Una vez más, todos preocupados de la selección. Cuando ya (casi) nos habíamos olvidado de Bielsa, no por no echarlo de menos, sino por el tiempo transcurrido desde su partida, volvemos al funcionamiento clásico de nuestro fútbol: técnicos amarrados a los resultados (desastrosos), imposibilidad de cerrar ciclos de trabajo correctamente, trascendidos, peleas, renuncias/despidos en el camarín…

Lo de Borghi claramente se enmarca en este funcionamiento “clásico”, aunque también es evidente que no daba para más. La peor racha desde Pedro García (no el de “pregúntenle a las vacas”, el otro), con 5 partidos seguidos perdidos. Lo que indigna, creo, es que esto se veía venir desde que Segovia, Jadue y Compañía anunciaran que reemplazarían a Bielsa con un técnico aún mejor, de clase mundial, que sorprendería a todos… para terminar comunicando la contratación de Borghi.

A Borghi, unos más, otros menos, lo conocemos. Podrá ser del gusto de algunos, claramente no de otros, pero venir a venderlo como un técnico de clase mundial creo que no da. Así como no da, la situación actual, para ilusionarse con llegar a Brasil 2014. Y lo dice alguien que tiene comprados pasajes para ir a ver una de las fechas que quedan. Pero ya sin ilusión.
Porque Borghi recibió un equipo que venía armado, y bien. Con confianza, con un mínimo orden. Un equipo como hace tiempo no teníamos. Si alguna vez tuvimos algo parecido, claro. Discúlpenme los más antiguos, yo no recuerdo otra selección nacional que se le parezca. Pero aquí estamos de vuelta a lo que conocemos de sobra: los procesos cortados a mitad de camino, los rumores, los trascendidos, las indisciplinas… la lista es larga.

El ambiente, siento, es pesimista. Yo no tengo mucha (por no decir ninguna) fe en que vayamos a llegar a Brasil. No veo que haya mucha gente que aún confíe. ¿Lo bueno? Estamos acostumbrados, así que esto tampoco supone un gran drama. No es que fuéramos los mejores del mundo ni nada parecido. Duele volver a lo mismo, pero bueno, es lo que hay. Lo que siempre ha habido. Lo otro fue lo que estaba fuera de norma, nuestro veranito de san Juan.
Más de alguno me va a decir que soy viuda de Bielsa. Y sí, más o menos. Porque fue Bielsa, pero pudo ser otro. Mi viudez no es respecto del personaje, sino de un tiempo en que las cosas se hacían mejor. Un tiempo en que no cruzábamos los dedos la noche antes de un partido para que los seleccionados no se fueran de parranda. Un tiempo en que saber de algún futbolista tirando jamones en un hotel hubiera sido extraño. Una época en la que daba gusto ver jugar al equipo.

Pero, ya está dicho, estamos otra vez de vuelta en nuestra realidad. Esa en la que, si logramos clasificar, es por diferencia de goles. En que los escándalos extra futbolísticos son pan de cada fecha eliminatoria, en la que los jugadores hacen más noticia por lo que dicen, por sus fiestas, por sus novias de la farándula y sus escándalos más que por otra cosa. Una realidad en la que, si hablamos de lo que hacen dentro de la cancha, suele ser para lamentarnos porque no jugaron a nada o porque alguno perdió el control y se fue a las manos con algún rival. Eso es nuestra selección hoy. Es lo que fue antes, así que no da para sorpresa. Y agradezcamos que ya no existe Viva el Lunes.

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