Por Antonio Skármeta

Por favor, fieles lectores, pónganse de rodillas y acompáñenme en la lectura de este párrafo con que una revista deportiva santiaguina inicia su retrato de Marcelo Salas: “José Marcelo Salas Melinao es un iluminado. El ángel que lo acompaña por los senderos de la vida lo guía para que la carga sea más fácil de llevar. Muchos auguran que como nació en Noche Buena, hay una estrella que se preocupa por él. Su horizonte se pierde en un infinito invisible, dando a entender que hay Salas para rato”.

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Hasta hoy, tres veces por día, las distintas emisoras chilenas difunden el video de Salas bailando a los defensas brasileños contra River, para después de trasquilarlos meter en el único hueco posible el gol imposible.

Que alguien triunfe en Chile, un detalle de cierto encanto para el beneficiado, pero como dice el tango “todo lo que ocurre en la angosta franja son pobres triunfos pasajeros”. La distracción de mis compatriotas hacia sus valores es un talento endémico. Nuestra poeta Gabriela Mistral recibió el Premio Nacional de Literatura años después de que se le otorgara el Nobel. Lo que vale para los chilenos es un triunfo en el exterior, la repercusión internacional. Pero quedarse en la patria chica para radicarse y ser pasto del ninguneo es algo que ningún talento hace. Los escritores chilenos de renombre mundial, sus pintores, compositores, científicos o directores de orquesta, vienen cada dos años a comerse una empanada y se van.Wp-salas-450-4

Salas es la locomotora del tren, tanto así, que el tranquilaine técnico uruguayo de nuestros cracks, anunció hace algunos días que Chile en Francia jugará al ataque. No es por ser fatalista, pero conociendo el agudo humor negro de los orientales, presumo que Nelson Acosta estima que nuestra defensa está lejos de ser un heróico bastión. ¿Pensará en scores a nuestra cuenta de 6 a 5. de 7 a 6?.

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Mas, hay algo superior al deporte y al Espíritu Santo que explica su tremendo ascendiente e idolatría en el Chile de hoy. Desde que este país encontró una solución a sus turbulencias y radicales enfrentamientos políticos a través de “una transición a la democracia” cuyo comienzo puede fijarse a la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988 pero cuyo fin se reacomoda mes a mes y año a año, se les ha hablado de un país “triunfador”, donde la macroeconomía nos tendría a las puertas de niveles europeos.

Cualquier niño puede y sueña con ser él. Lo que aún falta en práctica y experiencia o talento, lo suplen son decenas de miles de camisetas de River Plate aunque n haya bebido jamás cerveza Quilmes y sus tiernas barrigas escolares escondan sólo Negritas y burbujas de coca-cola.

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¿Cuánto vale Salas? Para la Lazio de Italia cerca de 20 millones. ¿Para el resto de los chilenos? Difícil decirlo. Pero lirismo aparte, ¿cuán lejos va a llegar Chile en Francia con la quinela “Sa-Zá” (Salas-Zamorano)? Jamás un team chileno había tenido tal cantidad de muslos millonarios en dólares sobre la cancha.

Ruego al ángel que cuida a este bienaventurado que en beneficio de nuestra emoción, identidad, y alegría, nunca nada malo le pase a José Marcelo Salas Melinao. Que lo amparen los dioses occidentales y mapuches. Que nadie le fracture la tibia, el fémur y el peroné. Que nadie le arranque con los dientes el talón de Aquiles. Que su rótula resista los groseros trancazos en el área chica. Que sus articulaciones sean eternamente flexibles como las de un adolescente. Que aunque quede en la memoria de todos, como humano, simplemente humano, ningún Iscariote escenifique su crucifixión. Amén.