Luego de dirigir clubes en las ligas chilena, argentina, española y mexicana, tomar las riendas de una selección que lucha por clasificar a una copa del mundo (Rusia 2018) supone una exigencia mayor. No sólo es por aquello que está en juego ni por la dinámica propia de las clasificatorias. Si el desafío que asumió Pizzi es el más importante de su carrera tiene que ver también con lo que han hecho sus antecesores —específicamente Bielsa y Sampaoli— y esa vara que, si quiere tener éxito en su paso como seleccionador nacional, deberá superar o, cuando menos, igualar.

Por esto, aunque el presidente de la ANFP, Arturo Salah, es amigo de los procesos largos, Pizzi está obligado a demostrar desde el primer lance aquello de lo que es capaz. Usando una jerga boxística, no hay posibilidad de un round de estudio, debe pelear desde el pitazo inicial.

Lo primero que deberá demostrar es que bajo su dirección, Chile puede mantener el fútbol ofensivo que desplegó en la era Bielsa y que Sampaoli, con algunos matices, afianzó. Esa idea de ser protagonista del juego y de proponer no en función del rival sino de sus propias condiciones.

Lo otro tiene que ver con la situación de La Roja en la tabla clasificatoria. Hoy figura en el quinto puesto, lo que le permitiría ir al repechaje —en esa instancia disputa un cupo mundialista con una selección de Oceanía—. Pero necesita puntuar en esta fecha doble que se avecina —el 24 de marzo recibe a Argentina y el 29 del mismo mes visita a Venezuela— para mantener ese estatus. Por lo menos, cosechar tres puntos.

El estreno de Pizzi ante Argentina será clave. Y aunque signifique hacer más cuesta arriba su debut, hay que decir que no tiene derecho a equivocarse.