Cinco ciudades cosmopolitas: sus agitadas y luminosas fiestas de Navidad
Pascua mundial

Nueva York, jingle bells
Nada importan los 20 grados bajo cero. Los turistas adoran pasar Navidad en Manhattan.
Efectos cinematográficos en pantallas de LCD muestran al propio Santa Claus trabajando con sus ayudantes en los juguetes que faltan. Es la vitrina de la calle Broadway en Macy’s, mítica tienda que ocupa toda una manzana entre las calles 34 y 35. Año a año, sus enormes ventanales son una de las principales atracciones de Pascua en NY. Esta vez, contarán la historia de una niña y cómo su carta llega a manos del Viejito.
En esta ciudad la fiesta no comienza hasta que se encienden las 30 mil luces del árbol gigante de Rockefeller Center. Traído en helicóptero, una vez más, desde los bosques de Canadá, esta vez la fecha elegida para adornarlo es el 30 de noviembre.
Los principales parques de la ciudad se convierten en mercados al aire libre: Bryant Park, Union Square y Central Park tienen sus mercados con puestos de artesanías y regalos exóticos. La feria de la estación de trenes Grand Central es un bazar con regalos de todos los países, desde ropa hecha a mano, hasta artesanía de Africa y grabados japoneses. Además, se ilumina en onda Merry Christmas y proyecta constelaciones de estrellas en los techos.
Milán, Buon Natale
La ciudad de la moda, del diseño, de la elegancia o el glamour. Mil y un adjetivos definen la capital de la Lombardía, que a menudo debe luchar contra Roma, Venecia o Florencia para demostrar que en ella la cultura y el arte también invaden las calles a fin de año. En Navidad Milán cobra una particular vendetta tirando la casa por la ventana en un derroche de fantasía: desde la plaza del Duomo hasta el Castillo Sforcesco, pasando por la Galería Vittorio Emanuele II o las exclusivas Via Montenapoleone y Via della Spiga, cobran nueva vida. Se trata de Led, el Festival Internacional de la Luz, que por segundo año consecutivo hará de la ciudad italiana un museo luminoso a cielo abierto.
Desde el 4 de diciembre y hasta el 10 de enero, se exponen más de sesenta obras luminosas de estudiantes de las más prestigiosas escuelas locales de diseño, junto con propuestas de reconocidos maestros. Entre ellos, Alain Guilhot, fundador del estudio parisino de arquitectura Lumière y responsable de la luz de la Torre Eiffel y las Torres Petronas en Kuala Lumpur; Gilbert Moity, autor de las instalaciones luminosas de la pirámide del Louvre o la española Patricia Urquiola.
El punto de partida será el impresionante árbol de Navidad rojo patrocinado por Tiffany. Proveniente de los Alpes, este abeto de 48 metros de altura será inaugurado el primer sábado de diciembre, y más de 100 mil luces blancas de bajo consumo serán utilizadas para su decoración. A los pies del árbol, cientos de voluntarios recaudarán fondos para instituciones de beneficencia y, como si de un gran paquete de regalo se tratara, se instalará la Tiffany Blue Box, una tienda con una selección de productos de la prestigiosa joyería neoyorquina.
A pocos metros, y siempre en Piazza Duomo, habrá una torre de luz de unos 30 metros de altura que simulará el campanario inexistente de la catedral. Ideada por Luca Trazzi, se convertirá además en el símbolo de la Exposición Universal que se celebrará en Milán en el 2015.
Londres, Merry Christmas
Oxford street se llena de luces, igual que el famoso árbol que cada año envía Noruega, agradeciendo la ayuda que los ingleses le brindaron durante la II Guerra Mundial. A eso se suman los mercados de regalos, Cascanueces y Hansel y Gretel.
La temporada navideña tiene, en Londres, una agenda fija. Es como los ingleses, muy bien organizada. Es una fecha que se vive con guantes, gorro, bufanda y patines de hielo, y que por lo general tiene el olor de las castañas recién asadas y las nueces confitadas que se venden en los carritos ambulantes de las esquinas.
La fiesta empezó el 4 de noviembre, a las seis de la tarde en punto, cuando las primeras luces se encendieron. En la famosa plaza de Trafalgar Square, el ombligo de Londres, el 2 de diciembre, en medio de cantos de villancicos se encendieron los miles de foquitos que adornan el gigantesco árbol de 25 metros de alto que desde 1947 envía de regalo el gobierno de Noruega, en agradecimiento por la ayuda que Inglaterra les brindó durante la Segunda Guerra Mundial.
Un panorama adorado por los ingleses es patinar en hielo. Nadie puede decir que está listo para recibir el Año Nuevo sin antes haberse deslizado sobre alguno de los siete espejos de agua congelada que surgen en la ciudad durante esta época. Aparecen en el centro y en la zona financiera, incluso al interior del estadio de Wembley, y todos están al aire libre, entre castillos, palacios, parques y rascacielos. Las pistas más famosas son las que se ubican en el Museo de Historia Natural y en Hyde Park. La primera es una de las preferidas debido a la belleza del edificio que le sirve de escenografía y, la segunda, porque se trata de la más grande de toda la ciudad. Tiene mil 400 metros cuadrados y espacio para que 400 patinadores se deslicen al mismo tiempo.
