A los 12 años le regalaron una bicicleta. La dejó estacionada frente al gimnasio de Louisville, su ciudad. Y se la robaron.
Se puso a llorar y pegó puñetazos al aire.

“Voy a matar al ladrón cuando lo encuentre”, gritaba el chiquillo.
-Mejor será que tomes unas clases de boxeo si quieres matarlo- le recomendó Joe Martin, un policía que pasaba por ahí… Y eso fue lo que hizo Cassius Marcellus Clay… Pero ¡qué lejos estaba de imaginar que a partir de esa bicicleta robada por un vago, iba a convertirse en el “más lindo, el más grande, ¡si no hay nada en este mundo como yo!”, dicho por él mismo. Qué iba a pensar el chiquillo que iba a convertirse en el mayor ego de Norteamérica, en el “mismísimo espíritu de del siglo 20, príncipe del hombre masa y de los medios de comunicación” como lo llamó Norman Mailer.
Este negro maravilloso rasgó vestiduras por los negros de la tierra. enfermó de los nervios a cuanto boxeador quiso medirse con él, estremeció al mundo con sus declaraciones de payaso loco, se hizo nombrar “merecedor de todas las alabanzas” y escribó las poesías más malas de cuanto se han publicado.

“Si tiene algún pretexto/ lo aguantaré hasta el sexto/ si hace mucho circo/ lo noquearé en el cinco/ Y si me da un infarto lo bajo en el cuarto/ Si me araca en vez/ lo venceré en el tres/ Si habla a toda voz/ serán sólo dos/ Pero si es peor que ninguno/ a la lona en el uno/ Y si no quiere pelear/ en su casa se puede quedar”.
Nunca supo de complejos y fue reconocido, (junto al silencioso Joe Louis), como el mejor pesado de todos los tiempos.

Su primera víctima

Nació el 17 de enero de 1942, el Louisville y a partir de ese día no hubo fuerza capaz de detener su carrera, su locura, su fe, su respeto por el hombre y su dulce insensatez.
Al comienzo los mandamases del boxeo norteamericano no daban un céntimo por ese negro “frívolo” que se las daba de hombre superior con la corbata humita, los zapatos blancos con la punta roja, los ojos chispeantes y la “exasperante” sonrisa de conquistador.
A los 21 años, cuando les demostró que era de los grandes, después de dejar aturdidos y maltrechos a todos los que se enfrentaron con él en el ring, se empecinó en pelear con Sony Liston, campeón mundial de pesos pesados.
Sony Liston lanzó una carcajada “¡pero si voy a matarlo en el primer raund!”, exclamó, pero aceptó la pelea que se acordó para el mes de febrero de 1964, en Miami.

Wp-Muha-450Desde el minuto en que Cassius supo que Liston había aceptado el duelo, comenzó a trabajar en la técnica que no abandonaría nunca, y que fue clave para sus victorias.: echarle a perder los nervios al contendor, dejarlo frenético, exasperarlo y ponerlo histérico antes de las peleas. Fue maestro de esa artimaña. Y Liston fue su primera víctima. “Lo importante era estudiar el comportamiento de Liston en la calle, en su casa, en el casino, donde anduviera”. Leyó todo lo que la prensa había publicado del campeón y habló con la gente que lo conocía. “Así fue como se me ocurrió la idea de la sicología para manejar bien la pelea”. Y empezó una guerra de nervios contra Liston. Le gritaba cosas en la calle, hacía declaraciones a la prensa diciendo que Liston era un pobre oso peludo,, ignorante, estúpido; que él iba a dejarlo fuera de combate con una sola mirada, arrendó un bus, lo pintó con frases agresivas y lo estacionó en la puerta de la casa de Liston; no lo dejó tranquilo ni de día ni de noche.
“Estás gordo, y fofo”, “voy a despellejarte como a un oso”, “caerás muerto como un saco de papas”,”soy el más grande de todos los grandes”, “soy tan lindo que no me atrevo a mirarme al espejo”, “tú eres feo, feo, horrible”. Así le gritaba.
“¡Sáquenlo de aquí, que me tiene loco!”, chillaba el otro.

