La pista de carrera en la escuela Waldensia donde Usain Bolt estiró por primera vez las piernas como atleta es un pedazo de pasto en un terreno irregular. “Sí, allí empezó todo”, dice el velocista superestrella.

—¿Recuerdas qué pasaba por tu cabeza cuando corrías ahí?

—Pensaba en ganar.

Usain Bolt (a un par de días de cumplir 30 años) tiene una manera de hablar que ‘baila’ con una sonrisa suave y cadenciosa. Con su metro 95 centímetros, delgado, musculoso y con una piel que parece caoba pulida entra en la habitación de un hotel de Kingston. Posee la gracia de una gacela.

Su escuela se emplaza en una colina con vista a la pista de atletismo. Es un edificio de ladrillo que no ha cambiado mucho desde que él fuera alumno. En esos días tenían letrinas que ahora él se encargó de cambiar por retretes. Este es el más insignificante de los muchos actos de generosidad que el atleta más rico del mundo (US$ 33 millones en el último año) ha tenido con su país. En las paredes hay un enorme mural con Bolt en su pose —ya marca registrada— que el mundo conoce como el ‘rayo’ y que él llama “To Di World”,  como el paso de dancehall jamaiquino.

Esa postura llamó la atención cuando ganó en los Juegos Olímpicos de Beijing (2008) y estableció tres récords mundiales: 200m, 100m  y relevo 4 x 100m. El planeta quedó boquiabierto.

Para Londres 2012 el gesto ya explotó cuando se alzó como el primer atleta en la historia en ganar medallas de oro en Juegos Olímpicos consecutivos en las mismas pruebas. Y ahora va por Río de Janeiro, donde al cierre de esta edición ya había ganado el oro en 100 metros planos. Su objetivo es lograr el ‘triple-triple’, que incluye también los 200 metros y la posta 4 x 100.

—¿Qué es lo que siempre has soñado?

—Quiero ser un grande.

—¿Qué es eso?

—(Piensa) Significa ser recordado. La gente habla de deportes todo el tiempo y quiero ser parte de esa conversación. Ya sabes, cuando se refieren acerca de los grandes ellos son Ali, Michael Jordan, Pelé

—¿Acaso no sucede ya?

—Sí, pero todavía estoy corriendo. Estoy fresco en la mente del público. Cuando me retire quiero ser tan grande que no me puedan olvidar. Estampar una huella en la historia. Es lo que deseo y estos juegos me ayudarán a cumplirlo.

La ruta hacia la casa de infancia de este ídolo en Trelawny pasa por curvas, plantaciones de plátanos y papayas. Costa arriba en Jamaica llegamos a Sherwood Content, pueblo de pequeños bungalows y chozas de madera pintadas con alegres colores. La casa donde se crió Usain, y en la que vive su familia, es visiblemente la más grande del lugar: de dos pisos, recientemente modernizada y con una 4×4 estacionada al frente.

Su padre Wellesley y su madre Jennifer manejan una tienda en el pueblo. Con ellos viven su media hermana mayor Sherine y el medio hermano menor Sadiki.

El distrito de Trelawny ha producido un número desproporcionadamente alto de estrellas del atletismo, como Warren Weir (medallista de bronce olímpico) y la siete veces ganadora en los juegos Veronica Campbell-Brown, entre otros. Varias teorías han surgido sobre este éxito: herencia genética; el terreno montañoso; algo en el agua que añade nutrientes al ñame cultivado (opción favorita de Bolt).

Sea lo que sea, el corredor lo tuvo en abundancia. En los campeonatos escolares “se podía ver a este chico alto, un talento natural en bruto”, recuerda Lorna Thorpe, jefa de deporte. “El director le dio una beca porque no queríamos perderlo”, detalla.

La actual directora del colegio, Lorna Jackson, recuerda que era sólo “un estudiante promedio” , pero muy popular. “Un muchacho alegre y despreocupado. Todo el mundo lo quería”.

“Di problemas en la escuela. Nada serio. Era reconocido por siempre estar sonriendo”, confiesa el atleta.

Bolt no tenía ningún interés especial por el atletismo. Le encantaba jugar al fútbol y cricket. “Corría sólo porque era bueno y ganaba”, explica y se encoge de hombros.

USAIN-INTERNA

En el año 2002 tenía 15 años y debutó en el Campeonato Mundial Junior en Kingston. Ganó los 200 metros, convirtiéndose en el medallista más joven. Ofertas de becas deportivas comenzaron a llegar desde universidades de Estados Unidos. “Todavía las tengo en mi cajón”, dice Lorna Thorpe, a quien el record man considera su segunda madre. Pero Jamaica abrió un centro de alto rendimiento y decidió quedarse en el país.

—¿Dudaste?

—Me decían que sería mejor si partía al extranjero. Querían que fuera a un país helado y yo les respondía: Nah, no tolero el frío (ríe). En realidad sólo quería estar cerca de mi familia.

Al principio tomó su talento por sentado. Pero el entrenamiento fue duro. En su debut en los Juegos Olímpicos, en Grecia de 2004 fue eliminado en la primera ronda y la prensa de Jamaica se volvió en contra de su chico dorado por falta de autodisciplina.

—¿Cuándo cambias?

