La moda como arte
Diseños de Carolina Herrera
Por Cristina Colmena, desde Nueva York
La colección primavera 2012 tiene una clara inspiración con la Bauhaus, la escuela alemana que en los años ’20 apostó por formas puras y diseño arquitectónico, evidentes en el corte geométrico de los modelos que Carolina Herrera mostró en el Fashion week de NY.
Las 9:30 de la mañana. No son horas para ir a la ópera o al ballet y, sin embargo, Lincoln Center tiene la agitación de un estreno en la Metropolitan Opera de Nueva York. Tacones vertiginosos, fotógrafos, cámaras de televisión, bellas mujeres y famosos con gafas oscuras llenan la plaza… Pero esta vez no son las arias de Puccini o el ballet de Stravinsky los que atraen a todo este público sino la Fashion week, que vuelve a celebrarse en el epicentro cultural de la capital neoyorquina.
¿Será que la moda también es un arte? Probablemente. Y, además, un negocio que, según The New York Times, genera cada año 466 millones de dólares de beneficio. Quizá por eso el alcalde Michael Bloomberg decidió trasladar el evento al escenario donde tienen lugar los acontecimientos culturales más importantes de la ciudad. Sin duda esta ubicación confiere a la moda una categoría bastante aproximada al arte. O, al menos, las pasarelas a veces acaban convirtiéndose en una especie de galería que muestra orgullosa otro tipo de lenguaje estético, hecho a punta de telas y costuras.
Un buen ejemplo de esto fue el desfile de Carolina Herrera en la Fashion week de septiembre. Ahí, los flashes recogieron líneas y colores, geometrías y estampados inspirados en obras de la Bauhaus, con el color como gran protagonista.
Entre el público, estaba la gente que admira esos diseños con la devoción con que se contempla un Picasso o un Cezanne, y auténticos gurús de la moda, más temibles que cualquier crítico de arte.
EN PRIMERA FILA, ANNA WINTOUR, EDITORA DE VOGUE, observaba atentamente el desfile tras unas gafas de sol para defenderse del resplandor de los disparos. Adorada y temida, sus veredictos suponen el éxito o fracaso de una colección. ¿Recuerdan al tiránico personaje que interpretaba Glenn Close en El diablo viste de Prada? Se inspiraba en ella. A su lado, la rapera Nicki Minaj le roba protagonismo con un estrafalario vestido hecho con pompones de colores y una colosal peluca rubia, sin duda uno de los outfits más comentados del desfile, aunque no estuviera sobre la pasarela.
Otras celebrities acechadas por fotógrafos: la actriz Renee Zelweger, la cantante Corinne Bailey Rae y Olivia Munn, estrella de la TV americana.
Sin duda la Fashion week es un lugar para mirar y ser mirados. La pelirroja melena de Grace Coddington, directora creativa de Vogue y ex modelo brilla con los flashes. Sentada al otro lado de la pasarela, su opinión es de las más relevantes en dictar lo que sí y lo que no. Asientos más allá, otra sacerdotisa: Nina García, editora de Marie Claire y jurado en Runaway Project, el reality show que presenta Heidi Klum donde los concursantes son diseñadores que aspiran a estar entre los grandes, tal vez a tener su propio desfile en este evento.
Una vez más Carolina Herrera convoca para el estreno de su colección a lo más selecto de la sociedad neoyorquina y de la moda. Entre bastidores, con una sobria falda negra y una camisa blanca, sonreía segura ante el paso de las modelos, se apoya firme sobre unos rotundos tacones rojos. Conoce el terreno, no tiene miedo. Su carrera es quizás una de las más estables en el impredecible mundo del diseño, su apuesta por la elegancia y la feminidad suele ser recompensada por un público fiel y una crítica que la respeta.
La colección para la primavera 2012 tiene una clara deuda con la Bauhaus, la escuela alemana que en los años veinte apostó por las formas puras y el diseño arquitectónico, evidente en el corte geométrico y en muchos estampados.
Su propuesta: una mujer urbana que no renuncia a la sensualidad. Los tejidos elegidos —muselinas, crêpes y organza—, quitan dureza a las líneas y envuelven con telas que parecen flotar sobre unos estilizados y prácticamente “invisibles” zapatos de Manolo Blahnik que recorren la pasarela.
El ritmo de la música marca un pulso casi industrial al desfile que comienza con diseños muy primaverales en colores verdes y amarillos, seguidos de unos atrevidos rojos. Uno de los aspectos más innovadores de la temporada es el trabajo con prints, en especial las constantes referencias al art déco y a la abstracción.
A pesar de unos cuantos pantalones y algunas chaquetas de corte arquitectónico Carolina Herrera opta por vestidos con tirantes, transparencias, faldas volátiles y cortes que dibujan la figura. Como nota dominante, la línea depurada. Quizás el “arte” de la diseñadora sea combinar a la perfección cualquier tejido, cualquier tendencia, con una poderosa feminidad, sello de la casa.
Tras una larga carrera, Carolina Herrera se ha convertido en un valor seguro: sabe lo que quiere vestir una mujer y se lo ofrece cada temporada con la novedad necesaria. Su etiqueta hace años ya es garantía de elegancia. Y ahora, el plato fuerte son los trajes de noche en deslumbrantes verdes, amarillos y gris perla con cortes estilizados.
En el backstage, fotógrafos y cámaras de televisión la acorralan, mientras el atareado staff envuelve en fundas de plástico las prendas que hace un momento se deslizaban sobre la pasarela. Reinaldo, su marido, y sus hijas saludan a algunos de los incondicionales de la diseñadora. Carolina Adriana, su mano derecha hace años, nos comenta que ésta “es una colección muy Carolina Herrera, acorde a su recorrido profesional, fiel a su estilo”. Su madre dice que Carolina Adriana encarna a la perfección a la mujer joven, elegante y con estilo propio para la que diseña. ¿Una especie de musa? Nos habla de los colores y de que sus preferidos son los vestidos de noche hasta que es reclamada por una cadena de televisión.
El backstage ya está casi vacío. Periodistas y fotógrafos se han ido a cubrir otras pasarelas, mientras Herrera y sus hijas se hacen las últimas fotos. Relajadas y satisfechas sonríen como cada Fashion week. No hay riesgos, la apuesta es segura. Su arte: mantenerse tantos años en primera línea, no defraudar nunca, haberse convertido en un clásico. Los trajes delicadamente envueltos serán llevados de nuevo a los talleres, transportados con todo cuidado, después de su “estreno” en Lincoln Center.
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