Ganador de once torneos Grand Slam, por trayectoria Rafael Nadal es, sin duda, el mejor tenista que nos haya visitado en décadas a fin de jugar una competencia con puntaje. Para fanáticos del tenis, periodistas del orbe, y hasta para el que nunca se ha vestido de corto, ésta aparece como una ocasión única de ver si el jugador mallorquín vuelve en forma o si los meses sin torneos le pasaron la cuenta.
Aunque de forma ocasional, Chile había contado con la visita de los mejores tenistas para disputar partidos oficiales. En 1978, Guillermo Vilas; Moyá el ’95; Courier el ’98, y Gustavo Kuerten —tres veces ganador de Roland Garros— en varias oportunidades, por nombrar a algunos. Pero ninguno de la talla de Nadal. Y menos con la expectativa de un regreso tras una grave lesión.
Hasta el 28 de junio de 2012, la carrera de Rafa (3º) marchaba dentro de su nivel acostumbrado. Sin embargo, ese día perdió en cinco sets frente al checo Lukas Rosol (100 del mundo) en la segunda ronda de Wimbledon. Su derrota fue tan sorpresiva como la noticia que le siguió: el español se bajaba de los Juegos Olímpicos. Luego, del US Open, la Copa Davis y, finalmente, del Abierto de Australia. Nunca antes estuvo tanto tiempo fuera de una cancha.

Quienes auguraron al inicio de su carrera que el español no podría aguantar mucho tiempo con tanto despliegue físico como el que realiza en cada match, acertaron. La lesión en la rodilla —llamada Síndrome de Hoffa— es una inflamación crónica de la zona de grasa situada por detrás del tendón rotuliano y bajo de la rótula, y lo ha mantenido ocho meses fuera de competencia, impidiéndole defender su medalla de oro olímpica y la maratón de puntos que acumulaba de la temporada anterior. Entre otras, no pudo estar en las finales de Estados Unidos y Australia. Además, por primera vez desde 2005, su nombre ya no figura dentro de los cuatro primeros del ranking ATP. Un duro revés para su muy autoexigida personalidad.

LA LESIÓN DIO PIE PARA ESPECU-LACIONES SOBRE UN SUPUESTO DOPING. En los últimos meses, se han escrito numerosos artículos que vinculan al tenista con el uso de drogas, asegurando que con su retiro tan largo pretende esquivar los controles antidopaje. Yannick Noah, ex tenista francés, declaró que Nadal —y otros deportistas españoles— gana porque tiene “el polvo mágico”. Canal+, en tanto, hizo una parodia con un video que liga al mallorquín con sustancias prohibidas. Incluso, Cristophe Rochus, tenista belga, se atrevió a decir lo siguiente: “¿Cómo es posible que Nadal estuviera fuerte en Roland Garros, y que un mes después dijera que no puede jugar? Parece sospechoso”.
De algo no hay dudas. El inusual escenario provocado por su rodilla le abrió las puertas a  torneos más pequeños de poder contar con el mejor tenista de arcilla de todos los tiempos. Algo que no se daba desde que jugó el Abierto de Buenos Aires, seguido del de Sao Pablo, donde consiguió su segundo título profesional. Tenía 18 años. De ahí en adelante, Rafael Nadal cosechó un número impresionante de logros y se situó en lo más alto del tenis mundial, volviéndose un imposible para las canchas sudamericanas.

