Dicen que el apoyo más importante que la escultural tenista ha tenido en los últimos meses tiene nombre y apellido. Se trata de Andrés Velencoso, un modelo español de extenso prontuario amoroso, quien ha conseguido que la siberiana de 28 años deje atrás la frustración de ver cómo tantos años de esfuerzo se van a pique de manera tan feroz. Aunque también hay quienes afirman que conociendo su carácter apasionado, lo más probable es que la historia publicada por los principales tabloides europeos no sea más que una aventura para la joven nacida en Nyagan que emigró a Estados Unidos a los siete años. Son los mismos que no dudan que hoy todos sus esfuerzos están concentrados en revertir la sanción que la mantiene alejada de las canchas.

Más allá de las versiones encontradas, lo cierto es que Maria Sharapova está decidida a desmentir informaciones que califica de “distorsionadas” y “exageradas”. Su refugio han sido las redes sociales, especialmente Facebook, donde publicó un extenso mensaje en el que negaba haber usado Meldonium de forma reiterada. “Un artículo dijo que yo había sido avisada en cinco ocasiones acerca de la prohibición de la medicina que estaba tomando. Eso no es cierto y jamás ocurrió”, argumentó negando versiones que hablaban de continuas alertas sobre las nuevas sustancias prohibidas. El post, que terminó sembrando más interrogantes que certezas, desliza dudas sobre el modus operandis de la ATP. “Estoy orgullosa de cómo he practicado este deporte. Soy honesta y he ido siempre de frente. No he pretendido estar lesionada para ocultar la verdad sobre el resultado de mis pruebas”, afirmó, sin dar nombres pero dejando la sensación de estar señalando a varios.

Mientras se pasea por los principales balnearios del Mediterráneo, paleta en mano, soñando con una probable redención en las tierras cariocas, la rubia alimenta la esperanza de correr con la misma suerte de numerosos deportistas rusos que dieron positivo por el mismo medicamento y que finalmente fueron absueltos por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Sin las marcas de lujo que la patrocinaron por años, Masha tampoco llora miserias. El escándalo no ha salpicado a su empresa Sugarpova, dedicada a la venta de golosinas en tiendas exclusivas y hoteles de más de 30 países. Los millonarios dividendos le permiten seguir su periplo por los lugares más lujosos del mundo mientras sueña con el oro olímpico.