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Estilo

El niño malo perdió el hilo

Exclusivo La última entrevista de John Galliano

Por: CARAS

Por Janice Turner /The Times Magazine/ The Interview People Adaptación Franco Fasola

Quedan 36 horas para que Dior presente el adelanto de su desfile de alta costura a la prensa y a una clientela de mujeres lo suficientemente rica como para pagar más de ocho mil dólares por una prenda. Y sin embargo, nada está terminado. Ni un solo vestido. Algunos bordados ni siquiera han llegado desde los talleres del resto de Francia. Pero esta tardanza es casi una tradición: la nuit blanche —la noche blanca en vela— es una noble prueba de resistencia. Los gritos de guerra se oyen: “Bon courage!”.

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En medio de esa ceremonia nadie podría imaginar que John Galliano, el hombre del que todos dependen, la fuente de los 700 millones de euros que conforman las ganancias anuales de Dior, está a punto de caer en desgracia. Todo partiría el 24 de febrero, cuando Galliano fue detenido en un café de París tras agredir a una pareja con comentarios antisemitas. Días más tarde, otras dos personas lo acusaron de haberlos atacado en octubre y diciembre, y entre las evidencias surgió un video que fue difundido por el periódico The Sun.

El desastre visual mostraba al diseñador completamente borracho —el análisis de la policía arrojaría una tasa del 1,1 por ciento de alcohol— en la conocida brasserie parisina La Perle, declarando su amor por Hitler y gritándole a una pareja que “sus padres y abuelos debieron haber muerto en la cámara de gas”. Su primera reacción fue desmentir la acusación y demandar a quienes pidieron su detención. Pero luego del video no le quedó otra que excusarse: “El antisemitismo y el racismo no tienen lugar en nuestra sociedad. Me disculpo profusamente por mi comportamiento”, dijo John antes de internarse, siguiendo el consejo de Naomi Campbell y Kate Moss, en el centro de desintoxicación de moda: The Meadows, en Arizona. El mismo por el que han pasado Ozzy Osbourne, Keith Urban, Robert Downey Jr., Mel Gibson, Matthew Perry, Ben Affleck, Donatella Versace, Elle McPherson, Amy Winehouse, Robbie Williams y Elton John.

Antes de la tormenta, la calma arrecia en los talleres de Dior. Galliano, pequeño, ligero y bizarramente vestido, espera con la desconcertante tranquilidad de un esquizofrénico su momento de gloria, la Semana de la Moda de París, sin sospechar que allí se celebrará su funeral en vida. Sombrero negro de astracán, jubón verde, shorts, leggings de lana y botas de obrero. Su cabello cae desordenado en dos trenzas largas.

Pero Galliano es una rareza desde su nacimiento. Un loco iluminado. El hijo del gásfiter que se transformó en rey de Dior, el fiestero que generó ganancias de casi mil millones de dólares anuales. “¿Quién eres tú hoy?”, le digo. “John Galliano, espero. Me asombra que la gente siempre cuestione ¿por qué estás ahí? Esto es la culminación de un proceso creativo”. Más tarde, cuando le pregunto si alguna vez quiso haber nacido mujer para llevar sus propias creaciones, me dice: “No lo necesito. He sido mujer muchas veces. He tenido 1.891 vidas anteriores”. Yo me reí, pensando que era broma. Pero Galliano me miró. “Sí, en mi primer viaje a China me encontré con los monjes Shaolin y me dijeron que soy una persona espiritual altamente evolucionada. Tengo diez chacras y estas 1.891 vidas, y todas ellas se manifiestan en mi cuerpo, como te puedes imaginar”. galliano-texto

Galliano es un emigrante británico en París. Antes de eso, a los 6 años, era un español gibraltareño en el sur de Londres. A diferencia de Monsieur Dior, nacido de ricos padres industriales, el último intérprete de su espíritu es el hijo de un gásfiter de Streatham. Y aunque en París puede ser una especie de dios, en la intimidad de su taller es hablador y juguetón. Asegura que su sentido del humor es lo más británico que tiene. El mito también dice que es el hombre más fuerte de la ciudad y que tiene dos entrenadores personales que lo acompañan en sus obsesivos ejercicios diarios: “Sí, probablemente soy”, confirma. “Aquí (apuntándose la cabeza) y en el cuerpo”.

