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Shangri-la

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Por: CARAS

Entre grandes montañas, salpicada de pequeñas ciudades y pueblos medievales, la región de los lagos, en el norte de Italia, ofrece una estancia tranquila y placentera. Mejor aún fuera de la temporada estival europea, cuando la oferta turística está a precios más accesibles.

Por Andrea Pacheco
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Después de pasar unas semanas en el Lago de Garda uno se convence de que la vejez no existe. Porque una de las cosas que más sorprende en la región es lo bien que se ven los adultos. Bronceados, atléticos, montados en bicicletas, sobre un par de patines, caminando a toda marcha, nadando o esquiando (entre diciembre y febrero). ¡Y todos con más de 65 años! La mayoría de los visitantes proviene del norte de Europa: alemanes, austriacos, suizos, holandeses.

Para ser una solicitada zona de vacaciones del Viejo Continente, no es especialmente cara. Su clima templado invita a visitarla incluso en invierno, cuando sus ciudades se transforman en punto de partida hacia los centros de esquí de los Alpes, especialmente en la zona del monte Baldo. En estas fechas, además, hay conciertos, exposiciones y mercados navideños.

A menos de 100 kilómetros al este de Milán y a la misma distancia al oeste de Venecia, Lago de Garda tiene en su vértice norte dos pequeñas localidades: Trento, la capital de la provincia, con un casco histórico y una catedral memorable, y Rovereto, ciudad universitaria, con un Museo de Arte Contemporáneo altamente recomendable.

La elegancia y sofisticación del Lago de Garda se debe a la herencia de su pasado aristócrata.

El mapa de Italia muestra que toda la zona es un anexo geográfico extraño en la bota y, si se estudia un poco, se comprueba que este añadido resulta más o menos reciente. En efecto, Lago de Garda se encuentra en la provincia del Trentino y su capital, que pertenece a la región Trentino-Alto Adagio, a su vez, limita con el Tirol austríaco. Ambos, el Trentino y el Tirol, pertenecían al Condado Principesco del Tirol, un importante territorio del desaparecido imperio austro-húngaro.

En 1918, cuando finalizó la Primera Guerra Mundial, esta área fue dividida entre Austria e Italia y el Trentino pasó a ser parte de Italia. En cuanto al idioma, la lengua general de la zona en la alta Edad Media (hacia el siglo V) era una variante del latín vulgar que, con el paso del tiempo, evolucionó a la que se habla actualmente y se conoce como ladino. Pero después de la guerra, se impuso el italiano como idioma administrativo y escolar, creándose entonces un bilingüismo que continúa hasta hoy.

Los habitantes del lugar, que por lo general además hablan alemán y un italiano bastante más fácil de entender para los hispanoparlantes, comentan que antes de esta división, Lago de Garda era el balneario donde pasaban sus vacaciones los aristócratas del imperio, entre ellos, la emperatriz Sissi. Aquí encontraron también su refugio escritores como Virgilio, Plinio, Goethe, Barrès y D’Annunzio.

ESTE PARAÍSO LACUSTRE ES UNO DE LOS MÁS HERMOSOS DE ITALIA. Su suave temperatura, resguardada por las montañas de los fríos vientos del norte, ya era apreciada por los romanos. El clima favoreció la existencia de una espléndida vegetación y hoy los visitantes pueden pasear entre viñedos, olivos, palmeras, limoneros, cipreses y adelfas que crecen fértiles gracias a un microclima que vuelve aquella zona en mediterránea más que prealpina. Tanto en invierno como en verano, las temperaturas son templadas y el ambiente ligeramente húmedo.

El recorrido por el lago se hace en barco, bus o auto, aunque es recomendable huir de las estrechas carreteras que lo bordean, llenas de túneles y propicias a grandes tacos. El viaje en barco es largo y lento, pero permite apreciar el paisaje en toda su majestuosidad sin una pizca de estrés.

Se puede comenzar en Desenzano, la capital del lago en el extremo sur. Se trata de una ciudad pequeña y animada desde donde se pueden visitar varios pueblos al interior. Hay restos de la corte imperial romana y la mayoría de las casas presentan frescos medievales en sus fachadas. Sirmione, otra pequeña población al extremo de una preciosa península, tiene fama por sus aguas termales, lo que la convierte en una de las más turísticas. También están Peschiera, construida sobre varios islotes y desde donde es posible acercarse a los espectaculares jardines de Sigutà, o Torri del Benaco, localidad de edificaciones centenarias y un castillo del siglo XIV donde, cuentan, estuvieron personajes como Laurence Olivier, Vivien Leigh y María Callas.

En la orilla norte del lago se concentran los ‘turistas saludables’, sin límite de edad. Están los amantes del windsurf, practicantes de alpinismo y los ciclistas, que son los más numerosos.

Una interminable red de ciclovías acondicionadas con zonas de picnic y descanso, muchas veces a la orilla de un río o entre valles y huertos privados, comunica las poblaciones de zona. Estas rutas se ven inundadas por turistas de todas las edades, familias completas con sofisticados aparatos para transportar hasta ¡tres niños! en carritos remolcados por las bicis. Arrendar una bicicleta cuesta ocho euros diarios (menos de 6 mil pesos), valor que baja si se trata de varios días.

Hay más de 400 kilómetros de ciclovías que cruzan pueblos, valles o se internan en las montañas, a través de las cuales es posible llegar a Austria casi sin pisar una carretera de alta velocidad. Gracias a estas ecológicas y silenciosas vías, se pueden recorrer las poblaciones que orillan el lago —Torbole, Riva del Garda, y a escasos kilómetros al interior, Arco Dro—, que ofrecen mejores precios y un ambiente más tranquilo que el de las playas. Arco tiene mucho encanto, con una iglesia majestuosa en la plaza del ayuntamiento y un castillo medieval imponente situado sobre una gran columna rocosa.

Durante el día, además de practicar deporte o subir a la montaña para esquiar, los visitantes van a las playas habilitadas. En toda época hay práctica de windsurf y velerismo. Los restoranes y heladerías son excelentes.

La vida nocturna por lo general no va más allá de tomar una copa —de spritz, bebida de la región—. Los bares cierran antes de las doce.

Para encontrar más ambiente nocturno hay que desplazarse a las grandes urbes cercanas, porque, definitivamente, el Lago de Garda es de actividades diurnas, sosegadas y, quizá por esto, saludables. Y para quienes busquen la típica estancia de este país, es mejor no subir más allá de Roma o Milán.

En el norte soplan aires distintos… aburridos para algunos, maravillosos para otros. Un Shangri-La a la italiana.

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