Vino de lujo
España de Buena cepa
Imagine unos días de relax conociendo y catando cepas, respirando el aroma a uva y madera o probando terapias antioxidantes en un spa. Un itinerario imperdible.

España es el país con más cultivos de viñas del mundo. Eso lo convierte en un destino enoturístico de primer nivel, con numerosas rutas para descubrir. Cada región vitivinícola tiene algo diferente que ofrecer: la arquitectura de sus bodegas, la calidad del terreno, la disposición de las viñas, el clima, la cultura… Y por supuesto resorts y exclusivos hoteles temáticos. Este recorrido incluye los mejores lugares de la península para los amantes del vino.
Partamos por el norte. En La Rioja se encuentra La ciudad del vino. Creada por los herederos de las bodegas Marqués de Riscal, que con 150 años es un referente del turismo vitivinícola español. El arquitecto Frank O. Gehry fue el encargado de transformar el paisaje dando vida a un hotel cinco estrellas con láminas retorcidas de acero y titanio que se combinan con los materiales y colores de la viña: madera, cuero… Son 33 habitaciones, diez suites y dos restoranes, el lugar también dispone de un spa a cargo de la firma francesa Caudalie, pionera en vinoterapia. Hay que probar el baño con vid roja o la envoltura con miel y vino. La Rioja cuenta además, con otras bodegas de diseño que se pueden visitar, como las de Ysios, de Santiago Calatrava, las de López Heredia, cuya tienda fue diseñada por Zaha Hadid, o las de CVNE, firmadas por Philippe Mazières.
En Salamanca, a la vera del río Tormes y rodeada de viñedos y sequías centenarias, está la Hacienda Zorita, un convento dominico que tuvo como huésped a Cristóbal Colón cuando iba camino al Nuevo Mundo (el techo de la bodega es un homenaje a las naves con las que zarpó el navegante). Hoy es un Wine & Country Resort en el cual las barricas de roble combinan con el cristal y el acero, aunque todo el edificio conserva el encanto de antaño. La hacienda cuenta con 26 habitaciones y cuatro suites repartidas entre el edificio principal y una estancia más exclusiva separada del resto. A la hora de comer se puede elegir entre el restorán a la carta u otro más casual asesorado por el popular chef Sergi Arola. También hay un spa con terapias naturales, situado en un antiguo molino.
EN LAS FÉRTILES TIERRAS DEL RÍO DUERO, el principal lugar de paso es la Hacienda Unamuno. Situada en el parque natural Arribes del Duero, a medio camino entre España y Portugal, fue una de las primeras áreas vinícolas de la región. La hacienda dispone de ocho habitaciones y dos suites, restorán y una preciosa piscina con vista a la campiña. Sus Syrah y tempranillo Merlot se caracterizan por caldos tintos y rosados con aroma a madera y frutos del bosque.
La siguiente parada es la Hacienda Abascal. Un moderno Wine hotel donde la piedra caliza se funde con el terreno. Las vistas desde cualquier punto se pierden al infinito a través de un mar de viñedos que cambian de color según la estación del año. Espectacular la terraza del restorán, situada en la azotea del edificio y con vegetación que también incluye vides. De carácter exclusivo, sólo cuenta con cuatro habitaciones y una suite.
Para terminar esta zona, nada mejor que el Hotel Arzuaga, en el corazón de los campos de Castilla. El complejo gira en torno a una encina milenaria y a la antigua casa de la familia. En el paisaje dominado por la viña y los pinos, pasean ciervos y jabalíes. De estilo rústico, el hotel tiene 71 habitaciones y cuatro suites. En el restorán hay que probar la milhojas de foie de oca con jamón ibérico de bellota o el pastel de puerros cubierto de micuit y salsa de higos y pasas. El placer sensitivo continúa en el Vino-spa, cuyo tratamiento estrella incluye exfoliación con pepitas de uva y una copa de vino tinto al finalizar la sesión. No podemos olvidar la bodega, abierta a profesionales y turistas.
A LA VERA DEL MEDITERRÁNEO, entre las provincias de Barcelona y Tarragona, se ubica otra de las joyas vinícolas de España: el Penedés. Allí está El Mas o masía (construcción rural típica de esa región), la Boella, un pequeño y encantador hotel que es parte del complejo del mismo nombre, formado por una casona del siglo XII, un pequeño centro de convenciones, una almazara (molienda) donde se elabora aceite de oliva y la bodega. Son 13 habitaciones repartidas entre la masía y un edificio de nueva construcción. Los huéspedes pueden participar en cursos de cata, de cocina y jornadas de maridaje. Además, su estratégica situación permite visitar las ruinas romanas de la ciudad de Tarragona, sus famosas playas y el espectacular delta del río Ebro.
Hacia el sur llegamos a Valencia. Requena, Utiel o Fontanars dels Alforins son algunas de las zonas más afamadas por sus caldos. Los amantes del vino que quieran conocer esta región pueden hacerlo alojándose en el precioso Pago de Tharsys, una casa rural con cuatro habitaciones dobles y un pequeño departamento. Aparte de los paseos y las catas de vino, se puede conocer el impresionante rincón de las Hoces del río Cabriel, una reserva natural.
Adentrándonos otra vez en la península, llegamos a Albacete. En medio de un extenso viñedo se encuentra el hotel Mainetes, un edificio integrado al paisaje gracias a la utilización de la madera, piedra y barro. Son doce habitaciones y dos suites, más una casa de labradores del siglo XIX, donde los turistas gozarán de mayor privacidad. La ruta por los mejores hoteles vinícolas termina en el sur de Andalucía. En Jerez de la Frontera, mítica por su brandi, vinos y caballos, se encuentra la Villa del Duque, una casa señorial de lujo que se alquila íntegramente permitiendo al huésped convertirse en el dueño de la casa durante su estancia, pero gozando de todas las comodidades de un hotel cinco estrellas. Tiene diez habitaciones, ideal para grupos. Pero aunque la casa invite a quedarse todo el día en su piscina, sería una pena perderse las actividades que ofrece como las visitas a los viñedos, el cortijo (típica casa andaluza de campo) y la bodega Valdivia, que se caracteriza por su alto edificio. Vale la pena una escapada a los famosos pueblos blancos andaluces (por sus casas encaladas) como Ronda o Zahara de la Sierra.
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