MICHELLE BACHELET: LUNA DE MIEL ETERNA

Después de la dramática derrota de Chile ante Brasil el sábado 28 de junio, la presidenta Michelle Bachelet y sus asesores decidieron cambiar los planes. El programa de la mandataria contemplaba embarcarse esa misma noche a Estados Unidos para una visita oficial. Un mensaje en Twitter del canciller Heraldo Muñoz, sin embargo, alertó que el cronograma de La Moneda había variado: “…Presidenta Bachelet viaja mañana pues recibe a los héroes de la Roja”. Y así fue: ella se embarcó a Washington recién el lunes en un jet privado y el domingo recibió a la selección en pleno en Palacio.

Lo de Bachelet con los jugadores fue distinto a lo que ocurrió en 2010 con el Presidente Sebastián PiñeraEn esa ocasión, Chile también venía de una derrota frente a Brasil, pero el partido se resolvió 3 a 1 en Sudáfrica. Y el mandatario, igual que Bachelet, invitó al equipo a La Moneda. Fue ahí donde sucedió uno de los hechos que marcaron los cuatro años de gestión de Piñera y, según muchos analistas, el comienzo de la fuerte caída de su popularidad: el frío saludo de Marcelo Bielsa. Las sospechas de gran parte de los chilenos de que el Jefe de Estado intervino en el proceso electoral de la ANFP y en la salida de Harold Mayne-Nicholls y del propio Bielsa, terminaron por sentenciar al Presidente.

El último encuentro de Bachelet con la Roja, sin embargo, resultó perfecto. Los jugadores estaban exultantes y cualquier político del país hubiese pagado porque Gary Medel —el principal héroe de la hazaña chilena— hiciera lo que hizo con Bachelet. Primero le pidió una fotografía. Y luego la colgó en Twitter con el siguiente mensaje: “¡Esta sí que es selfie!”. El encuentro de la mandataria con los jugadores resultó natural, aunque todo estuvo meticulosamente pensando. En un momento, incluso, los muchachos de la Roja la invitaron a asomarse al balcón con ellos. Y Bachelet les pidió que pasaran ellos primero, evitando quitarles el protagonismo.

Bachelet y el fútbol han tenido una eterna luna de miel. Durante su primer mandato (2006-2010) la socialista cultivó una relación inmejorable con la ANFP y su entonces líder, Mayne-Nicholls. También con el propio Bielsa, un ídolo-Dios en Chile, quien no ocultaba su admiración por ella. Durante ese periodo se ejecutó la mayor inversión en infraestructura deportiva desde el mundial de fútbol de 1962 y la red de estadios Bicentenario fue una iniciativa sumamente popular. La imagen del zapato de Bachelet volando en noviembre de 2008, cuando la Jefa de Estado inauguró un estadio en Temuco, sólo contribuyó a fortalecer su imagen cercana con la gente.

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CRISTINA FERNÁNDEZ: BÁLSAMO EN LA TEMPESTAD

Para Cristina Fernández no son buenos tiempos. Argentina atraviesa una recesión económica —otra vez—, la deuda que mantiene con Estados Unidos podría derivar en una suspensión de pagos y, como si fuera poco, en medio del Mundial, la viuda de Kirchner ha tenido que enfrentar un escándalo político y judicial inédito: su vicepresidente, Amado Boudou, el viernes 28 de junio fue procesado por soborno. Un juez federal lo acusa en el marco de un escándalo que tiene relación con el rescate de la única imprenta de billetes de Argentina en 2012. Y para ella, que lo defiende, esto representa un golpe duro a un año y medio de las presidenciales.

El fútbol podría ser un buen bálsamo —todo el país parece hipnotizado—, aunque el criterio predominante no resulta auspicioso para Fernández: para muchos, la presidenta está viviendo el fin de su ciclo político. Y eso la desnaturaliza. En los últimos meses, la Jefa de Estado se ha sentido como una arquera, “siempre atajando goles”. Y como dijo en una conferencia de prensa reciente: “Siempre estamos en la cancha, aunque algún árbitro nos quiera bombear”. Hablaba de Brasil 2014, pero sobre todo de un posible default. Y agregó: “No se descuiden que en una avanzada metemos otro gol”.

Para Cristina el fútbol es un asunto de Estado. El jefe de gabinete, Jorge Capitanich, fue uno de los protagonistas del anuncio de los jugadores elegidos para representar a Argentina en el Mundial. Y no es casual: el entrenador Alejandro Sabella ha dejado trascender que es simpatizante del gobierno. No es una historia nueva: el Ejecutivo se encargó de adquirir los derechos televisivos del encuentro deportivo por unos 18 millones de dólares, en el marco del programa Fútbol para todos. El kirchnerismo lo lanzó hace cuatro años con el objetivo de que todos los argentinos puedan observar los partidos del campeonato local por televisión. Ha sido exitoso en términos políticos —el gobierno ha hecho una alianza estratégica con la Asociación del Fútbol Argentino—, pero millonario. Y, por ello, para los críticos de Cristina, se trata sólo de una estrategia propagandística.

