Tiburón a la vista
Peligro en las playas chilenas y el millonario negocio aleteo
El pánico y el terror se apoderan de los bañistas cuando alguno emerge en el horizonte. Y no hablamos de apariciones esporádicas en Chile, porque en nuestras aguas viven al menos 53 especies de tiburones. Su presencia es tan masiva que ya es habitual el ‘shark finning’: les cortan las aletas y los tiran moribundos de vuelta al mar. Una creciente práctica en el país, que en los últimos años ha permitido exportar más de 70 toneladas de aletas.
Una imagen algo turbulenta bajo el agua acompañada de una dramática melodía cuya tensión la daba el característico tan-tan-tan-tan… Fue en 1975 cuando Steven Spielberg llevó a la pantalla grande la historia del enorme y despiadado Tiburón. La película —basada en el libro Jaws de Peter Benchley— se inspiró en una serie de hechos reales que alguna vez se registraron en las costas de New Jersey. El tema es que, tras la cinta, la imagen de estos peces ‘comehombres’ quedó instalada.
MUCHOS CREEN QUE LAS FRÍAS AGUAS CHILENAS son un escarmiento para mantenerlos lejos. Y por eso se sorprenden cuando aparecen cerca de las playas. Pero lo cierto es que las aguas nacionales son residencia habitual para una cincuentena de especies. Entre las más numerosas están, por ejemplo, los tiburones costeros de aguas cálidas, como el tollo fino, que habita entre Arica y Coquimbo. También hay escualos de profundidad, como el tollo terciopelo, que puede llegar hasta los 2.500 metros de profundidad, entre Coquimbo y Valdivia. Incluso, es común encontrar tiburones costeros de aguas frías, como el pintarroja, ubicable en los roqueríos entre la IV y X regiones.
En definitiva, son 53 especies (15 de ellas sólo habitan aguas profundas), pasando desde el diminuto tollo negro, al peligroso marrajo y el gigante peregrino.
La mayoría de estos depredadores son propios de nuestro mar, mientras que otros, como los marrajos y azulejos, aparecen sólo en el verano durante el viaje que realizan a través del Pacífico.
“El 80 por ciento de nuestros tiburones no supera el metro y medio de largo, aunque existen excepciones, como el enorme peregrino, que es el segundo pez más grande del mundo y puede llegar a medir sobre once metros. Pero la mayoría, de dos a tres metros, habitan a más de tres kilómetros de la costa”, explica Carlos Bustamante, director del Programa de Conservación de Tiburones con sede en Valdivia.
OTRA REALIDAD VIVEN LOS PESCADORES, que desde hace años practican el llamado aleteo o shark finning. ¿En qué consiste? Suben al tiburón a la embarcación donde les cortan las aletas, que no representan más del cinco por ciento de su cuerpo. Una vez mutilado a carne viva, es lanzado de vuelta al mar. Cae con peso muerto a las profundidades, donde finalmente perece de hambre, desangrado o devorado por otros peces.
La práctica lleva años y se explica por el alto valor que en distintos países —especialmente China— pagan por las aletas, las cuales son usadas para exóticas sopas supuestamente afrodisíacas. Otras partes del cuerpo sirven para cremas y otros usos medicinales, como transplantes de córneas.
Lea el reportaje completo en CARAS del 4 de marzo
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