—Con un nuevo entrenador, Glen Mills. Me dijo: Es necesario tomar esto en serio. No se puede ser un campeón olímpico sin entrenar duro. Empecé a entender. Fue cuando me fijé metas y a trabajar para ser el mejor.

A todas luces, Usain Bolt no debería ser un velocista porque es demasiado alto para cortas distancias. Su comportamiento, también, es diferente. Momentos antes de una carrera importante, mientras los otros corredores están en una posición tensa y agresiva, este jamaiquino se mueve como si escuchara música en su cabeza, hace el gesto de un corazón y lo dedica a la multitud. 

El siempre apunta al cielo. “Su familia es religiosa y lo criaron así”, señala Thorpe.

—¿Sientes la presión?

—Estoy preparado a mi máximo. En la partida no tiene sentido preocuparse de más. Todo lo que queda es relajarse y correr.

Luego desarrolla: “Mi entrenador siempre me habla de la ‘memoria muscular’: si trabajas algo lo suficiente se convierte en parte de ti; simplemente sucede. Practicas y practicas para que cuando llegues a la final olímpica todo lo que tienes que hacer es salir y correr. Si piensas mucho, surgen errores”.

Dejando fuera su descalificación por partida falsa en los 100m del Mundial de Corea del Sur (2011), Usain Bolt no ha perdido ninguna gran carrera en los últimos ocho años.

—¿Juega en contra ser invencible?

—Nunca me miro así. Jamás. Porque se trata de una carrera y cualquier cosa puede salir mal. Mi entrenador me lo explica así: Sal para ganar, pero nunca sientas que no puedes perder. En la línea estoy seguro de que voy a ganar, pero no pienso Nadie me puede vencer

En un deporte que llegó a Río marcado por controversia por el uso de drogas para mejorar el rendimiento, la integridad de Bolt y su carácter intachable toma una importancia monumental. Es como si toda la reputación de las carreras de velocidad descansara sobre sus hombros. Sería un mal día para el espíritu humano si cayera en esa desgracia.

—¿Es un peso extra?

—No hay presión. Es ser yo mismo donde vaya. Represento al deporte, a mí, al país.

Con una temporada 2015 relativamente pobre, la atención resurgió durante su carrera en contra del favorito Justin Gatlin en el Mundial de Beijing. El velocista norteamericano aparecía con un historial manchado por dos sanciones por sustancias prohibidas. La victoria de Bolt —contra todo pronóstico— fue recibida con un suspiro de alivio. Como un triunfo del bien sobre el mal. 

El jamaiquino no sanciona al neoyorquino: “Si la federación internacional dice que puede correr, no tengo problema”.

Pero la opinión es diferente cuando se trata del estadounidense Tyson Gay, quien dio positivo en esteroides anabólicos en 2013 y fue suspendido por un año. Además, le quitaron la medalla de plata que ganó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

El jamaiquino lo quería expulsado.

—¿Por qué opinas distinto de Gay?

—Hay que entender que me afectó profundamente por mi relación con él. No había un lazo, pero sí una competencia. Lo respetaba como persona y  atleta, debido a su forma de correr y  trabajar. Y con  los años se construyó una rivalidad que me gustó mucho. Me encanta la competencia, él fue mi mayor rival y me hacia sentir al tope del juego: tenía que estar centrado, listo. Tal vez con el tiempo lo voy a superar.

Usain Bolt es, probablemente, el atleta al que más testeo de drogas someten. Y eso lo alegra: “No tengo ningún problema con ser porque es mejor prueba de drogas” .

Bolt conserva los mismos amigos de toda la vida y alimenta el lazo con Jamaica. Su mánager Ricky Simms, con quien lleva 16 años trabajando, cuenta que cuando le tocó negociar su primer contrato con Puma, el velocista puso como condición que la firma entregara zapatillas y elementos de atletismo a su escuela. “Nadie le dijo a Usain que pidiera eso. Fue su deseo”, detalla. 

Todo el mundo está de acuerdo que Bolt nunca ha olvidado de dónde viene. Su fundación ha entregado computadoras a su colegio, además de reconstruir un centro de salud en Sherwood. E insiste en que cualquier comercial se debe realizar en Jamaica y contratando personal del país.  

Tiene novia, pero no entrega detalles sobre esta coterránea con quien lleva dos años. Está consciente de la alerta a los medios. Su nombre es Kasi y tiene una figura curvilínea, como exhibió junto a él en un carnaval de Jamaica sólo vestida de plumas. 

—¿Cómo te manejas con la fama?

—No quiero hablar de mi relación, ya que si digo algo se van a publicar muchas cosas. Y le he dicho a ella que no lo podrá manejar. Yo, en cambio, sé cómo actuar. 

—¿Quieres una familia?

—Me quiero casar, debido al ejemplo de mis padres. Pero sé, a ciencia cierta, que no lo haré antes de los 35 años.

El ídolo ha dicho que su intención es retirarse después del Campeonato Mundial 2017. Luego desea permanecer en el atletismo en un papel de embajador.

—¿Cómo te ves en el retiro?

—Viajando y dedicándome a animar a los niños para que hagan este deporte. 

Su mánager lo imagina en el cine y TV: “Se siente muy cómodo delante de la cámara”.

Pero antes de ir por esos planes, el foco se instala en estos Juegos Olímpicos. 

—¿Confiado en tus metas para Río?

— Siempre hay que tener confianza.