Un parapléjico le dará el puntapié inicial al Mundial de Brasil, anunció la revista CARAS. Usará un exoesqueleto, un traje robótico articulado (neuroprótesis) que les entrega soporte a los pacientes y es capaz de eludir las órdenes erróneas del cerebro.

Me gustaría escribir una columna sobre este tema, mencionando obviamente a Iron Man, pero también haciendo alusión a esas personas que sólo están completas cuando están arriba de su Harley o de alguna temible camioneta 4×4.

Un querido vecino mío sólo estaba íntegro cuando circulaba por el vecindario haciendo reparaciones con su temible taladro…

Por último, el gran exoesqueleto es nuestra personalidad; sin ella, si nos mostramos todos con nuestra esencia, como lo hacemos cuando somos muy pequeños, ponle a los 3 años, tal vez seríamos todos bastante parecidos y bondadosos en nuestra esencia.

Vaya uno a saber.

Es sorprendente que hayan sido capaces de desarrollar la “interfaz cerebro-máquina” que permite que los impulsos eléctricos de la corteza motora del cerebro sean transmitidos a los comandos de esta neuroprótesis.

Muchas cosas son nuestro “exoesqueleto”. Como los autos, por ejemplo. Hay personas que se sienten maravillosas porque tienen un auto maravilloso; pero no son maravillosas; el auto es maravilloso, pero no ellas. No es la misma cosa. El auto lo van a vender: ¿pasarán a ser maravillosas las personas que compraron ese auto? ¿O ya van a ser un poquito menos maravillosas porque el auto ya no está tan nuevo?

Magníficos señores con enormes motos desfilan por el Jumbo con enormes cascos en la mano como caballeros que vienen de participar en un torneo: esa Ducati, esa Harley es su exoesqueleto.

Pero, más allá de eso, ¿no es acaso nuestra personalidad nuestro exoesqueleto?

El uso más notable de los exoesqueletos ha sido militar. Barack Obama anunció que este mes se verían prototipos de un traje tipo Iron Man para el Ejército de Estados Unidos. Se llama TALOS (Tactical Assault Light Operator Suit), y los antecedentes sobran en el cine. Notable es el que usa Tom Cruise en Al filo del mañana (Edge of Tomorrow). O el de Matt Damon en Elysium.

Mi hijo mayor, Gonzalo (aka Alexis Jéldrez), me hizo notar que no hay que confundir un exoesqueleto con un “powered exoskeleton”. Esto es muy interesante: un exoesqueleto es el esqueleto externo que protege el cuerpo de un animal, en contraste con el esqueleto interno que tienen, por ejemplo, los humanos. La concha (como la de las almejas y los choritos) es considerada un exoesqueleto. También la de las jaibas, langostas y cucarachas.

Algunos animales, como las tortugas, tienen endoesqueleto y exoesqueleto (el caparazón).

Probablemente Iron Man sea el ejemplo clásico de exoesqueleto. El exoesqueleto favorito de mi primogénito es cyclón, “una moto que se puede transformar en armadura, envolviendo y protegiendo a su jinete”. Otro es el final de la película Aliens (1986), en donde Ripley pelea contra la reina Alien desde una grúa amarilla, prosigue Gonzalo. El exoesqueleto te hace convertirte transitoriamente en un hombre biónico. En la caricatura “Festival de los Robots”, la canción decía: “Con el movimiento de tus puños te conviertes en un gigante robot”. Esto siempre ha sido cool: quienes portan exoesqueletos suelen ser los héroes de la película.

Ahora, ¿qué pasa cuando te sales de esa armadura?

Sí, es como dejar la pistola en la casa, como bajarse del Porsche, como perder el iPhone más reciente, como perder los superpoderes. Lo que te hacía especial ya no está contigo.

Como un hipster sin su iPad: ha perdido sus poderes.

Volviendo a la analogía con la personalidad, en diciembre pasado Nueva Acrópolis dictó la conferencia “La personalidad como máscara del yo interior”. En algunos grupos esotéricos, en algunas sectas, tratan de eliminar la personalidad, o disminuirla al mínimo porque encuentran que es falsa, pero ¿somos capaces realmente de vivir sin una personalidad? Puede ser algo tan difícil como tratar de no pensar en nada…

Sí es verdad que siempre me llamó la atención en mis hijos lo expuesto que eran cuando todavía estaban muy pequeñitos. Digamos, antes de los 5 años. Esos niños que siempre dicen la verdad, que no temen. Hasta que se empiezan a enfrentar con sus pares en el jardín infantil o en el kindergarten y se ven obligados a crear una coraza que los proteja: la personalidad.

¿Somos capaces de vivir sin personalidad?

¿Somos capaces de vivir como esencia solamente?

En nuestra esencia, ¿somos todos buenos?, ¿somos todos iguales?, ¿somos todos una sola cosa? En la esencia, ¿somos todos una sola cosa? En la esencia, ¿somos todos uno?

“I hope someday you’ll join us, and the world will be as one”, dice la enigmática letra de Imagine, de John Lennon: “Espero que un día te unas a nosotros, y el mundo será como uno”.

Gonzalo cuenta la historia de una caricatura japonesa llamada Evangelion en donde usaban un término muy raro para las armaduras de sus súper-robots. Las armaduras eran invisibles y detenían ataques y acercamientos, se llamaban “campos-AT”. Al final se revelaba que dichos campos estaban presentes entre todas las personas y correspondían a lo que separaba a una persona de otra: o sea, era lo que creaba identidades. Uno de los desenlaces de dicha caricatura era un evento apocalíptico llamado “Tercer Impacto” en donde todos los campos-AT desaparecían, se acababan las identidades únicas y todas las almas convergían en un mismo punto, desapareciendo los conflictos.

¿Seremos eso realmente?: todos una sola cosa, si dejamos de lado nuestras diferencias.

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