Francia despelotada
Fútbol, política y sexo
Tras el fracaso en Sudáfrica, rodó la cabeza del entrenador y hasta Sarkozy enfrenta la furia ciudadana contra su selección multirracial. Políticos conservadores no dudan en acusar a los jugadores de ‘gentuza’, ¿racismo o verdad?

Cuando la selección francesa se instaló en Johannesburgo, a principios de junio, para disputar la Copa del Mundo, en su país arreciaban las críticas. Después de clasificar a costa de Irlanda ‘con la mano’ del jugador Thierry Henry, nadie quedó conforme con el desempeño del plantel. Pero ni en sus peores pesadillas los franceses imaginaron que un escándalo deportivo, social y político se desataría en tierras sudafricanas. Si la eliminación de los bleus —como se conoce al equipo— en primera ronda (con sólo un partido empatado) ya es una vergüenza, el motín de sus jugadores y los insultos de uno de ellos contra el entonces entrenador Raymond Domenech los dejó a la altura de meros pichangueros de barrio.
Pero la intriga no quedó ahí. Traspasó los camarines y enfrentó al equipo con la prensa, al presidente Sarkozy —y su popularidad por el suelo— contra la opinión pública y puso a los franceses frente a sus propios demonios…
La verdad es que el equipo venía jugando mal y arrastraba un serio conflicto extradeportivo y de faldas… En abril pasado, Zahia Dehar aseguró haber tenido sexo pagado con tres seleccionados —Franck Ribéry, Karim Benzema y Sidney Govou— cuando aún no cumplía 18 años. Aunque admitió que los jugadores no sabían que ella era menor de edad, los tres quedaron bajo investigación de la fiscalía. El caso sigue abierto.
Ya sin la mística de los mundiales anteriores y con ese lío a cuestas, los epítetos al entrenador de parte de Nicolas Anelka —ágil delantero negro del Chelsea— fueron la guinda de la torta. “Andate a la mierda sucio hijo de p…”, lanzó en el entretiempo del partido que perdieron 2 a 0 con México. Enormes letras reprodujeron los agravios en la portada del diario L’Equipe al día siguiente. Después que los demás jugadores se amotinaran y se negaran a entrenar —cuando aún les quedaba un partido por disputar—, la crisis escaló hasta lo más alto. El carácter desbocado y las irracionales decisiones técnicas del seleccionador Domenech —que armó el equipo de acuerdo al signo zodiacal de los jugadores, su carta astral, el tarot y llegó a decir que Escorpión, Leo y Libra eran ‘poco beneficiosos para el grupo’—, hicieron que sus dirigidos le perdieran el respeto. Tras la debacle fue reemplazado por el ex capitán bleu y actual entrenador Laurent Blanc; el presidente de la Federación Francesa de Fútbol (FFF), Jean-Pierre Escalettes, tuvo que dejar el cargo, y Sarkozy intervino. Colapso total, vergüenza mundial.
CONVERTIR ESTE DRAMA EN PROBLEMA DE ESTADO VIENE PERFECTO A SARKOZY para desviar la atención de los problemas que lo aquejan (baja popularidad, huelgas, gastos desmedidos y déficit económico). El presidente decidió el 23 de junio —mismo día en que la selección regresó a su país— convocar a una reunión al Primer Ministro y a la ministra de Salud y Deportes para analizar las consecuencias del ‘desastre’ en Sudáfrica. La intervención cayó como bomba a la poderosa Federación Internacional de Fútbol, FIFA, que amenazó con desafiliar a Francia si los políticos siguen en medio. Al fútbol lo que es del fútbol.
A última hora, Sarkozy anuló una reunión con responsables de varias ONG, con quienes debía preparar las cumbres del G-8 y del G-20 en Toronto, para encontrarse con Thierry Henry, delantero francés y mayor goleador de la historia del país. Pese a haber sido vilipendiado públicamente tras la ‘mano’ en la clasificación, es uno de los jugadores más queridos y respetados. Y sabe manejarse con la prensa. En paralelo, 2 millones de personas participaban de una huelga general debido al proyecto para retrasar la edad de jubilación.
