Soy eso que los fanáticos del fútbol llaman un ‘hincha de cartón’. No sé cuál equipo va primero en la tabla de posiciones, ni cuál es el futbolista revelación de la temporada. Supe que Manuel Pellegrini ganó la Premier League, pero todavía confundo el equipo del que es entrenador, a veces creo que es el Manchester City, otras que es el Manchester United

Los vaivenes futbolísticos no son mi especialidad. Excepto en época mundialera. Ahí me entrego a la euforia colectiva, celebro triunfos de Chile y goles de futbolistas que no sé cómo se llaman (excepto Alexis Sánchez, que sé su nombre y también he visto su torso sin camiseta). Y lo hago porque la felicidad se contagia, si ves a mucha gente contenta y ansiosa, simplemente se te pega el estado de ánimo. Y se agradece, por supuesto. Vale la pena aguantar comerciales de televisión mundialeros, comentaristas de fútbol adictos al adjetivo y a los superlativos, programas de TV sin sentido con mucho grito y pachanga, si a cambio hay gente contenta, amigos que se reúnen, compañeros de trabajo que no se soportan que terminan abrazados gritando un gol o llorando una derrota.

Porque cada vez que Chile va al Mundial, aparece un deseo profundo: querer que algo épico suceda, que la selección haga un partido perfecto, con pases fenomenales, con atajadas históricas, con triunfos de último minuto que hagan que le doblemos la mano a la historia. ¿Hay algo más emotivo que ver la cara de un hincha cuando su selección anota un gol decisivo o está a punto de quedarse con el triunfo? Esa cara de ilusión ni siquiera la tienen cuando han visto por primera vez a sus hijos. Es la cara de la felicidad, la cara de alguien que cree que el milagro está a la vuelta de la esquina. 

Pero todos esos bellos sentimientos a veces no son comprendidos por el ‘hincha de verdad’ y así, los que no estamos al tanto de lo que sucede 24/7 en el ‘planeta fútbol’ somos víctimas de comentarios como: “eres un hincha de cartón, sólo apareces cuando Chile gana”. ¡Qué injusto! Olvidan que en época de mundiales jugamos un rol fundamental: somos los que iremos a trabajar el día que Chile juegue, mientras un compañero se ausentará a causa de un repentino ataque de amigdalitis purulenta-faringitis-laringitis-bronconeumonía. Y cuando el jefe mire incrédulo la licencia médica y dude del estado de salud, el hincha de cartón lo mirará y dirá: “Yo lo vi ayer, no se sentía bien, estaba súper mal, pálido con fiebre”. Ni Elías Figueroa podría defender tan bien. 

De nada, hincha de verdad.