Sudáfrica a todo sol
Turismo
Por María Gracia Subercaseaux
Camino a Sun City comienza la segunda etapa de una travesía de 40 días por el país más austral del Continente Negro. Los mejores hoteles, el bungee más alto del mundo, huellas del apartheid, extravagancias culinarias… y más, en el mosaico que registra María Gracia Subercaseaux.

Séptimo día. Vamos en nuestra fantástica van camino a la ‘ciudad del sol’, vestidos con la camiseta de la Selección Chilena de Fútbol. Recién salimos del Ellis Park Stadium en Johannesburgo, donde entramos con la roja al pecho y la bandera al viento por el mismo pasillo que recorrerán los competidores del Mundial 2010. Cruzamos los dedos e intentamos dejar las mejores vibras en cada cancha… Chile jugará el 16 de junio contra Honduras; cinco días después contra Suiza y, finalmente, el 25 contra España.
Pero no es en el estadio donde flamea por primera vez nuestro símbolo patrio. Ayer, mi compañero Eugenio Cox se la colgó cual Superman y saltó del bungee más alto del mundo: Bloukrans River Bridge, de 216 metros de altura, a 40 km al este de la Bahía Plettenberg. Un capo o un loco. Sólo mirarlo a través del lente me daba vértigo.
En esta segunda etapa del viaje nos afloró un chovinismo impensado. Nuestro Chilito está presente a cada instante, lo citamos y ‘encontramos’ chilenos entre muchos rostros desconocidos. Recién, por ejemplo, ‘reconocimos’ a un destacado fotógrafo nacional en la cara de un chef que nos atendió en un hotel boutique ultralujoso llamado La Residence, un magnífico lugar en el valle de Franschöek, el corazón mismo del Wine Land, a 45 minutos de Ciudad del Cabo.
Cada vez que entramos a sitios como éste quedamos perplejos con tanta belleza. Parecemos huasos. En La Residence me enamoré de una lámpara de lágrimas de 4 metros de alto que llegó por barco en 72 cajas y, también, del baño de la habitación. Y había otra mejor aún, la superior. Comimos rico, pero nada comparado con la mano de Margot Jensen, la súper cocinera de Le Quartier Francais.
Al día siguiente partimos a Hermanaus, al sur-este de Ciudad del Cabo. Bordeábamos el mar y parábamos de tanto en tanto para sacar fotos. Alojamos en Birkenhead House, otro espléndido hotel mirando el Atlántico y con el mejor avistamiento de ballenas. Divisé muchas, estaban lejos y eran unas gordas flojas. No hicieron piruetas, ni soltaron chorro alguno…
La nación más austral del continente africano, con 43 millones de habitantes, tribus, playas, safaris, kilómetros y kilómetros de carreteras, da más de una sorpresa…
CIENTOS DE PÉTALOS DE ROSAS nos reciben en el Birkenhead House. Todo parece tan perfecto, que nos termina por enervar, ¡si hasta el WC tenía flores! Too much…
Después de esa noche de cuento, volvemos a la carretera. Y antes de entrar de nuevo a Ciudad del Cabo, pasamos por la encantadora localidad de Stellenbosch, el segundo asentamiento europeo más antiguo de Sudáfrica. Está en la provincia del Cabo Occidental. La llaman la ‘Ciudad de los Robles’, por la cantidad de árboles que adornan sus calles y haciendas.
Ahí, en una vereda me encontré con una simpática mujer que alimentaba con hojas de morera a sus gusanos de seda puestos sobre una bandeja. Esta planta les aporta el almidón que ellos transforman en una finísima hebra… Quinientos metros apenas pesan 130 miligramos.
Con sus glándulas salivosas, los gusanos van produciendo miles de metros del finísimo hilo. Con él confeccionan su capullo y se guarecen durante el proceso de metamorfosis. Luego, las mujeres trabajan la seda en la rueca y así la convierten en el suave material con que hicieron el chal que llevo de recuerdo.
Por 200 mil kilómetros pavimentados se puede recorrer Sudáfrica. Nosotros por ahora anduvimos sólo 187 para llegar a Sun City, desde Johannesburgo. Y entramos a un lujoso complejo hotelero con casino, cerca de Rustenburg, bordeando el parque nacional Pilanesberg: The Palace, el palacio más grande que mis ojos hayan visto. Son cuatro edificios gigantes, lujosísimos. Salones de té con tanta comida como para alimentar al continente, casinos subterráneos donde se apuesta a toda hora y piscinas con olas. Canchas de golf y ¡hasta un puente que simula terremotos!
Para su inauguración, Sun City era territorio de Bophuthatswana, el que junto a otras regiones recibieron independencia nominal en la época del apartheid. Por eso se les permitió algunas actividades prohibidas en el país por “inmorales”, como las apuestas (casinos) y los clubes eróticos (striptease).
Esto y su cercanía a los grandes centros urbanos de Pretoria y Johannesburgo hicieron de Sun City un popular destino turístico.
En 1985 también fue objeto de gran controversia cuando un grupo de artistas opuestos a las políticas de apartheid prometieron no actuar nunca allí y criticaron a los que lo habían hecho; particularmente Linda Ronstadt, Julio Iglesias, Queen, Ray Charles y Rod Stewart. Y como protesta grabaron una canción de denuncia: Sun City. Entre los que participaron: Ringo Starr, Bono, Bruce Springsteen, Bob Dylan, Run DMC, Joey Ramone, Rubén Blades, Lou Reed y Jackson Browne…
Con tantas historias, recorridos y experiencias, como que empecé a echar de menos a los míos… Por suerte justo entonces hicimos una linda caminata por sus canchas de golf y comimos un magnífico Gazebo especialmente preparado para nosotros. Una vez más, en Sudáfrica me quedan cortas las palabras.

