Noches made in Taiwan
Por Karin Messenger, desde Taiwán Fotos Daniel Cavero
Al otro lado del Pacífico hay una isla que no para. Taipei, su capital, revienta apenas cae el sol. En sus calles atiborradas de extranjeros conviven la tradición, la modernidad… y sobra la diversión.
La caótica actividad nocturna de esta isla se mezcla con los templos llenos de incienso y los avances tecnológicos. Una tierra hiperconectada: en los puntos más inesperados de las ciudades hay Wi Fi, es posible viajar en un tren a 300 kilómetros por hora, existen tiendas de varios pisos dedicadas sólo a la computación y el mayor atractivo turístico es el Taipei 101, uno de los edificios más altos del mundo. Es la isla de Taiwán o Formosa (Hermosa), que tiene 23 millones de habitantes y donde conviven la milenaria cultura china y la extrema modernidad. Un lugar al que llegaron huyendo los seguidores de Chiang Kai-Shek, en 1949, para establecer un gobierno independiente de la China continental.
Durante el verano se siente un calor húmedo en las calles de Taipei, la temperatura oscila entre los 30 y 36 grados. Claro que a veces aunque esté despejado, sin previo aviso comienzan las lluvias torrenciales que trae el Monzón (abril a septiembre). Por eso, muchos llevan en sus bolsos un paraguas-quitasol, lo que dificulta caminar por las estrechas veredas del centro y las calles plagadas de motonetas.
Mi primer acercamiento con esta ciudad fue a las dos de la madrugada, buscando sin mucha esperanza algún lugar donde comer. La sorpresa fue que hay minimarkets —los famosos Seven Eleven— en todas las esquinas, cero delincuencia y demasiado que hacer. Todos me confirmaron que Taipei se puede recorrer a cualquier hora sin peligro de ser asaltado.
En sus calles abundan los bares Taiwan beer, donde la cerveza calma el calor. Las discotheques van desde las alternativas, escondidas en algún sótano, hasta lujosos clubes nocturnos con salones en distintos niveles y música de todas las tendencias. Algunos de los más populares son el Room 18, Luxy, Wax y Roxy 99. En todo caso, la moda hoy está en los KTV (karaoke televisión). Son edificios de varios pisos con salas de karaoke que se arriendan por horas. Están colmadas de grupos de amigos cantando en varios idiomas. Los más populares son Holiday, Partyworld y Cashbox.
Y como si fuera poco, durante la noche también se compra. Hay tiendas de departamentos abiertas y la famosa librería Eliste, un lugar fascinante donde los noctámbulos van a escuchar música o a leer. Se puede ir a la zona peatonal de Xinmendig, allí está lo último de la moda y el diseño. Es recomendable pasear por el Miramar Park, un mall y centro de entretención con una inmensa rueda de la fortuna, o visitar el centro comercial del Taipei 101 en el distrito de Xin yi. Cinco pisos con las marcas más sofisticadas de la alta costura, un panorama que puede ser previo al ascenso hacia el observatorio de edificio.
Cuando esta torre se construyó, fue la más alta del mundo. Hoy, sus 510 metros son sobrepasados por el Burg Dubai (828 m). Sin embargo, sigue siendo el símbolo del progreso y el poder económico de la cultura taiwanesa. Su arquitecto C.Y. Lee lo diseñó con secciones piramidales invertidas, intentando representar al bambú; y decidió que fueran ocho, porque según los chinos es el número de la prosperidad y la suerte.
Subir al observatorio es una aventura. El ascensor demora 39 segundos en llegar al piso 89 y el efecto ‘cielo nocturno’ que se crea en el techo, es suficiente para sentirse parte de una película de ciencia ficción. Tiene un sofisticado sistema para regular la presión y evitar que se tapen los oídos. En mi caso no pude evitar esa sensación y tampoco sentir algo de vértigo cuando subí a la terraza que está en el piso 91, a la cual sólo se llega por una escalera. Vale la pena. La panorámica de la ciudad es impresionante.
TAMBIÉN EXISTEN OTRAS ZONAS EXÓTICAS como Keelung, Taichung, Tainan o el puerto de Kaohsiung en el sur. Datos imperdibles: pasear en barco por la desembocadura del Love river o probar un exótico café en las decenas de locales que hay en la ribera, como el River mambo o el Golden love river, con excelente música en vivo.
Taiwán tiene cientos de restoranes de primer nivel. Los más tentados deben darse una vuelta por los mercados nocturnos (night markets). Hay buena comida típica y original a bajos precios. Son lugares alegres y ruidosos, repletos de vendedores que gritan sus productos. Casi no se puede caminar entre la multitud y permanecen abiertos hasta pasadas las dos de la madrugada. El más famoso es Shilin market. Posee locales de ropa, accesorios, artesanía y electrónica mezclados con puestos de comida rápida (xiaochi). Lo mejor es que preparan todo en el momento. Algunos platos tradicionales son el raspado de helado, la tortilla de ostras, salchicha envuelta en arroz, calamares fritos al estilo oriental, tofu, estofado picante, sopa de fideos de arroz con carne y muchos productos exóticos como ranas, insectos e incluso culebras. Cuesta encontrar carne de vacuno en la isla, por las creencias budistas. Se recomienda regatear los precios, es una costumbre; además todos entienden cuando se habla de New Taiwan Dollar (NT), la moneda oficial.
CERCA DE LOS MERCADOS SIEMPRE HAY UN TEMPLO. Lugares de encuentro donde logran convivir taoistas, budistas y confucionistas. En las cercanías de Shilin está el templo de Mazu o Matsu, la diosa de los pescadores y marinos, muy venerada y protectora. De hecho, hay un festival religioso que la lleva en procesión de una localidad a otra. No es el único en Taiwán, también está el Festival de las ánimas en Keelungo, el Sacrificio de la plaga, en el que se quema un barco que transporta al dios de aquel mal, para que las llamas se lleven la adversidad.
Es impresionante el gran fervor con Mazu. La construcción se colma de ofrendas y los creyentes, que llegan por cientos, rezan mientras hacen reverencias y mueven varillas de incienso. Las murmuraciones se confunden con el ruido de bloques de madera en forma de luna (jiaobei) que caen al suelo. Son las respuestas que da la deidad a sus fieles. El significado depende de la posición en que queda cada bloque sobre el piso.
Aunque todos hablan inglés —lo aprenden en el colegio desde niños—, si quiere tomar un taxi (ji cheng che) para regresar al hotel, lo más seguro es que alguien le escriba en chino la dirección y mostrar este escrito al conductor. Es bueno manejar algunas palabras básicas como: ni hao (hola), shi (si), bu shi (no), xie xie (gracias), zai jian (adiós) o duo shao qian (¿cuánto cuesta?). En todo caso, siempre habrá alguien dispuesto a ayudar. Los taiwaneses son amables, incluso adoptan nombres extranjeros para que no cueste pronunciarlos. Así es posible encontrar a Kathy, Peter, Joe… Muchos conservan los apodos que recibieron en los primeros años de colegio en sus clases de inglés.
También son bulliciosos, vibran con la movida nocturna y no tienen problema en contactarse con otras culturas; es común que pidan sacarse fotos con los extranjeros. Pero ojo: son menos afectivos que los latinos, más discretos, los besos los dejan para la intimidad, prefieren saludar con la mano y pasar inmediatamente su tarjeta de presentación… Saben que el futuro está en acercar Asia y Occidente.
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