Son muy distintas las historias de los actores de este drama.

El: Mike Tyson, 25 años, boxeador, ex campeón mundial de pesos pesados. Nació en Brooklyn, Nueva York, en una casa miserable donde los padres se hablaban a gritos, cuchillazos y vidrios rotos. A los doce años fue enviado a un centro correccional, por delincuencia juvenil. Empezó a boxear a los 14 años y a los 20 se había convertido en el campeón más joven de la historia del box. A los 21 se casó con la actriz Robin Givens y un año más tarde, luego de una relación loca y tormentosa, se separaron. De allí en adelante, las historias del campeón enredado entre distintas faldas no pararon. Y su fama de atropellador y mujeriego, tampoco.

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Ella: Desirée Washington, 18 años, candidata a Miss América Creció en Rhode Island, en un hogar religioso, conservador, casi perfecto, de padres como de libros y jardín de rosas. Se educó en un colegio católico, participó en el coro y, como miembro de la Sociedad de Jóvenes, fue seleccionada (a los 16 años) para visitar Moscú. En el momento de presentarse al concurso de Miss América, se encontraba haciendo clases a los niños pobres los domingos y era ayudante en la misa de la capilla del barrio. Esta fue la niña con cara de ángel y cuerpo de media mujer, a quien el destino quiso poner frente al boxeador…

Desirée, linda, en traje de baño, se encontraba en el hotel Omni Severin de esa ciudad, ensayando para el concurso con las otras aspirantes. Estaban excitadas las chiquillas. Les habían dicho que Mike Tyson haría el video con ellas.

A las 4 de la tarde, Tyson hizo su entrada al salón donde estaban las bellas. Tambaleando su cuerpo inmenso, vestido por modistos franceses, miraba hacia lado y lado, sonreía todo coqueto, lanzaba piropos al aire, anotaba números de teléfonos, repartía autógrafos y decía cosas como “creo que las conozco desde toda la vida”, “podemos salir juntos esta noche”, “¡qué lindas estas chiquillas!”… Así es él. Y las bellas, encantadas de la vida, se peleaban por salir en la película cerca del campeón.

La filmación terminó una hora más tarde y quienes estaban presentes contaron que Tyson, rodeado por las hermosuras, no quería marcharse. Los camarógrafos retiraron sus cables y focos y las candidatas abandonaron el recinto, pero Desirée se quedó un rato más, conversando con el boxeador.

LAS DOS VERSIONES

“Le pregunté si quería salir conmigo”, declararía el campeón en el juicio. Ella le dijo: “Claro, seguro, podríamos comer juntos en un restorán”. Pero según Tyson, eso no era exactamente lo que él quería. “Lo que yo deseo es hacer el amor contigo”, le dijo. Y ella: “Llámame por teléfono”, y le escribió su número en un papel.

Esa noche Tyson la llamó: “Voy a pasar a buscarte mañana temprano en mi limusina, espérame en la puerta de tu hotel. De ahí nos venimos al hotel mío, ¿te parece bien?” Y ella le había dicho que le pareció “estupendo”.

A la mañana siguiente Tyson la fue a buscar. Y de Desirée no se supo más. Hasta el otro día en la noche, cuando apareció en el servicio de urgencia del Hospital Metodista de Indianápolis, diciendo que había sido violada “por una persona famosa”. Los médicos la revisaron, ella lloraba a mares. Luego llego su madre: “¡Quién te hizo esto!”.

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Entonces ella contó su versión: Mike Tyson la había invitado a salir, ella aceptó la invitación. Él la pasó a buscar al hotel, le dijo que irían a un restorán, pero que antes tenía que entrar al hotel suyo para retirar algunas cosas. ¿No quería acompañarlo ella a su habitación? Y ella fue. Al comienzo se negó a entrar a la pieza del boxeador: “Yo te espero aquí afuera”. Pero él le dijo que tardaría unos minutos, que entrara “por favor”. Y ella entró, se sentó en el borde de la cama y así estaba cuando Tyson intentó convencerla de que hicieran el amor, pero ella se negó. El boxeador, entonces, la lanzó sobre la misma cama, la desvistió de manera brutal y la violó.

Los médicos escuchaban con los ojos desorbitados. ¿Estaba segura de que el violador era Mike Tyson? ¡Claro que estaba segura! ¿Y por qué había tardado más de treinta y seis horas en reportarlo?. “Porque me dio miedo. No me iban a creer. Mal que mal, yo estaba en su pieza del hotel. Todos iban a preguntar qué estaba haciendo yo allí”.

