La flexibilización de rutinas, de flujo de actividad y descanso, sería la razón por la cual cuesta que los hijos se adapten al horario escolar. “Los niños atraviesan una serie de cambios en sus hábitos de alimentación, horarios de actividad y sueño en vacaciones, lo que les dificulta enormemente la tarea de reacomodarse a la estructura que necesitan durante el resto del año”, explica Nicolás Núñez, sicólogo del Centro Terapéutico Origamis.

Para manejar este estrés de vuelta a clases, el experto recomienda que los padres sean pacientes, que acomoden gradualmente los horarios y que planifiquen las actividades para facilitar el regreso a una estructura. También reducir la ingesta de azúcares y carbohidratos durante la noche y estar pendiente de sus horas de sueño.