Qué vergüenza… ¡No podías salir así!
¡No podías salir así!
Por Andrea Lagos Fotos Diego Bernales Asistente Julián Ortiz. Producción Antonia Busquet Pelo John pérez Maquillaje Taly Waisberg
Cuatro madres y cinco hijas sacaron sus trapitos al sol. Rosita Parsons y Francisca Imboden se ruborizaron con los hots pants, microvestidos y tacones de sus niñas adolescentes. Carmen Aldunate y su hija María José Romero se rebelaron a la dictadura de la moda. Y la hija menor de la ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez, le robó —como siempre— todo el clóset a su progenitora.
Carmen Aldunate y María José Romero
¡Por favor no te lo pongas!
Aclaran de entrada: “Jamás saldríamos vestidas de esta manera. Ni la una ni la otra nos reconoceríamos así: nos sentimos disfrazadas, como promotoras de queso. Este blazer, por ejemplo, es de muy buena marca, pero no me lo he puesto nunca en años, lo saqué de los sótanos de mi vida. Lo mismo pasa con estos zapatitos reina del año del ñauca”, cuenta la pintora Carmen Aldunate, coludida con su hija, la también artista María José Romero.
“A mí los tacos altos no me dejan pensar, me quitan el habla. Estaría todo el santo día concentrada en el minuto en que me voy a caer al piso. Hasta me carga pintarme las uñas porque me puede venir una enfermedad muy grave”, agrega riendo.
“Lo extraño de esta puesta en escena es que el mayordomo nunca nos había encontrado tan regias. Seguro no le llaman la atención los bototos y el estilo hippiento que usamos todos los días”, resume Carmen.
“¿Nos mandan la foto eso sí? Que esta es una ocasión única: nunca más se va a repetir”, finalizan convencidas de su rebeldía ante la moda.
Francisca Imboden, Trinidad y Consuelo Garcés
¡Esos microvestidos!
“Esta chaqueta negra de mi mamá es de terror. Cuando vemos que se la va a poner, nos reímos de ella y le decimos que parece tapón. Con otros abrigos se ve harto mejor”, ametralla de partida Trinidad (18), la hija mayor de la actriz Francisca Imboden.
Mamá se defiende: “Oye y esos vestidos de ustedes son como condones. Cuando van a una fiesta me pongo nerviosa. ¡Demasiado cortos! Y los jumper. ¿Cómo terminan así si los compré hasta más abajo de la rodilla?”, pregunta inquieta Imboden.
—Replica Francisca: A veces hasta van a misa con tremendos escotes y la abuela se espanta tanto como yo.
—Alega Consuelo (15): Mamá, pero tú te tapas con unos beatles horrendos. O unos pantalones sueltos gigantes y unas chaquetas más grandes que tú. Recuerda Imboden.
“Antes era peor. ¡Cómo me gustaba el new wave! Y no tenía ropa alemana de verdad, me chantaba las camisas de mi padre, pero al revés, con los botones hacia atrás. Mi pobre madre me encontraba un mamarracho espantoso. Además, se me ocurrió cortarme el pelo para estar lejos del prototipo de la rubia, ojos azules, con chasquilla. Mis niñas no, ellas son producidas. A veces quieren tener zapatos de 100 mil pesos y yo me muero. No les compro cosas caras por ningún motivo. No voy a gastar en tacones que parecen de mujeres de farándula. ¿Cómo pueden usar zancos tan altos que las hacen ver inalcanzables? ¿Cómo las van a sacar a bailar los chicoquitos?
—Consuelo: Mamá, ya nadie saca a bailar.
—Francisca: Ah si. Verdad. A mí con los mamelucos tampoco me sacaban.
Rosita Parsons y Lorenza Izzo
¿Tan corto?
Cuando Lorenza Izzo (20), estudiante de periodismo, actriz y modelo de la agencia Rebel, quiere salir a bailar, se pone unos short que ella misma cortó para que le queden más arriba de lo que su mamá puede soportar. Entonces la empresaria y ex modelo Rosita Parsons le pregunta: “¿De verdad vas a salir vestida así?”.
“Antes era peor: si no le gustaba algo, más quería ponérmelo”, comenta la universitaria, parada sobre unos insolentes tacones de más de 10 centímetros de alto”. 
“No me gusta que la miren tanto. Tiene unas micromini que no le alcanzan a tapar ni los suspiros. Yo a su edad no podía maquillarme ni usar minifalda, porque tenía un papá de otro siglo que nos educó muy anglosajonamente. Sólo pude acortar la pollera cuando me casé”, precisa Rosita, enfundada en sus kilométricas botas negras, arropada como le gusta a ella, con piezas clásicas.
Sólo una vez echó por tierra su buen gusto, según su hija. “Se compró un enterito rojo que la hacía parecer un Umpa-Lumpa (enanos que aparecen en la película Willy Wonka y la fábrica de chocolate) en versión gigante.
—Rosita: Era total. Ni la Moss me hacía el peso.
—Mamá era feo, te veías ridícula.
María Ignacia Benítez y María Ignacia Jiménez
Devuélveme la ropa
Es común que la ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez no encuentre el pañuelo ni la camiseta que hace poco se compró. Todo está en el clóset de su hija menor, la estudiante de ingeniería civil de la Universidad Católica, María Ignacia Jiménez (18).
“Cuando me pregunta ¿qué me pongo?, ¡ya está frente a mi armario! Lo malo es que como ella es más flaca que yo, no puedo sacarle algo a cambio”, reclama la ministra que cada cierto tiempo debe recuperar sus prendas desde el dormitorio del lado.
Ahora por ejemplo, María Ignacia Benítez está vestida de arriba abajo con la ropa de su madre. Reformó un vestido —que sacó del colgador ajeno— a punta de tijeretazos y costuras rápidas.
“Cuando estoy aburrida voy a su clóset y me pruebo los zapatos, las tenidas. Ella tenía un chaleco negro de hilo maravilloso que de tanto usarlo, me lo apropié y hasta lo rompí con una rama para darle mi marca. A menudo le ‘secuestro’ cosas por más de tres meses y no se da ni cuenta”, dice mostrando una maleta llena de prendas que antes eran de su madre.
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