Domadora de olas
Marianne Lombardi, promesa del surf
Fotos Billabong
Viene llegando de Tahiti donde logró vencer a la mítica ola Teahupoo. Es una de las deportistas más destacadas del surf nacional, una pasión que la lleva a recorrer los océanos del mundo sobre una tabla.
Marianne Lombardi Córdova (26) parte el día muy temprano mirando el Pacífico y leyendo. Luego, surfea desde las nueve de la mañana hasta mediodía y en la tarde toma de nuevo su tabla hasta que se pone el sol.
“A mi papá le gustaba mucho pescar (murió hace 18 años), mi mamá adora la playa y algunos de mis primos son surfistas, así que de a poco comencé a meterme al agua. Cuando salí de la universidad se me hizo más fácil partir a vivir a la playa que a la ciudad. Y no paré más. Me propuse aprender bien este deporte y se convirtió en mi forma de ser, porque el surf es una manera de ver y vivir la vida… Nosotros vibramos con una bonita puesta de sol o simplemente al ver una ola perfecta; si le preguntas a cualquier persona que se haya convertido en surfista de adulto, dirá que le cambió la existencia para siempre”.
Marianne estudió Pedagogía en Educación Física, pero lleva siete años dedicada por completo a correr olas. Campeona nacional 2008 y número 29 en el mundial de Costa Rica 2009, cuenta que en su eterna búsqueda de las olas sus auspiciadores son clave para mantener el ritmo de vida: “Sin ellos no podría ir a campeonatos o dedicarme a practicar ciento por ciento”.
Así se ha convertido en una de las surfistas más destacadas de la escena local. Acaba de volver a Chile luego de meses corriendo olas en Tahiti. “En junio partí a entrenar y a ver a mi mamá que vive allá. Me fascinó el lugar, su gente, sus olas, su comida. Me enamoré de la Polinesia francesa y me quedé hasta fines de diciembre”. Pero entremedio se ‘arrancó’ a Italia…
“Trato de hacer un viaje al año que no tenga nada que ver con surf, para despejar la mente, mirar otras cosas. Con mi hermana estuvimos en Venecia y Milán, nos divertimos mucho. También pasé dos semanas surfeando en California y después volví a Tahiti. Ahí logré dominar la Teahupoo, la mítica ola tahitiana, ¡fue alucinante!”.
Sus olas preferidas están en Puertecillo, justo en el límite de las V y VI regiones, donde vive sola frente al mar. “Tengo una casita preciosa. Estoy la mayor parte de la temporada allá con mis amigos, desde que se pone buena la ola, hasta que decae. Pero siempre me estoy moviendo, a veces voy al sur (Buchupureo) o parto a Iquique. También visito a mis hermanos (Paulo e Inés) en Reñaca. Somos una familia patiperra”.
Le gustan las derechas (olas que, miradas desde la playa corren de derecha a izquierda). “Lástima que en Chile no tenemos muchas, por eso mi preferida es Las flores, en El Salvador”.
—¿Cómo es una corrida de olas ideal?
—Con mis hermanos o amigas… Está la olita fácil, donde no paras de subir una tras otra y todas van perfectas. Y aunque generalmente muchas sesiones suelen ser increíbles, las mejores las he vivido en playa Bikini (California) con un buen sunset.
—Su viaje más recordado.
—El 2008 fui a Indonesia con mis primos. Estuvimos dos semanas en un bote, teníamos hasta un chef que nos cocinaba mientras surfeábamos todo el día. Fue un sueño y un ataque de risas las 24 horas.
—¿Cómo se hace un campeón?
—El mejor surfista no es el más bueno sino el que lo pasa mejor en el agua. A veces me topo en el mar con gente que está rabiando, no se dan cuenta de lo hermoso que es el contacto con la naturaleza. Y por el lado más técnico, un buen deportista es alguien que corre muy bien en olas chicas y muy sólido en el mar grande. Lo más importante es ser humilde.
—¿Cómo es el nivel de las surfistas chilenas?
—Pese a que hemos mejorado muchísimo y cada vez se ven más mujeres en el agua, estamos a años luz de tener una campeona mundial como la peruana Sofía Mulanovich. Me atrevería a decir que acá hay sólo dos chicas que surfean bien: Sofía Borges y Jessica Anderson, pero sólo a nivel latino. Hay que creer en este deporte porque contamos con uno de los escenarios más potentes del planeta. Sólo falta que nuestros niños y niñas comiencen desde más chicos a practicar.
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