Hay hombres que desatan las más oscuras fantasías femeninas, incluso de mujeres decentes y bien portadas. Como yo. Un ejemplo es el Chino Ríos quien, desde que pasó la barrera de los 30 años, ingresó a mi lista de ‘igual Pascual’.

Por eso, cuando supe que el ex Nº 1 de la ATP sacó cuenta en Twitter, no lo pensé y abrí una propia como @josefinaabc1 con el solo propósito de tener un encuentro cercano (de cualquier tipo) con el tenista.  ¿Cómo una madre de familia tendría un touch and go virtual con el Zurdo de Vitacura?

En primer lugar puse en mi perfil “Una señora respetable, como tu mamá”. Apelé a la figura materna y virginal que flota en el inconsciente de todo hombre chileno.

Con esa idea en mente le envié el fin de semana mi primer tweet: “@MarceloRíos75 Chinito!, saqué Twitter sólo para seguirte, mándame un saludo (respetuoso) y seré feliz”. En una de esas, ‘salta la liebre’, pensé. Por supuesto que esta operación fue a espaldas de mi marido, quien miraba un partido de fútbol donde no había nada digno que observar  (jugadores italianos, portugueses, algo mediterráneo: sano y rico).

Mientras miro cada 15 minutos la red social, hago un recuento de qué es lo que podría seducir, inquietar o acalorar del Chino Ríos a una mujer chilena.

Para empezar, sus brazos y abdominales. Sí, estoy de acuerdo en que no se trata de una cualidad muy espiritual que digamos y que unos oblicuos bien definidos, lejos de guiar por la senda de la virtud, están más cerca del camino que lleva al infierno de la carne. Pero ‘qué le hace el agua al pescado’, como decía una monja de mi ex colegio mientras se zampaba un berlín con doble crema pastelera.

En fin, un cuerpo masculino trabajado es algo que la chilena promedio agradece ya que por aquí abundan los hombres buenos para descalificar, pero que jamás se han mirado al espejo con espíritu crítico.

Marcelo Ríos es, además, sensual.

Sus ojos de un verde caprichoso, aunque no alcanzan para ‘ojitos de patrón’ (azules), sí le otorgan algo exótico. Pero es su boca la que invita a un mundo prohibido, más allá de la selva de cemento. Por eso, entiendo a la periodista (¿o era reportero?) que una vez desató su ira cuando le preguntó sobre sus probables ancestros nativo americanos: lo que pasa, Chinito, es que quien te entrevistó estaba, en verdad, on fire, y en lo único en que pensaba era en una noche de lujuria más allá de la civilización occidental. Igual que yo.

Bueno, mientras espero alguna respuesta en mi Twitter, sigo repasando el fenómeno Ríos.  Su boca, por ejemplo, no sólo se trata del envase, sino del contenido. ¡Cuánta rebeldía en esa lengua indómita! En un país donde los machos están acostumbrados a decir lo que conviene, el Chino dice lo que piensa. Y punto. (Aunque no siempre es de muchas luces, hay que decirlo.) Algo que replicó en Twitter, como cuando respondió a un seguidor sobre una biografía suya “Sí la leí, como el hoyo”. Pero sobre todo cuando le pidieron por la red que firmara el libro: “El hoyo te firmo”.

En algún momento le echó la culpa al Asperger ¡Pero del espectro autista el Chino no tiene nada! Es cosa de ver como bailaba con la crespa en París y luego derramaba lágrimas por su ex novia Giuliana. Eso no es Asperger, es calentura nomás.

Y sigo esperando el Twitter. A estas alturas algo despechada, sobre todo cuando veo que una tal @msfrancispepper anota algo así como “Algún día me leerá, me enviará un DM y tendremos una noche de pasión”, y el Chino le responde: “Con raja me dejan salir a la esquina y una noche de pasión quería…”. Chinito, se nota que tu mujer y madre de cinco de tus seis hijos, te tiene cortito. La felicito.

Sí, Marcelo Ríos, maduraste (tienes 40 y estás en la flor de la edad), aunque el camino no fue fácil. ¿Cómo olvidar tu romance con la suelta de la Kenita que te llevó al altar en tiempo récord usando, quizá, qué sucios artificios? Y tú dejaste que te quebrara el servicio. Por eso, por tu trauma, te perdono que hayas estacionado el auto en un lugar para minusválidos: no fue de mala fe, como explicaste (me consta que llevabas a la clínica a tu hijo enfermo) sino que el inconsciente te jugó una mala pasada: desde el mediático y asistido ingreso de la Kenita al aeropuerto, como que le agarraste fobia a las sillas de ruedas.

Por último, fuiste el número uno del tenis. En eso, nadie te supera. Y, bueno, también es cierto que duraste menos que un candy, pero Chinito no te pongas colorado que a todos los hombres les puede pasar.

Pasó el fin de semana y espiando Twitter me doy cuenta de que desde el 4 de junio no escribes y yo muero de ansiedad por un ace o lo que sea.

 No me hagas esto, Chinito, que no quiero repetir esa frase tan tuya: “¡No estoy ni ahí!”… ni con Twitter, ni contigo, ni con esta fantasía adolescente impropia de una mujer decente. 

Esto me pasa por mis ganas de pecar.