Desde la presidencia de Deportes Temuco, a sus 40 años ha regresado con una jugada que, aunque todavía resulta incierta en su final, por lo menos da un halo de esperanza al tóxico y alicaído ambiente de la dirigencia del fútbol local. Pocos días después de la escandalosa salida de Sergio Jadue de la testera de la ANFP, Salas exigió que toda la mesa directiva que lo acompañaba en su administración debía dar un paso al costado: “No fiscalizaron, no hicieron bien la pega (…) Lo principal ahora es ordenar y limpiar”. Pero luego abrió la posibilidad a un golpe fuerte que eventualmente podría terminar en un golazo: no descartó su propia postulación. “Me llena de orgullo que la gente vea en mí transparencia y credibilidad”, dijo el Matador sobre una eventual candidatura a la cabeza de la ANFP.

Junto a los líderes de otros cinco clubes, Salas conforma desde fines de noviembre una comisión fiscalizadora que realizará una profunda investigación a las irregularidades de la ANFP. Su participación en esta instancia ha generado debate, porque podría inhabilitarlo de postularse a la presidencial del fútbol chileno. “No sé y tampoco me preocupa”, señaló el Matador al ser consultado. Porque, efectivamente, el asunto no se trata esencialmente del personaje que ganará las elecciones. Un hombre de consenso para los comicios del 4 de enero podría ser Arturo Salah, el ex timonel de Colo-Colo, otros nombres que aparezcan con el paso de las semanas y hasta el propio Salas.

Pareciera que lo realmente importante radica en otro lugar: lo que está en juego en esta ocasión es la conformación de un grupo de dirigentes que pretende cambiarle el rostro a una institución que, como otras tantas en Chile, está fuertemente desprestigiada ante la ciudadanía. El Matador, para la hinchada, representa esas ansias de cambio y de limpieza que tanto le hacen falta al deporte más popular del país.

A diferencia de la mayoría de los empresarios futboleros, Salas sabe de camarín y sabe de cancha. Ha realizado una buena gestión de clubes desde Temuco, pero sobre todo conoce los bienes inmateriales que mueven a la pelota y que demandan de la dirigencia una probidad que, hasta ahora, no ha tenido. La gente parece querer balas de paz, balas de justicia —como dice la canción Matador de los Fabulosos Cadillacs— y Salas no tendría por qué no estar a la altura.