A principio de los noventa, en Santiago, un grupo de jóvenes no tenía dónde ir a patinar. Llegaban a distintas localidades y los echaban en cuestión de minutos. Los guardias de cualquier edificio —malls, torres corporativas, supermercados, etc.— eran sus principales enemigos y en las calles era arriesgado practicar porque siempre existía la posibilidad de ser atropellados o molestar a alguien en la vereda. En lugar de llevarse la patineta a casa, los aficionados decidieron fabricar su propia pista. Hicieron una “pateada”, lo que equivale a una manifestación. 

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Patricio Albornoz, dueño de la marca de skate Semilla y Marcelo Flores, creador de la revista La Tabla, lideraron aquella marcha y lograron en 2007 que el alcalde de Santiago de ese entonces, Raúl Alcaíno, creyera en ellos. Fue el único. Construyeron un skatepark en el Parque de los Reyes y ahí comenzaron a juntarse.

El lugar les quedó chico rápidamente y empezaron a crear, de a poco, más espacios para patinar con la infraestructura adecuada. Comenzaron a construir rampas y bowls en sus propias casas y en lugares abandonados. Pero los hermanos Federico y Patricio Mekis, dueños de la empresa Bowlpark, vieron más allá e hicieron de su deporte favorito, un trabajo.

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Construyeron un bowl en el Club Ecuestre de Cachagua junto al surfista local León Vicuña en 2010 y empezaron a hacer clases para niños, lo que además para los papás era ideal; mientras los niños estaban en clases, ellos disfrutaban de la playa tranquilamente. El éxito fue inmediato. El primer año hubo cerca de 20 alumnos y al siguiente tenían casi el triple de inscritos. Después de ese verano, abrieron su primera sucursal en Santiago en el Mall Sport. Así nació la empresa que convirtió a los hermanos, ambos menores de 30, en exitosos empresarios: “Quisimos enfocarnos en los niños para darles los instrumentos que nosotros nunca tuvimos, además que es bueno fomentarles el deporte desde chicos y que consideren el skate como un estilo de vida”, dice Federico.

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El ojo de los hermanos Mekis tampoco falla a la hora de descubrir talentos. Les pasó con Marcelo Jiménez, a quien apadrinaron y aunque él ya patinaba, la mano de la ‘familia’ Bowlpark se notó. Hoy a sus 19 años sus logros son innumerables. Desde portadas de revistas destacadas del rubro hasta estar siempre en el podio de importantes competencias internacionales.

Ahora son las mujeres quienes se han tomado las pistas. Al principio se veían muy pocas y aunque todavía predomina la presencia masculina, las chicas se atreven cada vez más. “Al principio éramos contadas con los dedos. Hoy varias ya hasta han conseguido auspicios”, cuenta la artista plástica Elisa Wood (23). Otro grupo que se incorporó a la práctica fueron los sub 40, autodenominados  ‘Los oldschools’, quienes se reúnen una vez por semana rotando el lugar de encuentro entre la pista de Chicureo, Las Condes o Mall Sport.

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El skate no discrimina. Es un deporte totalmente inclusivo, no distingue clases sociales, edades ni sexo. El experto skater Spiro Razis lo resume así: “He visto como se ha ido desarrollando este deporte en Chile. Cuando partí éramos muy pocos los que nos dedicábamos a esto, entre ellos estaba Danny Fuenzalida que se radicó en Estados Unidos al salir del colegio para desarrollarse profesionalmente como skater allá y ha llegado muy lejos. Ahora aquí hay muchos lugares para patinar y las nuevas generaciones vienen con todo”.