Incluso, la crisis tomó ribetes étnicos tras la entrada en escena de Roselyne Bachelot, ministra de Salud y Deportes: “Solo puedo constatar el desastre en un equipo donde los caïds (jefes de bandas de delincuentes) inmaduros controlan a niños atemorizados”, aludiendo al supuesto poder de jugadores como Anelka para obligar a los demás a ir a huelga. Ellos, mientras tanto, realizan una caza de brujas para saber quién divulgó los escandalosos entretelones de camarines. “Hay un traidor entre nosotros”, dijo el capitán del equipo, Patrice Evra. Para la ministra Bachelot, éstas son actitudes de “personajes insoportables”, que “juegan a la autosuficiencia”.
Nada mejor que eso para terminar de destruir la imagen del equipo. El filósofo Alain Finkielkraut, figura conservadora parisina, escribió en el Journal du Dimanche que esta debacle es el resultado de un “grupo de sinvergüenzas que conocen sólo una moral: la de la mafia”. Sus letales palabras no son aisladas. Benjamin Lancar, presidente de los jóvenes del UMP (Unión por un Movimiento Popular, partido mayoritario de gobierno) asegura que el filósofo “tuvo razón al hablar de un equipo de gentuza”, y subraya las “tensiones étnicas” que existirían en el plantel. El ex jugador Emmanuel Petit, de hecho, habría hablado incluso de una “islamización de la selección de Francia”. Según Lancar, “está claro que hay clanes en este grupo”.
Por su parte, el sociólogo especializado en problemas de delincuencia y violencia en poblaciones de inmigrantes, Laurent Mucchielli, considera que está imperando “una politización y etnización de los jugadores, que es una forma de racismo lamentablemente avalada por las más altas autoridades del Estado francés”.
Otro gallo cantaba en 1998. Cuando los bleus ganaron el Mundial en casa, todos identificaron a ese equipo con la Francia moderna. El país hablaba de la selección negra-blanca-árabe, compuesta por jugadores de todas las razas. El propio Zinedine Zidane, de padres argelinos y proveniente de la periferia de Marsella, simbolizaba ese sueño. Pero el cabezazo que le propinó a un jugador italiano en la final de Alemania 2006 y los disturbios en la banlieue (suburbios), un año antes, acabaron con la idealización de los inmigrantes.
El equipo actual tiene diez blancos y trece negros. Y si bien se los considera grandes deportistas, después del escándalo “son reducidos a su color de piel y a su medio social de pertenencia”, señala Mucchielli. “Los jugadores no son profesionales de la representación nacional”, agrega el ex jugador Vikash Dhorasso. “Muchos de ellos vienen de barrios populares, desde donde parten a los doce o trece años a centros de formación futbolística. Los sacan de su ambiente a la edad en que un niño aún vive con sus padres. Luego, de adultos, aparecen desconectados de la realidad”.
“El fútbol es un medio de ascensión social —explica el sociólogo—. No es algo nuevo que la mayoría de los jugadores sea inmigrante, por lo tanto eso no explica la crisis. Evidentemente hay otra cosa, organización, preparación, el funcionamiento de la Federación de Fútbol… Para que un grupo funcione necesita dinámica y un jefe”. Sus dardos tienen nombre y apellido: Raymond Domenech.
Pero al ex seleccionador no le entran balas. Le echó toda la culpa al diario L’Equipe: “Sin esa noticia, habría podido manejar la situación”. Luego del desastre, la comparecencia de Domenech al Parlamento fue a puertas cerradas, “un escándalo” según el ex ministro de Deportes Jean-François Lamor. Sin explicación convincente ni vergüenza, el técnico fue despedido, ¿logrará su sucesor aplacar la crisis terminal y revivir con éxito a los queridos bleus?
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