¿Y Tyson, dónde se encuentra Tyson ahora?, preguntaron los doctores y dos policías que llegaron al hospital. Pero Tyson ya no estaba. Había tomado el avión ese día diciendo que tenía “mucha prisa”, que debía regresar a Cleveland.

“TENGO MUCHO MIEDO”

El 27 de enero comenzó el juicio. “El Estado de Indiana en contra de Michael G. Tyson”. Así lo caratularon. Sentado en primera fila, entre sus tres abogados, el campeón se veía trágico., más trágico que nunca. Cualquiera que lo hubiese visto no habría podido dejar de pensar en lo que han sido sus últimos años:

En 1988 se casó. en 1989 se divorció. En 1990 nació un único hijo al que Tyson nunca vio. Ese mismo año perdió su título, derrotado por James “Buster” Douglas. Entremedio murió Cus D´Amato, su entrenador; más que entrenador, su guía, consejero, casi padre, “la única persona a quien Mike ha amado en su vida”, dijo su abogado. Pero Tyson no pudo asistir a su entierro, porque en esos mismos momentos se encontraba en otra corte, en otro juicio, esa vez por “asalto sexual” a otra mujer.

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Pero volvamos al juicio de la belleza de Indianápolis. Sentado a la derecha del macizo boxeador se encontraba Vincent Fuller, el principal de sus abogados. Fuller es uno de los especialistas más célebres  (y más caros) de Estados Unidos. Un hombre de sesenta años, graduado de la Universidad de Georgetown, que se hizo famoso en 1982 cuando defendió a John Hinckley, quien intentó asesinar al presidente Ronald Reagan. Hinckley fue declarado inocente, por enfermo mental.

La defensa de Tyson se basó en que Desirée “consintió” en hacer el amor con él, esa noche, en ese hotel. “Ella sabía perfectamente bien lo que iba a suceder en mi habitación, por eso entró. Yo también sabía, por eso le pedí que entrara”, declaró Tyson. Y luego entró a detallar, con minuciosidad escalofriante, cómo fue que hicieron el amor. Los términos “penetración digital” y “sexo oral” parecieran retumbar en la sala de la Corte. Y los presentes respiraron aliviados cuando el boxeador dio fin a su cruda exposición diciendo que, una vez terminado el acto sexual, Desirée entró al baño y él se dio vuelta en la cama para dormir. Luego Desirée regresó del baño y le pidió que la acompañara a la puerta del hotel, peor él se negó, “porque estaba muy cansado”. Entonces ella se molestó. “¿No vas a dejarme en la puerta? ¡No lo puedo creer!”, dice Tyson que le dijo y enseguida dio un portazo y desapareció. “Yo no supe nada más, me acosté a dormir y so fue todo lo que pasó”.

El relato de Desirée, quien declaró durante tres horas, resultó definitivo. Su historia era consistente, desde el comienzo hasta el final. La joven dijo que Tyson la había forzado en medio de grandes risotadas y le había provocado “agudísimos dolores”. Una serie de exámenes que se exhibieron durante los trece días que duró el proceso confirmaron ampliamente esta versión. Y los abogados defensores no lograron, en ningún momento, desbaratar lo que era, a ojos de cualquier oyente, el relato de una violación.

NO SOY UN MAL TIPO

Después de diez horas de deliberación, el jurado lo declaró culpable. La sentencia (que puede ser hasta sesenta años) la darán a conocer el 6 de marzo. Si el tribunal se compadece, estará en la cárcel sólo hasta el año 2002. Y si más encima se porta bien, la pena podría reducirse a apenas cinco años.

Tyson escuchó la declaración con la vista fija en el juez, luego se le estremeció el cuerpo, después bajó la cabeza. Y ahí quedó, por un rato. Probablemente meditaba respecto a las penurias que le esperaban. Porque ni los presos más malos soportan a los violadores. Y pensaría también que nunca más podrá recuperar su título como el mejor boxeador del mundo. Si lo hubieran declarado inocente, podría haber retado a Evander Holyfield por la suma más grande de la historia del box: cien millones de dólares. Pero ahora, aunque la pena fuera la mínima, ya nadie querría apoyar a Tyson, ningún canal de televisión se comprometería a exhibir una pelea en la que participara un chico tan malo. El propio Holyfield aclaró que él no pelearía contra un Tyson convicto como violador.