Pese a estar invitada,  la presidenta rechazó la oferta de Rousseff y prefirió ver los partidos desde la residencia oficial. Cuentan que no quiere exponerse a ser calificada de yeta —o mufa, como se dice allá— como le sucedió a Menem desde que presenció el Argentina-Camerún en Italia 1990 y su equipo perdió inesperadamente. Desde entonces, ningún mandatario argentino ha asumido el riesgo. Fernández ha preferido el Twitter: “A disfrutarlo ¡y que la copa quede en la Patria Grande!”.

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ÁNGELA MERKEL: EL PODER TOTAL

Es la mujer más poderosa del planeta, según Forbes. Sus partidarios y detractores saben que su influencia en Alemania, Europa y el mundo entero difícilmente cambiará por el resultado de su selección en Brasil 2014. Pero la canciller de 59 años, en el poder desde 2005, sabe como pocos de política y de triunfos. Y mientras maneja los hilos de la economía europea y recibe explicaciones del ruso Vladimir Putin por la presencia de sus tropas en Ucrania, Merkel sabe que el triunfo de su selección en el Mundial también es una victoria de ella misma.

Y allí estuvo, el 16 de junio, alentando a sus muchachos en su debut frente a los portugueses en Salvador de Bahía. Fue una jornada inolvidable para los alemanes: vencieron 4-0 al equipo de Cristiano Ronaldo. La canciller, durante todo el partido, alentó a los jugadores y celebró cada anotación. Pero su despliegue continuó después de los 90 minutos de juego: visitó a los jugadores en el vestuario para felicitarlos personalmente y se sacó una selfie con Lukas Podolski. El propio delantero lo había prometido a la hinchada y el experimento fue todo un éxito en las redes sociales: más de 460 mil personas le dieron Me gusta y la fotografía tuvo más de 10 mil comentarios. 

Su gusto por este deporte, sin embargo, no es sólo un acierto de cálculo. Merkel es conocida en Europa por su fanatismo —ve fútbol hasta en las reuniones del G8—, pero desde que es canciller se ha convertido en la hincha más célebre de la selección alemana. Dicen que mantiene una relación cercana con los jugadores Bastian Schweinsteiger y Phillip Lahm, el capitán. Y que intercambia mensajes de texto con el DT, Joachim Löw, sobre las vaivenes del equipo. Lo señaló el mismo entrenador hace unas semanas: “La relación es muy abierta”.

Hay quienes han señalado que los movimientos de la canciller han dejado obsoleto a El Príncipe de Maquiavelo, porque tiene una destreza incontrarrestable para manejar los hilos de poder: llegó a Brasil junto a 15 personas, entre los que estaban varios diputados de la oposición. Merkel fue reelecta en septiembre pasado con el 41.5 por ciento de los votos, pero sabe los dividendos políticos que trae el fútbol. Sobre todo ahora que el vicecanciller, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, amenaza con hacerle sombra con su creciente popularidad.

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DILMA ROUSSEFF: LA ENORME PRESIÓN DE LA ANFITRIONA

Una persona que debe haber estado bajo las cuerdas durante los 120 minutos del partido entre Chile y Brasil, fue la presidenta Dilma Rousseff. Una semana antes del encuentro, el sábado 21 de junio, en pleno Mundial, la mandataria de 66 años fue confirmada por el Partido de los Trabajadores (PT) como su candidata para las presidenciales de octubre. Pero los planes presidenciales se habrían aguado prematuramente con una derrota de la selección brasileña en octavos de final, en su propia casa. Ya la jefa de Estado tiene un panorama interno complicado —su popularidad ha ido decayendo—, pero un desastre futbolístico hubiera representado un balazo definitivo a sus aspiraciones y a las de la centroizquierda brasileña.

“Uno, dos, tres… ¡Dilma otra vez!”, gritaban sus partidarios en la convención del PR. Los gritos de apoyo a Rousseff, sin embargo, no se han repetido en los estadios. En el partido inaugural del Mundial, entre Brasil y Croacia, la presidenta fue abucheada e insultada por parte del público del Arena Corinthians de Sao Paulo. 

Rousseff se lo juega todo en este Mundial: su reelección y el futuro del PR. Y el factor fútbol no ha sido fácil para esta mujer que se convirtió en jefa de Estado en 2011. Hubo retrasos en las obras y sus costos fueron más elevados que en otros países organizadores. Las protestas callejeras no han logrado apaciguarse desde junio 2013: los ciudadanos quieren que los servicios públicos de este gigante latinoamericano se ajusten a las expectativas. La falta de adhesión de los brasileños al evento fue sólo un síntoma del ambiente complejo que se vive en Brasil.

Aunque desde el bochorno de la inauguración no ha asistido a ningún partido, la mandataria ha intensificado su agenda internacional y se ha hecho espacio para reunirse con cada uno de los presidentes que llegan de visita al encuentro deportivo. La pregunta es si Rousseff, más allá de un triunfo de su selección, que le vendría muy bien, logrará capitalizar la organización del encuentro.  Algunos, como el analista Andrés Oppenheimer, ya han sacado sus conclusiones: “El país se ha perdido una oportunidad de oro para modernizar su imagen”.