Hace más de seis años, el conocido entrenador chileno Patricio Apey -el mismo que por varios años dirigió a Gabriela Sabatini- vio jugar a Fernando y de inmediato percibió que tenía “potencial para ser una figura mundial”. Entonces, Apey propuso a toda la familia de Fernando trasladarse a vivir a Key Biscayne para que el niño se dedicara por completo al tenis. Fernando González tenía doce años. Después de varios viajes al centro de entrenamiento que Apey posee en este barrio de Miami, los González Ciuffarei tomaron la decisión: Fernando abandonó el sexto básico del Colegio La Salle y toda la familia -compuesta además por dos hijas mujeres- se trasladó a Miami. Tal como lo cuenta su madre, “fue una decisión fuerte. Yo echo bastante de menos Chile,- cuenta-, pero había que jugársela…y realmente le ha ido bien”.

Para tranquilidad de todos, Fernando comenzó con el pie derecho. Su temporada pasada fue realmente espectacular. Participando en la categoría de catorce años, disputó catorce finales internacionales, de las cuales ganó once. Varias de estas victorias fueron en suelo europeo, ante los mejores representantes del viejo continente. Pero sin duda que su resultado más espectacular -por lo que este torneo representa en términos de auspicios e imagen- fue su segundo lugar en el Orange Bowl de Miami, donde perdió la final frente al ruso Artem Derepasko (a quien ya le había ganado en un torneo anterior). Toda esta campaña le valió ser considerado como el número uno del mundo en esa categoría.

wp-450-fdotenis

Hace un mes se tituló campeón sudamericano por equipos en la categoría dieciséis años. El conjunto, integrado además por Nicolás Massú y Carlos González, derrotó nada menos que a Argentina y en la final al equipo local de Brasil. Fue un triunfo muy importante porque, a nivel de menores, ambos países han ido tradicionalmente superiores a Chile.

Nace una estrella

Junto con el éxito tenístico, aparecieron también los auspiciadores. En este momento, el más importante de todos es la empresa Proserv, la misma que promueve nada menos que al astro norteamericano de básquetbol Michael Jordan. Esta firma que tiene su sede en Washington se encarga de fomentar a deportistas de élite y uno de sus altos ejecutivos e Paris a Patricio Apey hijo. “Proserv es el manager de mi hijo, -explica Fernando González papá-. Existe un contrato de por medio. Ellos le consiguen invitación a los mejores torneos en Europa y Estados Unidos. Eso es una gran suerte, porque no nos significa tener que gastar tanto dinero nuestro. Aunque todavía tenemos que financiarle algunos viajes o estadías en hoteles”.

- ¿Eso significa que la carrera de su hijo le ha significado un costo económico?

Indudablemente. Los ahorros que teníamos en Chile ya no están. De todos modos, nosotros somos dueños de una casa en La Reina y yo viajo constantemente a Chile porque tengo una agencia de seguros y además trabajo en un molino. Todo esto tiene un costo, pero el acuerdo de familia fue apoyar a Fernando, darle una oportunidad a un hijo en que uno cree.

- ¿Todavía no obtiene ganancias? 

No. Están trabajando con él. Además, como aún no cumple los quince años, no puede jugar torneos profesionales (después que la joven tenista norteamericana Jeniffer Capriati cayera en las drogas y la depresión, los organismos rectores del tenis mundial prohibieron que tenistas menores de quince años jugaran profesionalmente).

Las intenciones son que Fernando juegue la actual temporada europeo en la categoría hasta dieciséis años y si los resultados son positivos, el próximo año ya estaría jugando los torneos junior. Esta competencia podría ser el trampolín para partir jugando profesionalmente.

wp-450-fdotenis2

Una pasión sin límites

Abandonar los estudios a tan temprana edad para dedicarse por entero a jugar tenis puede parecer una idea bastante descabellada para muchos padres. Sin embargo, hoy por hoy, salvo casos excepcionales, es imposible estudiar y hacer carrera tenística al mismo tiempo.

A Fernando González no le costó tanto la decisión de dejar el colegio (ahora estudia por correspondencia con el colegio Terranova). “Nunca me gustó mucho el colegio. Lo que más me gusta es ser tenista”, nos cuenta.

Y a eso está dedicado en un ciento por ciento. Fernando pasa la mitad del año viajando por Europa, torneo tras torneo. Y cuando no está en una gira, se levanta entre ocho y nueve de la mañana, toma desayuno y entrena entre dos a tres horas con un grupo de jugadores latinoamericanos y el idioma español. En la tarde estudia un poco, juega golf con los amigos o hace preparación física.

- ¿Cuál es la ventaja de vivir en Estados Unidos?

Acá vienen jugadores de todo el mundo. Y estamos más cerca de Europa, donde está el mejor nivel tenístico del mundo.

wp-450-fdotenis3

- ¿Tiene algún sueño tenístico? 

Llegar a estar entre los diez mejores jugadores del mundo y jugar Copa Davis por Chile.

- ¿Y hay algún tenista a quien admire?

Sí, el sueco Stefan Edberg. Me gusta su tranquilidad y es un caballero.

- ¿Y al “Chino” Ríos, lo admiras?

En lo tenístico, sí.

- ¿Es cierto que usted es tan disciplinado que ya no come chocolates? 

Cuando estoy jugando torneos trato de no comer chocolates, porque no es bueno.

- ¿Ha pensado qué haría si le fuera mal? 

Vuelvo a estudiar y a hacer una vida normal.