El traspié de su rodilla posibilitó lo que ni el más optimista hubiera predicho: que volviera a jugar en Chile. Y el anuncio puso fin a 223 días de inactividad con una gira que partiría en Viña, luego Sao Paulo y Acapulco. Así, los ojos del mundo deportivo se situarán, a partir del 6 de febrero —debuta un día antes en dobles, en pareja con su amigo Juan Mónaco— en el Club Naval de Campo Las Salinas. Este complejo de tres canchas y un court central con capacidad para 4.000 personas, es casi cuatro veces más pequeño que el Phillippe Chartier, de París, donde ganó su último torneo, en junio de 2012. Fue su séptima copa de Roland Garros, el más ganador de todos los tiempos.
Ahora, el ex número 1 del mundo, que llega al país el 2 de febrero, será el plato fuerte de la XIX versión del torneo viñamarino, que reparte 400 mil dólares en premios y 250 puntos para el ranking. De no mediar inconvenientes y si su rodilla no dice otra cosa, conseguiría aquí su segundo título en tierras sudamericanas.
Pero más allá del dinero y los puntos, lo que seguro persigue el jugador y su equipo es ganar confianza y ritmo de competencia, condición que sólo se puede conseguir comenzando con “torneos menos exigentes”, como lo definió su tío y entrenador Toni Nadal. Acá partiría su proceso para defender su corona en el Grand Slam francés.

EL ZURDO AHORA TIENE UN DESAFÍO NO MENOR: ganarle a los nervios del regreso. En la historia de los que han vuelto, ha habido de todo.
Juan Martín del Potro, quien ganó el US Open en 2009 ante Roger Federer sufrió una lesión en su muñeca derecha cuando se encontraba en su mejor momento. Debió ser operado y estuvo ocho meses fuera. Bajó al puesto 484. Si bien demoró en retomar su nivel, hoy está de nuevo entre los 10 mejores.
El alemán Tommy Haas fue otro que le ganó a las lesiones. Un problema en la cadera y en el codo lo alejaron de las competencias por 15 meses. Del puesto 19 pasó al 896. Ya con 33 años, todos lo retiraban, pero él no sólo recuperó su sitial dentro de los 15 mejores, sino que incluso se dio el gusto de ganarle a Federer en la final de Halle, en pasto, superficie favorita del suizo.
Pero también están los regresos sin gloria, como el del cordobés David Nalbandian. El ex número 3 del mundo padeció una lesión a la cadera que lo alejó por nueve meses de las canchas. Si bien volvió a competir con amagos de un retorno exitoso, las secuelas le pasaron factura y no ha podido conseguir continuidad. El Rey David —como le llaman los argentinos— ve próximo su retiro.
Nuestro caso más emblemático es Marcelo Ríos, quien con tan sólo 27 años de edad, tuvo que colgar definitivamente la raqueta en 2004 por una lesión crónica a la espalda. Luego de sus dos operaciones, nunca volvió a ser el de antes. Hizo algunos intentos por volver jugando torneos menores, pero los resultados no llegaron.

Habrá que esperar al debut del mallorquín en suelo chileno. Ni él sabe cómo volverá. Pero hay una persona que le tiene fe. Uno cuya opinión pesa mucho: Roger Federer —el más grande— se animó a decir que el regreso del tenista a las canchas en 2013 “será sensacional”.
Viña lo espera.

El hombre del año

Los ocho meses que el español estuvo parado le dieron la oportunidad de repartir su tiempo en otras actividades, lejos del tenis. No era extraño verlo en el Santiago Bernabeu observando partidos del Real Madrid, equipo del que es hincha de niño. También practicó golf, su nueva pasión y pasó buena cantidad de tiempo con su novia, Xisca Perelló. Pero hubo un hecho que llamó la atención de los medios y mostró al tenista en una faceta desconocida: la versión española de Vanity Fair lo eligió el personaje de 2012. El premio reconoce su trayectoria, talento, constancia, inteligencia y solidaridad. La labor solidaria que realiza a través de la Fundación Rafa Nadal inclinó la balanza para que el mallorquín se llevara el reconocimiento. En palabras de Lourdes Garzón, directora de la revista, “Nadal es uno de los mejores deportistas de todos los tiempos, y alguien capaz de despertar admiración mucho más allá de sus éxitos deportivos. No hay nada más difícil que saber ser un triunfador y que hasta tus rivales te reconozcan como un amigo”.