¡Invencible!
Detroit renace en USA
La ciudad que estuvo a punto de colapsar con la crisis del 2009, hoy se levanta de la mano de una de las ferias automovilísticas más importantes del mundo. Paraíso para los fanáticos de las cuatro ruedas, se ha convertido además en un interesante destino. Le contamos por qué vale la pena hacer una escala. Por María Jesús Larraín Mac-lean.
La 8th Mile es la avenida principal, la columna vertebral que cruza la ciudad de extremo a extremo. El punto neurálgico donde se entiende qué es estar en Detroit: autos corriendo a velocidades increíbles, música afroamericana a todo volumen, un buen café y, por supuesto, mucho frío. En la capital del estado de Michigan, al noreste de Estados Unidos, se viven casi seis meses de invierno al año con una temperatura promedio de menos 10 grados… el clima es duro. Sin embargo y a pesar de que las canciones de E-Minem, el famoso rapero blanco, hablan de las miserias de la ciudad y de las dificultades en las calles, Detroit hoy se levanta luego del fuerte descalabro económico de 2009, da la pelea y se posiciona como un destino interesante.
“El Auto Show es el evento más importante del año para la ciudad”, comenta Samuel Creekel, vocero del North American Auto Show. Cada enero la ciudad se prepara para recibir a más de 80 mil visitantes. “Esta feria es un fenómeno de orgullo, pero también de ingresos: se recaudan más de 350 millones de dólares”, cuenta.
Concuerda con que la crisis financiera que golpeó con dureza a la industria automotriz el 2009 ya está pasando. “En el 2010 comenzamos a trabajar con optimismo para traer a Detroit de vuelta, el problema fue que no contábamos con todos los productos y eso se notó en la feria del año pasado, hoy se puede ver que la industria se ha fortalecido y que tenemos muchos modelos que están de vuelta, entre ellos 35 lanzamientos”, comenta.
Henry Ford fue el gran visionario de la ciudad. Dejar las carretas en el pasado y atraer pobladores a esta zona de Estados Unidos fue su sueño. “Los caballos desaparecerán para siempre de las carreteras y todo el que tenga un buen sueldo podrá tener su propio auto” fue la profecía de este mecánico que con la creación del model T, el primer auto en serie del mundo, echó a andar una de las compañías automotrices más importantes del mundo. Así fue como Detroit pasó de la vida campesina a una alborotada urbe, que cobijó a las grandes fábricas de automóviles Ford-GM y Chrysler. Aparecieron edificios art-déco, casinos impactantes, sin nada que envidiar a Las Vegas, y elegantes hoteles de lujo que recibían a los cientos de ingenieros que llegaban de todas partes. La ciudad se convertía en una de las más pobladas del país y en símbolo del sueño americano cumplido.
Para recordar los comienzos, nada mejor que visitar Greenfield Village, un pueblito estilo vintage, donde no sólo se puede dar una vuelta en el original modelo T, sino que además se puede almorzar a la antigüa, ver el paso de las señoras con pomposos vestidos y entender por qué Thomas Alba Edison se demoró tanto tiempo en dar con la ampolleta, uno de sus inventos más notables. Por donde se le mire, Detroit es historia.
“No hay mejor lugar para un fanático de los autos”, asegura George Zede de 74 años, quien hace más de treinta se relaciona con el mundo automotor. “Me siento orgulloso de pertenecer a una generación que ha sido forjadora de Estados Unidos… desde que vi a mi papá y abuelo entrar a la Chrysler”. El también trabajó ahí hasta los sesenta y dice que mucho de lo que sabe se lo debe a la compañía. Hoy es voluntario del Walter P. Chrysler Museum, parada obligada en una pasada por Detroit. Los visitantes buscan descubrir los orígenes de la industria automotriz y ver aquellos modelos famosos por haber aparecido en el cine: Rumbler, Plymouth, el Space Car y AMX de 1968, son algunos de ellos.
Desde Guam hasta la República Checa… de todas partes del mundo llegan los turistas. “La gente se entretiene en el museo porque ve autos con tocadiscos, grandes turbinas, diseños nuevos y viejos. Yo estoy porque me gusta y por eso lo hago gratis. Me siento orgulloso de pertenecer a una familia como lo es esta empresa”. Confiesa que uno de sus grandes alicientes es la admiración que siente por el Thunderbird, su auto favorito y razones tiene: un cobrizo delgado, cuyas líneas delatan elegancia.
“Detroit es rudo, símbolo del espíritu norteamericano, una ciudad que no se deja vencer por los obstáculos”, es parte de la promesa que hace Chrysler con el nuevo lanzamiento del 300, auto que según la prensa especializada promete convertirse en el automóvil del año para los norteamericanos. “No debemos olvidar de dónde venimos, para saber hacia dónde vamos, dónde se mantiene el origen y se muestra el futuro”. En este auto verás la más alta tecnología, pero a la vez, te hace sentir que tienes algo cerca de casa”, comenta Ralph Gilles, el flamante jefe de diseño de la compañía norteamericana y que apuesta por la llegada de este modelo, no como uno más, sino como la renovada vuelta de Chrysler después de la crisis del 2009, que casi lo hace desaparecer. “Basta de patearnos porque somos de Detroit, basta de decir que estamos golpeados por la crisis y desapareciendo, esta ciudad tiene demasiado para mostrarle al mundo y eso es lo que vamos a hacer”, agrega.

