La imagen del final recorrió las portadas de los diarios y quedó como el fondo de pantalla de muchas adolescentes que sueñan con él. La foto de Alexis Sánchez —festejando con la camiseta al viento el primer gol contra Ecuador, en la última fecha del camino hacia Brasil 2014— era el desenlace perfecto de una aventura, una postal que ni el escritor más futbolero hubiera podido mejorar. Las mujeres repararon en los trabajados abdominales del “Niño Maravilla”. Los hombres se detuvieron en el click anterior del fotógrafo, cuando el tocopillano saltó y le ganó de cabeza a su rival ecuatoriano que medía 20 centímetros más que él. Los niños de todo Chile se quedaron prendados a la polera Puma que iba empuñada en su mano derecha y, de seguro, se acostaron pensando que habrían de apurarse para escribir la carta —o el email, en tiempos de la posmodernidad— que le enviarían al Viejito Pascuero para que en Nochebuena esa camiseta, ojalá la misma, esperara por ellos a los pies del árbol de Navidad.

No se trata de un anhelo nuevo. La camiseta roja ha estado en el imaginario colectivo desde hace décadas. Ya en 1962 se desataba la fiebre por tenerla. “Mi primer recuerdo de una camiseta de la selección, es la de ese año. Era una roja muy parecida a la actual. Imposible no acordarse”, dice el premiado periodista e historiador de fútbol Edgardo Marín. El autor de La Roja de Todos y la Historia total del fútbol chileno. Todo el país vivió alrededor de esa camiseta y la número 11 de Leonel Sánchez era motivo de devoción.

“Lo que ha cambiado es el diseño y también el peso —recuerda Marín—. Los jugadores antes se quejaban de que con la lluvia la camiseta se convertía en una armadura de plomo. Ahora no, las camisetas modernas no sólo absorben la transpiración sino que hasta la evaporan. Además, actualmente son más simples, antes tenían botones”.

Esa camiseta que fascinó a Marín en el Mundial de 1962 provocaría más tarde efectos parecidos: la de Patricio Yáñez en el camino a España ’82 —las carreras del entonces jugador del Betis hicieron que la número 7, el dígito que ocupaba Yáñez en el dorsal, fuera objeto de deseo—, la de Iván Zamorano —a fines de los ochenta, la de Bam Bam era demandada con ansias—, y la 11 que lucía Salas, una vez que Chile clasificó a Francia ’98, dan cuenta de una fiebre que ha perdurado en el tiempo y que brota con fuerza cuanto más se acerca la Navidad.

En el mercado de los deseos de esta temporada, la de Alexis Sánchez, sin duda, saca ventajas a otras que no tienen pocos partidarios: la de Arturo Vidal, la de Gary Medel, la de Eduardo Vargas.
“Si tuviera que regalar una camiseta, yo me inclino por la de Alexis. ¿Por qué? Simple, para los niños, la del Niño Maravilla”, fundamenta Marín.

En la misma sintonía, el periodista Danilo Díaz, comentarista de radio ADN y autor del libro Alexis, el camino de un crack, también se inclina por la polera del delantero del Barcelona. “Uno elige la de Sánchez, porque los punteros tienen una magia especial, la magia de la gambeta. Ahora, si hubiera una réplica del Mundial 62 también regalaría esa”.
La camiseta de la selección, que fue estrenada en febrero de 2012, se vende en las grandes tiendas con dos precios: $ 34.990 para los adultos y $ 29.990 para niños. Con algo de suerte se puede encontrar, ya que los hinchas han barrido con ellas.

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Se compra sólo la polera, sin el número ni nombre de los jugadores. Para personalizarla, hay que ir a otro lugar a que la estampen.
De todas maneras, Puma —el sponsor oficial de la Roja— ya está trabajando en la nueva piel de la selección, como le gusta decir a la empresa alemana. “Queremos que esta nueva camiseta los impulse a conseguir muchos triunfos y siga siendo el orgullo del país”, afirma Ezequiel Bagnardi, gerente de marketing de Puma Chile. Y explica que están ideando el nuevo modelo bajo la idea de que los chilenos han sido invitados a una gran y lujosa fiesta; la intención es impresionar. El estreno del flamante diseño será ante la selección de Alemania, en el amistoso que está programado para el mes de marzo de 2014.

Si en Chile la camiseta más añorada es la de Sánchez; en Argentina, la “10” de Lionel Messi lleva la delantera… y por lejos. Quizá sólo puede disputarle el número de unidades vendidas la réplica de la número “10” de Diego Maradona, usada en México ’86, con el gallito de Le Coq Sportif.

Y si uno amplía el foco a lo que ocurre en el mundo, las poleras de fútbol más vendidas según un estudio de la empresa Sporting Intelligence —hecho considerando las ventas de 2012—, fueron las de Manchester United y Real Madrid, con 1,4 millón en todo el orbe; escoltadas por la del Barcelona, con 1,15 millón de unidades.

Entretanto, en la NBA todo está más claro: la “6” de LeBron James, campeón con Miami Heat, fue la más comprada en el mundo en la última temporada. “Saber que tanta gente me observa, tantos chicos, eso significa que sigo siendo la inspiración para los jóvenes y me ven como un modelo a seguir”, dijo el alero, quien aventajó a Derrick Rose, de los Chicago Bulls; Kobe Bryant, de Los Angeles Lakers, y Kevin Durant, de Oklahoma City Thunder.

La historia de la Roja es larga y ha tenido sus matices. En sus primeros partidos, allá por 1910, la camiseta estaba partida en dos franjas verticales: rojo y blanco. Después de un breve paso por el rojo actual, se utilizó una totalmente blanca, hasta que en el Sudamericano de 1947 se estableció como definitivo el color que se usa en el presente.

La camiseta roja que revolea al viento, el torso desnudo de Sánchez que arranca suspiros femeninos, el estadio celebrando una clasificación, los puños apretados de Jorge Sampaoli. ¿Querían una postal de Navidad? Ahí la tienen.