Los ‘Híbridos’
Autos de moda en personajes de Hollywood a Santiago
Igual que famosos actores, actrices y el príncipe Carlos, 400 chilenos manejan uno. Gastan 40 por ciento menos gasolina y casi no contaminan. Las marcas empiezan a introducir nuevos autos. Una moda que no incomoda.

Cuando llegó a la premiere de la película Ocean 13 en Las Vegas (2007), Brad Pitt impresionó a los ecologistas estrenando el modelo Hydrogen 7 de BMW antes que saliera al mercado. Se trata de un novedoso sistema híbrido que combina el motor de combustible tradicional con uno de hidrógeno no contaminante, novedad total para la industria ‘verde’, que tiene en Hollywood a sus clientes más fieles e importantes.
Y mientras los países desarrollados mejoran la técnica, aparecen en sus calles autos completamente eléctricos —en Londres hasta hay puestos para recargar energía— y en Brasil ya circulan los de biocombustibles, en Chile la moda de los híbridos se desató. Los que llegan acá usan gasolina y electricidad. Esos modelos, aparecidos en el mercado mundial en 1997 y que recién en 2005 aterrizaron aquí (el primer país latinoamericano en incorporarlos), con tímidas ventas menores a la docena en su primer año, hoy suman más de 400 unidades. Empresarios, políticos, deportistas y gente común y corriente, con conciencia ecológica, los tienen.
Desde el ex presidente Ricardo Lagos a la modelo Carolina de Moras, el periodista Matías del Río, varios senadores y diputados. Todos manejan —o sus choferes lo hacen— un Honda Civic, único modelo disponible hasta ahora, aunque a fin de año llegará el Toyota Prius, posiblemente el más popular en el mundo, donde existe una competencia relativamente amplia: también hay Mercedes Benz, Mini Cooper (cuyo modelo Mini-E es completamente eléctrico), Ford, Lexus, Volvo, Nissan, Hiunday, Peugeot, Citröen, Chevy y hasta la marca china Chery, entre otros. Y en internet se ofrece transformar cualquier auto en híbrido por sólo diez dólares ($ 5.500, ¿será?).
No serán la novedad del año pero todavía existen muchos mitos en torno a los Hybrid. Estos autos no pagan patente por cuatro años, gracias a una ley de 2008. Y un grupo de diputados —que lideran los RN Francisco Chahuán y Roberto Sepúlveda, presidente de la Comisión de Medio ambiente— está tramitando un proyecto para que a partir de 2010 el Estado vaya cambiando paulatinamente sus vehículos a modelos ecológicos. La idea es seguir la tendencia que han marcado las municipalidades de Vitacura y Maipú, pioneras en el tema, con flotas de 13 y ocho autos cada una.
Se llaman híbridos porque no son 100 por ciento a gasolina o a electricidad. Son las dos cosas. No hay que ‘‘enchufarlos’’ (como otros que sólo consumen electricidad, disponibles en Europa y Japón). El propio auto genera la energía que necesita. Un sistema automático y silencioso se activa cada vez que se enciende o se detiene con el motor andando (en un semáforo o frente al disco Pare), ocasiones en que usa electricidad; el resto del tiempo utiliza gasolina, aunque gasta cerca de un 40 por ciento menos que un auto tradicional. Si bien es caro —cerca de 15 millones de pesos el que está disponible—, el recargo es de sólo 1.5 millón con respecto al bencinero. Las mantenciones cuestan lo mismo que las de uno tradicional. ¿Autonomía y potencia? Igual.
Su uso más masivo se produjo tras el documental Un inconvenient truth (Una verdad incómoda), con el que Al Gore creó conciencia sobre las dramáticas consecuencias del calentamiento global, el cual le reportó el Premio Nobel de la Paz 2007. ‘‘Lo elegí porque disminuye considerablemente la contaminación —asegura la enfermera Marietta Alvarez, que acaba de cambiar su Civic por uno Hybrid—. Y pese a que es un poco más caro que uno convencional, el pago del permiso de circulación lo devuelve Tesorería’’. Algunas empresas están empezando a promover esta tecnología entre sus empleados. La minera Angloamerican ofrece a sus ejecutivos un préstamo sin intereses de 5 millones de pesos para que cambien su auto.
CAROLINA DE MORAS, MODELO: ‘‘Me preocupa el calentamiento global y sé que cada uno puede aportar. Me da cargo de conciencia seguir usando autos que lanzan partículas que todos respiramos’’. El periodista Matías del Río tiene una fórmula similar: en su casa instaló paneles solares, recicla la basura y usa una ducha que ahorra un 40 por ciento de agua.
El senador Guido Girardi viaja en un híbrido hace un año. Se cambió porque ‘‘vivimos en una de las ciudades más contaminadas del planeta, donde el material particulado pequeño (PM 2.5) es el principal causante de infartos, además de cáncer’’. Faltan políticas de incentivo —asegura— para una ciudad donde ‘‘sólo debieran circular híbridos’’, eliminando la tecnología necesaria pero ya obsoleta del convertidor catalítico. Y va más allá al asegurar que el Hybrid tampoco es suficiente y que Chile debiera traer autos eléctricos.
La gasolina tiene sus días limitados, el petróleo no es recurso infinito. Así lo entendieron los brasileños —que fabrican y ensamblan muchos de los autos que se venden en Latinoamérica, al igual que en México y Argentina—, quienes en los ’70 encontraron una solución: los autos ‘flexibles’, que usan gasolina y alcohol, bajando las emisiones de CO2. Volkswagen, Fiat y Renault los fabrican.
Las alternativas aumentan pero en Chile esto apenas comienza. Tanto así, que algunos conductores de gustos exigentes reconocen que hace falta más modelos para elegir, ‘‘como los 4WD —dice Carola de Moras—, para gente más outdoors que va a la playa o a la montaña y encuentra que el híbrido no le sirve’’. Y los diputados de Medio ambiente piden que en el presupuesto 2010 los fondos para renovar autos fiscales se asignen ‘‘solamente para vehículos que cumplan con emisiones ultrabajas’’.
El mundo va hacia allá. La semana pasada, en la ONU, Japón se comprometió a recortar sus emisiones contaminantes en 25 por ciento al 2020; China señaló que el 15 por ciento de su abastecimiento energético será renovable, y las aerolíneas prometieron rebajar en 50 por ciento sus gases tóxicos para 2050. ¿Cuánto aportamos nosotros?