Hace 16 años era la cabeza de otra gran casa de modas, Givenchy. Su nombramiento en Dior fue polémico, los franceses se retorcían de vergüenza y a él le esperaba un trabajo enorme. Según cuenta, comenzó a prepararse como un boxeador, dejó de tomar café, alcohol y comer basura.

Afirma que su único vicio restante es el cigarrillo, pero pronto sabremos que no es verdad. Sus viajes de investigación son parte de las adicciones que no reniega: a Africa para conocer la tribu Masai o a los barrios pobres de India. “Hay belleza en todas partes”, me dice. “Pero hay que abrir los ojos”. Para hacerlo corre todas las mañanas junto al Sena, y se fascina con los homeless que viven en sus orillas. “Los llaman vagabundos, pero son seres humanos que han elegido vivir de esa manera. Son las personas más creativas”. Le pregunto si es un divo y responde: “Soy la persona más normal en la industria de la moda”.

Para financiar sus estudios, John trabajó como vestuarista del Teatro Nacional de Londres, una estética que marcó su sello. Tal fue el calibre de su desfile de graduación que en 1984 toda su colección fue adquirida por la exclusiva boutique Brown. Una de sus capas fue comprada por Diana Ross. “Yo tenía 22 años, era un niño, y al día siguiente era parte del negocio”. Tenía éxito, pero de finanzas no sabía nada, y varias veces tuvo que vivir de la generosidad de sus amigos. Su carrera se fue estancando y decidió partir a París. Pasó varias temporadas comiendo porotos en un decrépito taller, hasta que tocó a su puerta un hada madrina: Anna Wintour. La mítica directora de Vogue lo instaló en una mansión de la alta sociedad francesa para presentar 17 de sus vestidos, modelados gratis por Kate Moss, Naomi Campbell y Christie Turlington. Pronto aparecieron los patrocinadores y los libros de pedidos se llenaron: Galliano volvía a nacer.

galliano-texto-2Hoy, con un ritmo de trabajo que agotaría a cualquiera, además de las colecciones para Dior, el diseñador tiene (¿o tenía?) una línea más funky llamada John Galliano, una colección infantil con Diesel y otras empresas conjuntas en ópticas, joyas y zapatos. “Estoy lleno de energía. Yo no le tengo miedo a la página en blanco”, me dice. “Tengo la agenda copada hasta 2013”.

—¿Nunca se siente oprimido?
—A veces pienso al diablo con esto, me estoy perdiendo muchos momentos. Así que me pongo a caminar solo por ahí.
Galliano no habla sobre su vida privada, aunque se sabe que vive con su novio Alex Roche cerca del distrito de Marais, a pocos pasos del café donde insultó a Philippe Virgitti, el hombre que terminó casi arrepentido de haberlo encarcelado, según declaró a Le Parisien: “No creo que él sea racista ni antisemita. He visto como incluye distintas culturas en sus desfiles (…) Para mí, esto no fue más que una pelea de bar. John Galliano no merece esto”.

Sin imaginar que su contrato con Dior terminaría así, durante la entrevista el modisto me asegura que ya no es el fiestero de Londres y dice conservar sus energías en el trabajo. Ya pasó los 50 años y no lo parece. El cuidado de su piel lo atribuye a un bioquímico que le hace cremas especiales.

—¿Se pone nervioso antes de sus presentaciones?
—Hay una explosión de mariposas cuando la música ambiente baja y se puede oír a la multitud.

—¿Y después?
—Floto.

Esta vez Galliano no alcanzó a flotar. Con suerte estará mordiendo el polvo del desierto de Arizona. Su jefe, Sidney Toledano, de origen judío sefardí, le dio el golpe de gracia: “La familia Dior había quedado en la ruina por la crisis de 1929 y una de las hermanas fue deportada al campo de concentración de Buchenwald”. “Tras esos años oscuros de guerra, Dior buscó liberar a las mujeres y regresarles su brillo y alegría. Esos valores siguen intactos hoy”, dijo tirándole la cadena a Galliano, quien a la espera de una sentencia que le puede costar seis meses en la cárcel, intenta rehabilitarse en jeans, polera blanca y con apenas 200 dólares en los bolsillos, por regla de la clínica. La muerte en vida para el emperador de las pasarelas.

John Galliano – Fall Winter 2011/2012 Full Fashion Show

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