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Estilo

Marcados a fuego

Por: CARAS

Por Andrea Lagos Fotos Rodrigo López Porcile. Maquillaje y pelo Mila Delaporte

Detrás de cada tatuaje hay una historia. 
Los dibujos –hechos con pigmentos y pericia de cirujano– simbolizan promesas, recuerdos, metas… Estos cuerpos hablan.

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Juanita Ringeling
HUELLA DE ORIENTE

La ex Lolita en 40 y tantos —enamorada de su profesor— se dibujó el puño cuando tenía 15 años. Romántica, partió con su pololo al Portal Lyon. “Mi parte era el ying y la suya, el yang. En la tienda había un chiquillo que gritaba como si pariera un hipopótamo, pero nos atrevimos igual. Después terminamos y seguimos siendo amigos, pero mi dibujo se fue poniendo feo. El suyo se mantiene”, cuenta la actriz Juanita Ringeling (25).

A los 21 partió al Sudeste Asiático con sus mejores amigas. Y en las veredas de Bangkok, tomando cerveza, conoció a un tatuador. No lo pensó dos veces y encima del ying grabó un tribal, su marca de viaje. “Este dibujo me recuerda palacios de Buda bañados en oro, barrios rojos, banquetes de grillos y monjes vestidos de naranjo cruzándose frente a mí en las calles de Laos y Cambodia. Me lo hice un día antes de volver”, recuerda.

tatuajes-textoEl único problema que tiene con su marca es que cada vez que actúa en televisión debe maquillarla porque no calza con el perfil del personaje. “Si tuviera otra profesión me tatuaría entera, porque uno puede ir contando su historia, decir quién es a través de dibujos sobre su carne. Todas las culturas lo hacen desde el principio de los tiempos con bambú o heridas que dejan cicatrices. No es una moda, es una actitud”, define la Ringeling categórica.

La Quintrala en la serie histórica Algo habrán hecho se levanta el pelo y muestra el sello detrás de la nuca que la marca desde 1997, cuando tenía 16 años. “Este kanji es el símbolo chino que representa al dragón, animal sagrado e inexistente, lleno de pasión y persistencia. En la mitología medieval nadie puede matarlo, porque para verlo hay que amarlo. Y si lo amas, no lo matas”, asegura Begoña Basauri (30).

“A los 15 pedí permiso para tatuarme y mis padres no me dejaron. Su argumento era que quizás en el futuro podría cambiar de ideología y arrepentirme. ¿Qué pensarían? ¿Que me grabaría al Che Guevara en el brazo? Al año siguiente, mi abuela, la doctora Nelly Chiofalo, me invitó a Italia. En Florencia, mientras ella participaba en un congreso de neurología y yo paseaba, entré a una librería donde encontré un libro de escritura china. Quedé prendada de su belleza y significado: esto es lo que me tengo que tatuar, pensé. Me pareció un buen lugar en la parte baja de la cabeza porque sólo yo lo vería. Volví a Chile con el libro escondido directo al Eurocentro, el único lugar donde tatuaban a menores de edad, sin consentimiento de los padres. Meses después, me tomé el pelo y mi mamá lo vio. “¡Te lo hiciste!”, gritó espantada. Y dijo: “¡Qué bonito!”.

Roberto Artiagoitia
PIEL RAPANUI

El creador del Chacotero Sentimental tiene en la espalda a Tongariki, los 15 moais ubicados frente al mar. Se los hizo Moko Mae cuando Roberto Artiagoitia (41) pensó que estaría de vacaciones por un mes y terminó quedándose seis… Al año siguiente, se hizo un Make Make cerca del hombro derecho y meses después, un hombre mitad pájaro-mitad hombre, en el izquierdo. Trazo a trazo, diseñó además varios tribales maorí, tahitianos y polinésicos que lo cruzan de arriba a abajo. “En la isla existe la leyenda del Tiki, un dios que quería conquistar a una mujer y no lo lograba, hasta que entró al agua y salió tatuado completamente. Sólo así consiguió amor”, cuenta. Rumpy se casó en Isla de Pascua con Isidora Cabezón, en una fiesta que duró cinco días.

En la pantorrilla izquierda, además, tiene dibujo propio: un hombre que sube una escalera y se para en un trampolín a disfrutar del aire y la altura. Abajo, rompen las olas. “Se parece a mí, que me quedo quietecito gozando en cualquier lado, donde me pongan”, resume.

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