Para los que tienen ganas de celebrar de modo más cultural, una nueva producción de Cascanueces se presentará este año en el gran Coliseum de Londres entre el 10 y el 30 de diciembre. El English National Ballet será el encargado de darle vida a este cuento de hadas creado por Chaikovski hace casi 120 años. La Royal Opera House también se sumará a los festejos, nada menos que con el montaje de la ópera Hansel y Gretel, uno de los espectáculos más esperados del año. Bajo la dirección de Moshe Leiser y Patrice Caurier, la ópera estará en cartelera desde el 23 de diciembre al 7 de enero.
Tokio, Kurisumasu Omedeto
En Tokio nadie sabe qué fiesta se celebra el 25 de diciembre: apenas el 1 por ciento de los japoneses es cristiano. Pero igual que en Occidente, las luces y los pinos se apropian de la ciudad.
En Tokio, apenas se acaba Halloween, comienza oficialmente la Navidad: las calles se iluminan con miles de luces de neón y todas las tiendas se convierten en una gran liquidación de temporada. Más que en ninguna otra capital del mundo, ésta es una fiesta que alienta el consumo. La mayoría no tiene idea de qué es exactamente lo que se festeja. Tampoco es un día feriado, por lo que chicos y grandes deben ir al colegio y a trabajar como cualquier día normal.
Nada de comidas familiares, niños despiertos hasta la medianoche ni tíos disfrazados de Viejito Pascuero. ¿Quiénes son los que más disfrutan la Navidad entonces? Las parejas de enamorados. En Japón, la tradición por estas fechas dicta llevar a la mujer o a la novia a un restorán elegante y después a un hotel. Encontrar una mesa vacía o una habitación desocupada puede convertirse en una misión imposible si no se reserva con al menos un mes de anticipación.
Pero no todo puede ser comer y amar. Otra alternativa es pasar la tarde vitrineando en Ginza, el equivalente a la Quinta Avenida de Nueva York. El 15 de noviembre pasado, sus ocho cuadras peatonales se encendieron en una oleada de luces: 126 árboles de la calle Ginzamaki se decoraron con 75 mil ampolletas de colores, mientras que otros 76 árboles de la calle Hanatsubaki se cargaron con 35 mil estrellas luminosas, dándoles a las japonesas una excusa para usar los anteojos de sol que ni de noche dejan de ponerse.
Aquí se encuentran los más grandes y exclusivos centros comerciales (Wako, Mitsukoshi, Printemps, Matsuya, Matsuzakaya y Seibu), las más famosas tiendas de moda, todas las marcas de perfumes y cosméticos (imperdible el edificio Shiseido), las joyas más caras, las vitrinas más producidas, las limosinas, los clubes de jazz, innumerables y diminutas galerías de arte (normalmente gratuitas), patisseries y clubes de hostess por doquier. En total… ¡unas 10 mil tiendas!
París, Joyeux Noël
Los árboles de Champs Elysées se visten con miles de guirnaldas que brillan desde que cae el sol…
Así, la calle más linda del mundo se convierte en un espectáculo nocturno imborrable. A eso se suman más de 150 kilómetros de calles iluminadas, que hacen juego con los reflectores que alumbran edificios y monumentos históricos como el Grand y el Petit Palais, el Opera Garnier y varios de los impresionantes puentes que cruzan el Sena.
Como desde hace más de cincuenta años, el Boulevard Haussmann es el lugar del momento, con las vitrinas de las famosas tiendas Printemps y de las Galerías Lafayette. Sus boutiques animadas reúnen a cientos de personas: luces, destellos, muñecos y maniquíes, todo con mucho estilo, detalle y vanguardia.
Cada tienda inicia en esta fecha una nueva carrera para preparar escaparates aun más espléndidos que los del año anterior. No se escatiman gastos: la iluminación exterior de diciembre puede llegar a costar más de un millón de euros a cada empresa. Este año Printemps inaugura sus escaparates de la mano de la actriz Kristin Scott Thomas, para dar a conocer al público a sus maestros de ceremonia: los muñecos hechos por la marca Lanvin. Mr. y Miss Lanvin estarán vestidos por el diseñador Alber Elbaz, recibirán a sus invitados alrededor de una mesa y pasarán de ventana en ventana.
Al lado y en competencia directa, las Galerías Lafayette presentan su Show Chaud Noël, que celebrará las comedias musicales. Así, cada vitrina tendrá una puesta en escena de Mamma mía, Les Rockettes, El soldado rosa o Hairspray. Como siempre, un encaje multicolor iluminará la fachada de la tienda y, adentro, el árbol de Navidad de 20 metros será decorado con bolas color oro, turquesa y violeta.
Luego, el agradable olor de las castañas asadas nos llevará hasta los Mercados de Navidad. Obviamente uno de los más llamativos es el que se encuentra en Champs Elysées, que este año tendrá 160 chalets fabricados en Vosges y pintados de blanco, para dar ese toque cálido invernal noreuropeo.
Para los que quieran celebrar en grande, aprovechando lo mejor del art de vivre francés, los llamados palacios parisinos u hoteles de lujo invitan a pasar una pomposa Nochebuena. Uno de ellos es el Bristol, que se encuentra en la mítica rue Faubourg Saint Honoré. Este año invita a una estada entre el 23 y el 26 de diciembre, para celebrar alrededor de una comida navideña en el restorán del hotel de tres estrellas Michelin y dirigido por el chef Eric Frechon. Otro palacio es el Hotel Meurice. Todos los miércoles de diciembre su restorán Dalí tendrá degustaciones navideñas (45 euros), mientras que en el Bar 228 habrá una selección de comida según el champagne del día. El mismo 24 se puede comer en el elegantísimo Meurice (510 euros por persona) o en el Dalí (290 euros).
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