Piel de hielo
Bahía Wulaia
Caminar por estos bosques y playas es internarse en la leyenda de Tierra del Fuego, en su historia milenaria y belleza fantástica, donde su principal etnia, los Yámanas, se vestían con pieles de animales. Era la única manera para protegerse del inclemente frío y las furiosas ráfagas de viento. Hoy, con técnicas sintéticas y mezcladas con gruesas lanas, el invierno revive la feroz supervivencia de esta cultura.
La Bahía de Wulaia guarda siete mil años de la etnia Yámana, que significa hombre o vivo. Un pueblo nómade, casi extinto, que se vestían con cueros de animales, navegaban en canoa por los canales y se lanzaban al mar a cazar pescados y centollas. Solían pintarse el cuerpo rojo (el color de la muerte), negro (de la paz) y blanco (de la guerra).
Ubicada al noroeste de la Isla Navarino (a pocos kilómetros al norte de Cabo de Hornos), fue escenario de desencuentros entre las civilizaciones yámanas y europeas, luego de que el capitán inglés Robert Fitz Roy, tras ser asaltado por nativos (en 1830), tomó a los jóvenes fueguinos Orundellinco, Yuk’ Cuchlu y El Leparu, los embarcó en el Beagle y se los llevó a Inglaterra para educarlos y civilizarlos.
Tres años después Fitz Roy, esta vez acompañado del joven naturalista Charles Darwin, los trajo de regreso. Muy bien vestidos, bautizados como Fueguia Basket, York Minster y Jemmy Button y cargados de regalos, fueron restablecidos en Wulaia junto al misionero Richard Matthews. La idea era iniciar una misión evangelizadora y crear un puente entre ambas culturas. Pero la agresividad de los yámanas y sus permanentes amenazas de sacarle hasta los pelos al joven sacerdote, hicieron que el plan fracasara. Matthews fue reembarcado a Inglaterra diez días después.
DARWIN VOLVIÓ Y VIO A JEMMY BUTTON EN SU ESTADO SALVAJE. “No puedo creer cuán grande es la diferencia entre ellos y el hombre civilizado. Es mayor que la que hay entre un animal silvestre y el no domesticado, aunque en el ser humano haya mayor capacidad de mejoramiento”, escribió en sus bitácoras.
En estas tierras Darwin fue bautizado como el primer glaciólogo en la Patagonia, ya que describió con bastante acierto las formaciones geológicas a partir de las masas de hielo. También aquí inició su reflexión sobre la evolución de las especies.
En 1890 dos familias croatas (de Dalmacia) se instalaron en Wulaia, internaron más de tres mil animales y establecieron un nuevo sistema económico. Antes era un territorio sin ley, hasta donde llegaban balleneros, cazadores de focas, pescadores y buscadores de oro.
Una imponente construcción abandonada habla de los esfuerzos que hizo Chile para ejercer su soberanía, por lo que en 1930 la Armada instaló una estación naval que funcionó hasta 1955.
WULAIA TIENE UN POTENCIAL ARQUEOLÓGICO TREMENDO. No ha sido mapeado por completo, pero se estima que tiene más de 240 puntos que representan un gran tesoro de la antigüedad. Cerca de la bahía se encontraron artefactos yamanes de hasta seis mil años, cuyas réplicas se exhiben en el museo del lugar, hoy a cargo de Cruceros Australis. “La idea es cuidar el territorio. Esta casa por mucho tiempo se usó como refugio de pescadores y decidimos convertirla en un espacio donde además de objetos, se entregue información histórica. El proyecto en el futuro es que, además, sea un hotel boutique”, cuenta el jefe de expedición del nuevo crucero Stella Australis, Mauricio Alvarez.
El espectáculo visual es impresionante por su vegetación y geografía. En este bosque magallánico crecen lengas, calafate, coigues, canelos y helechos entre otras especies.
Hay dos caminos para recorrer la zona: el liviano para gente mayor, donde la excursión por la playa es en terrenos planos; y uno con más dificultad, donde en poco menos de una hora y luego de sortear todo tipo de obstáculos como cruce de ríos, troncos caídos y terrenos pantanosos, se alcanza una altura de 200 metros que ofrece una panorámica general de la bahía.
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