El más grande, el rey

El día de la pelea Liston subió al ring convencido que a iba a noquear al “demente” en el segundo raund.
Pero estaba mal preparado y tenía los nervios rotos…Cassius Clay se lució.
La pelea terminó cuando Sony Liston, incrédulo, aturdido, jadeante y medio desmayado escupió el protector bucal, bajó la cabeza y entregó el título al campeón mundial de peso pesado, al “negro más lindo de todos los negros”. Clay bailaba alrededor del ring gritando “soy el más grande, soy el rey” y llamaba a los periodistas a una conferencia de prensa que iba a realizar en diez minutos más. En esa conferencia, después de repetir unas diez veces que no había nada en el mundo como él, anunció que a partir de ese momento se llamaría Muhammad Alí porque “soy integrante del movimiento musulmán negro y desde esa tribuna lucharé con todas mis fuerzas para defender las causas de los hombres y mujeres de color”.
Se autoproclamó “embajador de todos los negros del mundo”, derrotó a Floy Patterson en noviembre del 65, a Claveland Williams en noviembre del 66, a Zola Volley en marzo del 67 y recorrió los países negros defendiendo los derechos de esos hombres y leyéndoles sentencias, (inventadas por él) a los periodistas que lo entrevistaban.

Adiós título

En abril de 1967 se negó a realizar un juramento a la bandera de los Estados Unidos. Un mes más tarde, los rectores del boxeo norteamericano le quitaron la licencia y lo dejaron sin título. Muhammad Alí se había negado a pelear en la guerra de Vietnam.
Lo condenaron y multaron “por objetos de conciencia”.
De un plumazo quedó convertido en la más poderosa víctima de Norteamérica y al mismo tiempo en el más poderoso narciso de la Tierra.
“Yo no me amargué en absoluto. Lo pasé muy bien hablando en las universidades y conocindo a los estudiantes: blancos, negros y de todas clases, pero sobre todo a los blancos que me apoyaban en un ciento por ciento. Ellos estaban en contra de la guerra de Vietnam como yo”.
Como conferencista ganaba entre mil quinientos a dos mil quinientos dólares. “Asi es que plata para el bolsillo no me faltaba”. Además se dedicó a entrar a los estadios donde boxeaban los que se disputaban su título robado y lo interrumpía todo “quería demostrarles que El Hombre seguía siendo yo. La gente se ponía de pie de un salto para aclamarme y muy pronto comenzaron las presiones para que las autoridades me reconocieran. La Corte Suprema no tuvo más remedio que permitirme volver a trabajar”.

Wp-Ali-450El 30 de octubre de 1974 recuperó la corona perdida. Y en 1975 retuvo su título después de una de las peleas más notables en la historia del boxeo. Fue en Manila. Ahí derrotó a Joe Frazier y escandalizó a la prensa cuando declaró que abandonaba a su mujer para casarse con una musulmana negra como él, y joven. Y ahí mismo dejó atónitos a los reporteros cuando les dijo: “Soy el boxeador más comentado, el más publicitado, el más famoso y pintoresco de la historia. Aparte de eso, soy el único poeta laureado que ha tenido el boxeo. Además otra cosa: si miras las fotografía de todos los campeones anteriores, usted, señor reportero, se dará cuenta que soy el campeón más apuesto. Sumándolo todo, resulta que soy el más grande ¿verdad?”.

-¿Y cómo le gustaría que lo recordaran?- preguntó el reportero

Como un hombre que intentó unir a los de su raza por medio de la fe del islam. Como un hombre que se negó a herir la dignidad de su gente y que nunca hizo nada que pudiera avergonzarlos. Y si eso es demasiado pedir, me conformaría con ser recordado como un gran campeón de box que se convirtió en predicador y en paladín de un pueblo. Y nisiquiera me importaría que la gente olvidara lo bonito que fui.

Eso dijo y después preguntó “¿Le gusta mi respuesta?”.