Son sus últimos Juegos Olímpicos, pero no por eso serán fáciles. Después de 29 años dedicada al atletismo, Erika Olivera (40) finaliza una etapa. La abanderada nacional tuvo que resistir mucho más que un par de entrenamientos al revelar que por más de una década fue abusada sexualmente por su padrastro. Y si bien esto alivió la carga, las cicatrices duelen un poco más que antes. “Durante los últimos meses se habían reabierto las heridas y como deportista necesitaba tranquilidad para enfocarme en lo que se venía. Estas cosas te empiezan a angustiar y te juegan en contra cuando compites. Yo decidí enfrentarlo, porque ya era mucho lo que había soportado”, explica Erika.

Su voz suena tranquila pero, como siempre, esa pacífica postura esconde una pena aun más grande: el terremoto sicológico y social que ha tenido que vivir luego de sus declaraciones la ha embestido con fuerza. “Por un lado me siento más aliviada. Ya no voy a tener que contar una historia familiar que no es cierta. Pero por otro, encontrarme a días de iniciar una competencia tan importante en Brasil, lejos de mi familia, de mis hijos, de mi marido, es terriblemente doloroso. Paso una etapa difícil y lo peor es que estoy sola en un país desconocido, viviendo muchos momentos de tristeza”, explica la maratonista.

—¿Ha hablado con su madre después de que hizo su declaración?

—No hablo con ella desde el verano cuando enfrenté a este hombre y ella decidió quedarse con él, desde ahí perdí todo contacto. Yo creo que debe, no sé si odiarme, pero tiene que estar súper enojada. La verdad es que para mí es como si mis papás estuvieran muertos.

—¿Tanto su padre como su madre…?

—Es que él no es mi papá, entonces para mí él nunca fue nada, solamente una persona que me hizo demasiado daño. Y mi mamá es alguien a quien yo quiero mucho, lamentablemente hoy día ha demostrado que yo ni mis hermanos nunca le importamos. No sé si decir que para mí ella también está muerta, pero no la tengo, no está conmigo, así que es casi lo mismo.

—¿Podría llegar a perdonarla?

—Conversé con ella hace un tiempo, me pidió perdón, le dije que la quería mucho. Pero ahora se va detrás de este hombre de nuevo, demostrándole fidelidad. Yo creo que mi mamá está súper mal, ha sufrido mucho. Pero si me preguntan si la perdonaría, no sé. Saber que la madre volvió a preferir a un hombre por sobre sus hijos es terrible.

—¿Temió alguna vez que su padrastro también abusara de sus hermanas o hermanos?

—No, pero sí temí por mis sobrinos y también fue lo que me motivó a hacer esto más rápido para salvar a esos pequeñitos, porque sentía preocupación de saber que había niños y que ese hombre estaba ahí. Pero no los quiero involucrar en esto.

INTERNA-ERIKA

Pese a su dura historia, Erika se ha destacado como una de las deportistas chilenas más reconocidas.Comenzó su carrera en el atletismo a los 11 años y desde allí ha representado a nuestro país en cuatro Juegos Olímpicos —estos son los quintos—, los Juegos Panamericanos y el Campeonato Mundial de Atletismo. Mientras conseguía medallas, también formaba su propia familia. Hoy, está casada con el también atleta Leslie Encina, es madre de cinco hijos de entre 6 y 18 años, y está a meses de titularse como ingeniera en ejecución en administración de empresas en la Universidad de Los Lagos. 

—¿Su historia de vida influyó en su maternidad? 

—Eso afectó muchísimo en mi formación de familia, porque siempre me propuse que tenía que hacer todo lo contrario a lo que yo viví. Así que estoy en contra del maltrato, jamás les pongo una mano encima a mis hijos, porque para mí la familia es un núcleo súper importante y gracias a eso somos felices.

—También ha declarado que le gustaría desarrollar una carrera política. ¿Tiene esto que ver con su experiencia de vida?

—Sí, pero eso es algo que vengo diciendo desde hace muchos años. No me gustaría que mi declaración se mezclara con la política, porque en ningún momento busco el aprovechamiento, ni quiero que esto se vea ensuciado. Aunque obviamente voy a apoyar las leyes en torno a este tema —además de los tópicos deportivos—, como el proyecto de ley que busca declarar imprescriptibles los delitos de abusos sexuales.

—¿Cuáles son sus objetivos para esta competencia olímpica?

—Ojalá terminar en dos horas y cincuenta minutos o un poco menos. Pero claramente eso no es lo más importante, esta vez quiero pasarlo bien y disfrutar.