Guardiola, el dandy del fútbol
ESPECIAL HOMBRES
Por FRANCO FASOLA
Ha sido modelo, futbolista, entrenador. Se ganó un sitio como uno de los más elegantes de Europa y, también, como un personaje sui generis, capaz de leer una novela francesa hasta el minuto antes de entrar a la cancha. Dicen que este hijo de albañil que usa zapatos italianos tiene corazón de alpargata…

En las canchas hay desde jugadores que, orgullosos, muestran tatuajes con los nombres de sus novias, con peinados extravagantes y accesorios de opulencia ordinaria, hasta entrenadores de evidente sobrepeso, buzo y zapatillas. Por eso en el mundo de la moda hay una máxima: nunca tomes a un futbolista como referente de elegancia. Y ese paradigma funcionó hasta que apareció Josep Guardiola (40 años, casado, tres hijos), hoy entrenador del Barcelona, el casi imbatible club donde juega el chileno Alexis Sánchez.
Guardiola es un fashion victim. Desde los ’90, cuando era jugador del club catalán y decidió posar para revistas de moda, hasta que se convirtió en entrenador ha sido sinónimo de elegancia y vanguardia, dentro y fuera del pasto.
Los desfiles aparecieron mientras todavía era futbolista, cuando modeló para su amigo Antonio Miró, uno de los mejores diseñadores de España, en la Pasarela Gaudí de Barcelona. Desde ese minuto comenzó a sembrar una fama que incluso lo sindicó como símbolo gay, cuando se murmuraba sobre este estilizado jugador que gustaba de leer poesía en las concentraciones y que desfilaba, a torso desnudo, ropa de alta costura.
Su pasión por la moda fue influida por su mujer, Cristina Serra Valet, con quien tiene a Marius (10), María (8) y Valentí (3). Ella dirigía una boutique donde se vieron por primera vez hace 20 años. De ahí viene el gusto por un Prada, Miró, Dior, Armani, Dsquared2, Costume National, Gucci, Paul Smith o Henrik Vibskov, que lo ha posicionado entre los más elegantes del globo, según las revistas GQ y Esquire. Esta última ha escrito: “Tiene un toque moderno, diversificado, colorido y cosmopolita, con chalecos, cárdigans (de la marca Cruciani), camisas, jeans y hasta polos”. Miró, el diseñador que creyó en sus dotes de modelo, dijo: “Siempre me ha parecido muy distinguido, culto, tiene una cultura estética muy importante, y no podría ser de otra manera si conoces a su familia política”.
Jorge Herralde, director de la editorial Anagrama —también de origen catalán— contó una anécdota que revela por qué Pep es diferente: “Lector furibundo, terminó la novela francesa ‘Bella del Señor’, de Albert Cohen, diez minutos antes de salir a la final en Wembley” (la última Champions League obtenida por el club). “Entré a la cancha con piel de gallina, emocionado por el final”, comentó el entrenador cuando le preguntaron por la rareza.
Pero el mayor crédito en la sofisticación es de su señora, quien alimentó el gusto por lo refinado, los viajes, la fotografía y la lectura. Manel Estiarte, estrella del waterpolo ibérico y amigo del entrenador, dice que Cristina es todo lo contrario del prototipo de mujer de futbolista, por lo general modelo de farándula o “botinera”, como llaman en Argentina a las caza-futbolistas: “Cristina une a la madre de antes con la mujer de hoy: capaz, moderna, con idiomas, arreglada”.
BARBA DE TRES DÍAS, PELO CASI AL RAPE, TRAJES AJUSTADOS, bufandas o jeans pitillos, camisetas de colores fuertes y zapatillas Nike o de la firma catalana Munich si la ocasión es informal. Ese estilo incluso lo ha traspasado a sus jugadores, quienes para actos oficiales visten diseños de Dsquared2, la marca de los hermanos canadienses Dean y Dan Caten. Y pupilos como Lionel Messi peregrinan por las mismas tiendas que su jefe en busca del ‘estilo Pep’.
Pero si como futbolista destacó por su clase —con una carrera desarrollada casi íntegramente en el FC Barcelona, aunque también estuvo en Italia, Qatar y México— su camino como entrenador partió desde abajo. En 2007 se estrenó en el banquillo de la filial del equipo catalán en tercera división.
Un año antes había colgado sus botines para iniciar un curso de entrenador, tiempo en que se reunió con los más avezados directores técnicos, como César Luis Menotti Fasola (campeón del mundo con Argentina en 1978) o Marcelo Bielsa, para conversar sobre las profundidades del fútbol.
Con el ex técnico de Chile habló en 2006, por más de once horas, durante un asado en Rosario, sobre estrategias en la cancha. Pero lo que más le quedó al catalán fue una pregunta de el loco: “¿Por qué usted, que conoce toda la basura que rodea al mundo del fútbol, el alto grado de deshonestidad de cierta gente, aún quiere volver ahí, y meterse además a entrenar? ¿Tanto le gusta la sangre?”. Guardiola le contestó: “Necesito esa sangre”.
Hace unas semanas recibió del Parlament de Catalunya la más alta distinción que puede obtener un catalán. “Me dan la Medalla de Oro… Llega pronto, pero si no me lo hubieran dado estaría igual de orgulloso de lo que hacemos. No quiero ser ejemplo de nada. Es un honor inmenso poder recibir este galardón. De parte de mi familia y mía personal, no sé cuándo podremos devolver tanta gratitud. Si nos levantamos tan temprano y sin excusas para trabajar, somos un país imparable. Muchas gracias y visca Catalunya”. Estas últimas frases corren por las redes sociales como eslogan político catalán. Es probable que Pep en algún momento sea empujado a tomar posiciones políticas en una región sedienta de independizarse de España y que tiene en Guardiola a su máximo referente.
Sobre él, Trueba ha dicho que nadie valoró el hecho fundamental de que es hijo de un paleta (albañil). “Su padre, Valentí, representa para él un ejemplo de integridad y esfuerzo. La familia en la que ha crecido le ha inculcado valores antiguos, de cuando ellos no tenían ni dinero ni propiedades que dejar a los hijos, sino solo principios y dignidad. A la hora de estudiar a Guardiola hay que considerar que tras los caros zapatos italianos hay un corazón de alpargata”.
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