Gritos. Un grupo de niños corre detrás de una pelota. Desde la entrada de su casa, Sebastián Beccacece (33) los mira jugar. Un rato después, el ayudante técnico de Jorge Sampaoli en la Selección Chilena se da media vuelta, atraviesa el recibidor y se dirige al living. El televisor plasma de 40 pulgadas, anclado a una de las paredes, muestra un partido de la liga brasileña. Sebastián toma todo tipo de anotaciones en su computador. Aunque es uno de sus últimos días de descanso previos al Mundial, no quiere dejar escapar ningún detalle. “Un entrenador debe estar abocado constantemente a ver fútbol, porque esto cambia día a día”, sentencia.

Esa prolijidad en su trabajo le interesó a Jorge Sampaoli para reclutarlo y hacerlo parte de su cuerpo técnico, a fines del 2002. En esa época, Sebastián, con veintidós años, se había hecho un nombre dirigiendo equipos de fútbol amateur en su natal Rosario. La reunión se extendió por más de dos horas. “Nos reunimos en el bar ‘El Paso’, cerca del mediodía. Llevé todo el material con el que había estado trabajando. Fue una conversación muy productiva; él me comentó su idea y yo le hablé de mi forma y método de trabajo. Cuando salimos de la reunión, los dos quedamos muy conformes”, señala Beccacece.

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—¿Qué impresión te dio Jorge esa primera vez?

—Que era una persona muy transparente, directa y franca. Estaba obsesionado con la idea de poder ser escuchado en el mundo del fútbol. A él todo le había costado el doble; era un desconocido. Para quienes no fuimos jugadores profesionales se nos hace más difícil convertirnos en entrenadores. Pero no desde la convicción, sino desde la aceptación del público. Un desconocido en el fútbol que logra trascender tiene mucho más mérito. Cuesta mucho cuando uno arranca de tan abajo, pero también se disfruta más.

Desde entonces, la relación profesional dio paso a una amistad y admiración entre ambos. Junto al resto del cuerpo técnico formaron una pequeña colonia argentina que ha dejado huella en los distintos clubes que han dirigido. “Tratamos de tener los pies sobre la tierra, con la misma humildad de siempre, con los mismos deseos. Eso es lo que nos ha dejado este recorrido con él, con Jorge Desio (el preparador físico) y la gente que se ha ido sumando”, dice. En este periplo de doce años por Perú, Ecuador y Chile han vuelto a sus raíces cada vez que pueden. Comparten el gusto por el rock argentino —especialmente la música de la banda “Callejeros”—,  los asados de tiras y el cine —de preferencia las películas protagonizadas por Ricardo Darín—. Y aunque no profesan la religión católica, en la que fueron educados en Argentina, coinciden en estar en constante búsqueda. Sebastián ha manifestado, en la actualidad, sentir un interés por la religiosidad oriental.    

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Pero en otras materias sus inclinaciones van por caminos muy diferentes. Por ejemplo, mientras Jorge Sampaoli ha señalado no poder concentrarse con ningún libro que llegue a sus manos, porque al sólo tomarlo ya está pensando en estrategias de fútbol, Beccacece y Desio se han conmovido con el hallazgo de los cuentos del escritor argentino Eduardo Sacheri. Comenzaron a sentirse identificados con las historias de barrio, hinchas y futbolistas amateurs que había detrás de esos relatos. A tal punto llegó la admiración por el escritor que en sus charlas motivacionales han utilizado varias de esas historias con sus dirigidos. 

—¿Tienen preparado algo similar para el Mundial?

—No es parte de la planificación —responde Beccacece—. Cuando ha surgido, ha sido espontáneo y genuino, como una herramienta válida para un determinado momento. Pero aunque no se ha planificado, estamos abiertos a introducir cualquier tipo de elementos si así lo consideramos. Siempre y cuando sea de manera espontánea y sin querer manipular una situación, nos va a ayudar.

No obstante, en la intimidad de Sebastián, los cuentos de Sacheri lo llevaban a su infancia y a la relación con su padre. El lo había iniciado en el fútbol, heredándole su fanatismo por Newell’s Old Boys.

—Si pudiera pedir algo es que esté mi viejo para ver esta obra del cuerpo técnico de la cual yo soy parte —dice, refiriéndose a su progenitor, fallecido en 2008.   

La utilización de la literatura en charlas motivacionales coincidió con los éxitos en la Universidad de Chile, entre los que destacan el primer tricampeonato del club (2011-2012) y la Copa Sudamericana (2011). Y esos logros trajeron sus dividendos. A fines de 2012 se confirmó que el cuerpo técnico encabezado por Jorge Sampaoli se haría cargo de la Selección Chilena. 

—Cuando se nos presentó esa posibilidad, lo primero que pensamos fue que trabajaríamos en un clima cordial y cómodo, porque todos quieren participar. Es la esencia del fútbol mismo. El jugador viene de sus clubes sin la intención de cobrar un sueldo ni formar parte del negocio. Viene a jugar por su camiseta, su país, su bandera y el reconocimiento de su gente… Cuando los jugadores llegan después de quince o dieciséis horas de viaje y al día siguiente los ves haciendo doble turno, lo retrotraigo a mis comienzos, cuando jugaba fútbol y quería estar diez o doce horas jugando a la pelota —dice. 

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—¿Cómo se vive en el cuerpo técnico estos días previos al Mundial?

—Estamos muy felices. Tenemos un grupo de personas trabajando, las comodidades que siempre soñamos y la posibilidad de ir a jugar un mundial. Cuando empezamos a analizar y observar cómo comenzamos y dónde estamos hoy, con todas las facilidades que se nos ofrecen, más no se puede pedir. Poder hacer lo que a uno le gusta no tiene precio.

—¿Es posible esperanzarnos con esta selección?

—Proyectarse en el fútbol, más allá de un funcionamiento colectivo, es irresponsable. El fútbol nos enseña en cada fin de semana que sucede lo impensado. Va a ser un grupo muy difícil y complicado. Aportaremos lo nuestro, pero Dios va a decir para qué estamos. Pero eso no quita que la gente pueda ilusionarse y disfrutar.

—Y en tu fuero interno, ¿cómo enfrentas este desafío?

—Yo lo vivo con intensidad, de no conformarme con lo que se ha alcanzado y seguir buscando más. La pregunta que uno se hace en estas instancias es “¿por qué quiero ganar?”. Y la conclusión a la que llego es que se quiere ganar para ser escuchado. En una sociedad que sólo se escucha al que gana, estamos obligados a ganar para poder participar de esta profesión. Yo miro la adversidad como una oportunidad para poder compartir y ayudar. En todos estos desafíos la felicidad es parte de ver feliz a otro.

—¿Qué ha cambiado en ustedes respecto a esa primera vez en que te reuniste con Jorge en 2002?

—Cuando iniciamos este proyecto teníamos los mismos deseos, sueños e ilusiones. Lo único que ha cambiado es que ya no pasamos inadvertidos.

Ya no hay niños jugando allá afuera; todos se han metido a sus casas. Ha caído la noche sobre Santiago. Sebastián seguirá tomando anotaciones en su computador. Más allá, a miles de kilómetros, Brasil también se ha oscurecido. Pero las luces de los estadios no tardarán en encender. El papel picado y los fuegos artificiales tendrán la palabra una vez más.