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Estilo

‘Dejé cigarrillos, alcohol… todo lo que me hiciera perder la lucidez’

Ignacia Allamand

Por: Lenka Carvallo

Fotos Diego Bernales Asistente Camilo Melús Producción María José Prado Maquillaje Marcelo Bhanu Pelo Luciano Dodero

La actriz de CHV se está liberando de su lado lógico para asumir emociones más profundas. Arrebatada y entusiasta con las ideas, habla de política, aborto terapéutico, la relación con la polola de su padre, Marcela Cubillos. Fuerte y fría en apariencia, vulnerable por dentro, Ignacia está en periodo de cambios.

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Ignacia Allamand viene llegando de Río de Janeiro, ciudad de la eterna felicidad y las fiestas. Ahí pasó el Año Nuevo junto a su marido, el actor Tiago Correa, bailando en la playa hasta el amanecer. Pero ya está grabando a full para Infiltradas, su cuarta teleserie en CHV, la estación donde se ha instalado como una figura potente. Esta vez interpreta a Nina Engel, una detective de armas tomar y pelo aleonado. “Curiosamente tiene que ver con el proceso en el que estoy ahora, en salirme de lo lógico e intelectual y hacerle más caso a mi cuerpo, a mis sentidos”.

Para el personaje aprendió a interrogar, allanar y disparar. “Nos enseñó gente de la PDI, policías encubiertos que incluso nos interrogaron para que supiéramos cómo funciona todo”. Tampoco es la primera vez que usa armas. No les teme aunque reconoce: “No sé cómo reaccionaría si tuviera que tomar una pistola y defenderme…”.

Territorial, instintiva, fiera si es necesario, si algo no le gusta clava los ojos y se eriza… Protege sus espacios, se cuida de hablar de afectos y emociones. En confianza es dulce, vulnerable, protectora, nada que ver con la imagen que pintan y que ella misma ha ayudado a construir. Y que partió con su primer rol en televisión: Eloísa Solé, precisamente una adolescente frontal. “Pero no soy así. Ser rebelde significa ir en contra de algo. Yo más que eso defiendo mis ideas. Cuando no estoy de acuerdo o me siento pasada a llevar, lo digo. No soporto que el más grande le ponga la pata encima al más chico; que alguien trate mal a alguna compañera y ella no sepa cómo defenderse; ahí salto altiro… Ya tengo 29 años y me siguen tratando como una quinceañera irreverente, ¡ya está bueno!”, dice con firmeza y se acomoda en el sillón con la mirada atenta.

Es la segunda de cuatro hermanos (Olivia, 30 años, pintora; Juan Andrés, que murió hace seis años, y Raimundo, de 21), hijos del senador RN Andrés Allamand y de la arquitecta Bárbara Lyon, quien marcó su lado artístico. De su padre heredó la pasión por los libros. “Soy una lectora adicta. Acabo de terminar La elegancia del erizo y ahora estoy con El año del pensamiento mágico, que es sobre el duelo…”.

Dice que su infancia fue normal, que no tiene recuerdos de grandes almuerzos políticos en su casa. “Eso ocurría afuera. No tengo la sensación de que para mí haya sido algo fuerte o difícil de aceptar”.

—Pero las campañas, los fracasos, la travesía del desierto…
—Tenía 16 años cuando me fui de Chile a Washington con toda la familia, y mi preocupación era que me iba a perder la fiesta de graduación. Tal vez ahora lo vería distinto. Entonces era mi papá nomás.

—¿Se rebeló contra la política?
—Ahora de grande entiendo cómo funciona este mundo, pero cuando chica no me interesaba en lo más mínimo. Para mí es como una forma de lenguaje, que no se compara con otras actividades. Me costó aceptar que hay que transar mucho más que en un matrimonio, que la única manera de lograr ciertos objetivos es aliándose con personas que en otras circunstancias jamás aceptarías.

Si bien estudió teatro en la Universidad Católica y luego en Buenos Aires, apenas apareció en escena en su primera película Se Arrienda, de Alberto Fuguet hizo noticia como hija de Andrés Allamand más que como actriz.

“Por origen debí enfrentarme a los prejuicios, dar explicaciones… Tenía que demostrar que era inteligente, que sabía actuar, que poseía opinión… Hasta que caí en la cuenta de que no tengo por qué: quienes me conocen saben cómo soy; los que no, problema de ellos. Ya no tengo miedo”, dice esta mujer de carácter intenso, que analiza y que siempre tiene una tesis para todo. “Es que vengo de una familia argumentativa —reconoce en medio de una carcajada—. En la mesa del domingo no es llegar y hablar. Y soy bien apasionada. Cuando algo me emociona se me dispara la voz, mi cabeza funciona a mil y termino interrumpiendo porque soy arrebatada… Y claro, eso puede ser interpretado como peleadora”.

Lea la versión completa de esta entrevista en la edición impresa de Caras Extra Verano.

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