Mundo de juguete
FAO Schwarz en NY cumple 150 años
La juguetería clásica y más famosa de la ciudad se apronta para una nueva Navidad. A pesar de dos quiebras a cuestas, casi un año de cierre y cambios de dueños, sigue siendo la top one.

Un hombre vestido de soldado de plomo cuida la entrada de la caja de cristal. Por momentos su capa roja se levanta por culpa del viento, que ya llegó a Nueva York. Su altísimo gorro de piel negra le cubre las orejas. De pronto, se lleva la mano al gorro y se cuadra para saludar a una pareja que se encoge en sus parkas por el frío imperante. Es la bienvenida a FAO Schwarz, la juguetería más antigua de la ciudad.
Adentro, un perro gigante le cae encima a una mujer que toma fotos a diestra y siniestra. Mientras ella está muerta de la risa, el novio recoge la bestia felpuda y la chica saca más fotos. La pareja se pierde en la sección de los dulces, donde se ve a un niño que llena una bolsa con gomitas… al lado, un adulto hace lo mismo. En este sitio nadie resiste la tentación de volver a la niñez.
La tienda, que está por cumplir 150 años, ha crecido al ritmo de la urbe. Después de ubicarse en seis edificaciones clásicas de Nueva York, en 1986 encontró su locación definitiva: un cubo de cristal en la Quinta Avenida, justo al lado del edificio de Apple. Inmortalizada en varias películas, Quisiera ser grande y años después Mi Pobre Angelito 2, es un ícono de la ciudad.
Sin embargo, no todo ha sido luces y éxito. Hace unos años, las ventanas estuvieron tapiadas y en la puerta colgaba un cartel que decía ‘closed’.
La juguetería cerró sus puertas por meses en 2004. Después del período de bonanza en el año 2000, época en la que incluso se abrieron decenas de tiendas en todo Estados Unidos, vino el desbalance económico y la primera bancarrota. FAO, creada por Frederick August Otto Schwarz en 1862, logró salir del duro traspié; no obstante, unos meses después no quedó otra que declarar una segunda quiebra. La juguetería que a fines del siglo diecinueve había lanzado al estrellato a Santa Claus, cerró por varios meses.
Era hora de remodelar. Cuando lograron reabrir cambiaron muchas cosas. Se ampliaron los pasillos y los juguetes ya no se amontonaban en los estantes, peleando por un lugar. Más espaciosa, la juguetería volvió a brillar como la firma que siempre se desmarcó por su calidad y tradición. En mayo de 2009 vino otro vuelco. Fue comprada por su competidor, el gigante de los juguetes Toys R Us. Si bien los nuevos dueños conservaron el nombre y la idea original de FAO, rediseñaron el logo —ahora la silueta roja de la cara de un bufón— que se estrena esta Navidad.
POR ESTOS DÍAS, LA TIENDA HIERVE. Los peluches son los reyes del lugar. Los hay muy pequeños, que pueden usarse de llaveros, hasta otros gigantes, que bien podrían servir de sofá o cama para cualquier niño. También están esos perros rosados enormes —los llamados Penelope—, completas arcas de Noé, arrecifes de corales, camellos y un oso grizzly por ¡1.249 dólares! ($ 587 mil). Hay muchos productos de precios exorbitantes, pero hay compradores… un par de chicas enfundadas en abrigos de piel cortitos preguntan por el oso de peluche gigante. Que cueste casi 800 dólares no es problema.
El juguete estrella de esta Navidad es un juego de saquitos de arena de cinco por dos centímetros. Parecen sin gracia alguna, sin embargo, están causando furor. Un chico hace la demostración: los da vuelta en sus manos, como si jugara a la ‘payaya’, mientras asegura que aumentan la coordinación y hace maravillas por quienes anhelan mejorar sus tiros en básquetbol o béisbol.
Los días en que Tom Hanks saltaba sobre el piano gigante de la juguetería, que aún se conserva en el segundo piso, para esa famosa escena de Quisiera ser grande, parecen lejanos; no obstante, el espíritu de FAO a pesar de los vaivenes económicos sigue siendo el mismo. Esa mezcla alucinante de Barbies, muppets, figuras de Star Wars y Harry Potter, uglydolls, animales felpudos y aviones de papel. Una mixtura única que apela a todos por igual. No hay duda, cada Navidad volvemos a soñar con un mundo de juguete.
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