Sudáfrica de Lujo
Viajes
Ahora que todo Chile sueña con volar al país del Mundial, CARAS presenta una guía de viaje única y en primera persona. María Gracia Subercaseaux comparte los mejores datos de su reciente recorrido por este país, donde sin duda hay mucho para ver… aparte de la selección de fútbol…
Por María Gracia Subercaseaux. Fotos María Gracia Subercaseaux

Qué difícil es siempre vislumbrar cómo resultará un viaje. Y más todavía a un continente tan lejano y desconocido como Africa. Procuré hacerme una idea antes de partir, buscando en internet los lugares que visitaríamos. Sin embargo, nada que yo hubiera imaginado habría podido describir lo que he vivido con mis compañeros de travesía.
Tengo la sensación de que esta experiencia marcará un antes y un después en mi vida. Por el momento puedo contarles que desde que me subí al avión en Santiago me he sentido la mujer más afortunada de la tierra. Siempre había querido hacer esto. Cada vez que prendía la televisión y aparecían esas personas recorriendo el mundo, pensaba ¿por qué no soy yo la que está ahí? Y ahora, aquí estoy.
Escribo desde Plettenberg Bay, un pueblo a orillas del Océano Indico, en la parte más austral de Africa. Cape Agulhas es el punto de tierra ubicado exactamente más al sur, donde limitan el Atlántico y el Indico. Toda la vida se ha dicho que es Cape Point, pero es un mito. Nuestra excelente guía, Jacqui Goodwin, de Wilderness Safari, nos acompañó por seis días y nos explicó y enseñó hasta el más mínimo detalle. Ojo: la diferencia entre un buen guía y uno regular es infinita.
El grupo está formado por mi querido amigo desde hace catorce años, experto en viajes y dueño de Expan Tours, Eugenio Cox, y Yura Labarca, realizador audiovisual.
Juntos llegamos a Johannesburgo, Sudáfrica, el 24 de septiembre. Después de haber dormido toda la noche, abrí los ojos con la voz de la azafata de South African Airways anunciando en inglés y afrikcaans nuestro acercamiento y próximo aterrizaje en el aeropuerto O. R. Tambo. Recién empezaba a entender lo que significaría estar en estas tierras por cuarenta días.
Seguimos de inmediato a Ciudad del Cabo.

A orillas del Atlántico, en el barrio del Waterfront, nos esperaba el Cape Grace, un hotel maravilloso. Lamentablemente la llegada no fue tan risueña, nuestras maletas estaban desaparecidas y nadie parecía tener información. Igual partimos a recorrer esta ciudad, que el sol transforma en una maravilla. Cuando está nublado, en cambio, se vuelve gris y una de sus mayores atracciones, la vista desde la Montaña de la Mesa (Table Mountain), se arruina por completo.
Durante los dos primeros días el clima estuvo muy cambiante, lluvia incluida y mucho viento. Pero íbamos preparados: es sabido que en Ciudad del Cabo te pueden tocar las cuatro estaciones con sus correspondientes temperaturas en un solo día, lo que hace variar la luz a cada segundo. Así que vamos abriendo y cerrando el diafragma de la máquina de fotos…
Uno de los barrios más lindos es Constancia, antigua zona de viñedos y hoy sector residencial, con casas muy lujosas. También el camino hacia Cape Point y Cape of Good Hope o Cabo de Buena Esperanza, que nosotros subimos en funicular. Da harto vértigo, pero la vista que hay desde arriba es extraordinaria y vale absolutamente la pena. Igual se puede hacer caminando…
Todos estos lugares están dentro del Parque Nacional Península del Cabo, reconocido por la belleza infartante del paisaje, la singular configuración geológica de los acantilados y la diversidad de su flora, incluidos muchos distintos tipos de proteas, la flor nacional de Sudáfrica. Mi preferida fue la pincushion protea.
A la vuelta nos detuvimos en un pueblito llamado Simon’s Town, bautizado así en honor a Simon van der Stel, gobernador de la colonia de 1679 a 1697, quien en 1687 eligió el sitio para construir un puerto. Almorzamos en The Meeting Place, un lugar encantador decorado al estilo provenzal.

Otra de las grandes atracciones de este lugar es el Old Biscuit Mill, un mercado que funciona sólo los sábados en la mañana, donde venden frutas y verduras orgánicas, quesos, cecinas, pasteles y mil cosas más. Cada quien pone su puesto y ofrece verdaderas delicias. Los huevos benedictinos y una parrilla con la más variada selección de champiñones me tenían hipnotizada. Partí con un Bloody Mary y seguí con las setas. Conocimos al dueño y creador de este espacio y quedamos convencidos de que debería haber algo así en Santiago. Si lo hubiera, yo no dudaría en instalarme con una parrilla de anticuchos de setas.
Aún nos esperaba la ruta del vino. Llegamos al corazón del histórico pueblo de Franschhoek, al hotel Le Quartier Francais de Relais et Chateaux, una agrupación de hoteles de lujo. Sencillo y muy acogedor, su restorán ha sido considerado por siete años consecutivos como el mejor de Africa y Medio Oriente. Su chef, Margot Janse, nos impresionó con varias de las preparaciones que incluye su comida-degustación, que dura tres horas y requiere reserva con quince días de anticipación.
Me volví loca sacando fotos. Apareció un gran arco iris y el escenario se tornó absolutamente dramático. A veces me odio un poco por mi obsesión de registrarlo todo. Pero, como decía Susan Sontag, una vez concluido el acontecimiento, la fotografía aún existirá, confiriéndole una especie de inmortalidad. El preservar la imagen me da una seguridad tremenda. No quiero dejar ningún detalle, le temo a la memoria, pero me agota. Es mi diario de vida. Igual escribo. Necesito cubrir todos los frentes…
Es lo que pretendo hacer en esta serie de reportajes. Ya viene el próximo…

