers, Polo Raph Lauren y Etiqueta Negra los han elegido para amenizar sus lanzamientos y fiestas.

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Si Lea-plaza es el cerebro operativo, Castro está enfocado única y exclusivamente en la parte creativa. Es él quien piensa, busca e investiga las mejores técnicas culinarias en función de sacar el máximo partido a los productos. Su dedicación es la de un científico infatigable que disfruta en silencio de cada nuevo hallazgo. “Tratamos de no saltarnos pasos, algo que es común en nuestro rubro. Fabricamos desde nuestras salsas hasta el pan. El resultado final tiene una diferencia y a nosotros nos gusta que sea así, puede que alguien no lo note pero eso no nos importa. Al final del día lo que uno busca es sentirse realizado. Ahí está nuestro verdadero éxito”, comenta, sonriente, mientras posa sus ojos en un postre bautizado como huevo frito que lleva cheesecake de maracuyá, mango y un ingrediente sorpresa que saca aplausos en los banquetes. Ambos se perfeccionaron en España, lo que en gran medida explica su apuesta por el refinamiento máximo sin traicionar la naturaleza de los productos.

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Enemigos del derroche, la abundancia y el despilfarro, los banquetes de Lea-plaza y Castro también se han hecho famosos por brindar un servicio impecable. “Como sabemos que esa es una debilidad en Chile le pusimos especial cuidado y logramos reunir a un equipo de jóvenes profesionales que aman la gastronomía tanto como nosotros. En los eventos, ellos se transforman en verdaderos camareros profesionales que en conjunto se mueven con la eficiencia de un reloj suizo”, asegura Joaquín, sin disimular el orgullo. Y es que el éxito ha sido tal que acaban de lanzar una línea de chocolatería que bautizaron como Candyugo. Ahí, replican algunas de las preparaciones dulces más celebradas, como los chocolates inspiración Lego que arrasan en los eventos.