Nada ha sido igual. Claro que nada ha sido igual. En el frío mundo de las estadísticas, la participación de Chile en la Copa del Mundo de Brasil no debería hacer diferencias respecto de lo vivido en Sudáfrica 2010 y Francia ’98. El hincha que se asome a los registros numéricos en cien o doscientos años más se asombrará de la simetría de la suerte de La Roja: eliminada en octavos de final ante Brasil en las tres ocasiones.

Y sin embargo, nada ha sido igual. Nunca antes el cómo había sido tan significativo.

Nunca antes La Roja debió hacer frente a rivales de tamaño peso: el campeón (España), el subcampeón (Holanda) y el anfitrión y favorito (Brasil). Nunca antes tuvo menos complejos en la cancha. Nunca antes había dado muestras de que poco importaba el rival enfrente, de que podía ganarle a cualquiera
¿Cuándo un equipo chileno había humillado al campeón vigente, eliminándolo al segundo partido de la Copa?, ¿cuándo había puesto de rodillas —y perdonen el lugar común, pero no hay mejor imagen— a Brasil en un mundial?

Luego está lo otro: la entrega de esos jugadores. Lo digo por todos, pero pienso en Vidal y en Medel, sobre todo en Medel. ¿Qué más pudo haber hecho? Nada. ¿Qué más pudo haber hecho Aránguiz? Nada. ¿Qué más pudo haber hecho Bravo? Nada.

Chile ha instalado en el inconsciente colectivo una impronta de juego: valiente, ofensiva y táctica (casi a la manera vietnamita). Un estilo que ha hecho suyo con pasión y que, de aquí en más, no debiera abandonar. La pachorra propia de los uruguayos, el no dar partido por perdido, comenzó recién en los ’50, con una circunstancia fundacional: el Maracanazo. Para Chile, su participación en Brasil 2014 debiera tener el mismo efecto que tuvo la Copa del Mundo del ’50 para los charrúas, de modo tal que La Roja juegue la próxima Copa América, las eliminatorias para Rusia 2018, los mundiales juveniles o cualquier otra competición, en esa lógica.

Por eso digo que nada ha sido igual.

Cuando Chile dominaba el partido ante los brasileños, cuando ellos renunciaban a atacar, cuando Felipao enloquecía en el banco sin saber cómo resolver el desafío que Chile le proponía, por unos minutos creímos que esa frase que habían repetido una y otra vez Sánchez, Vidal y el mismo Medel no era una bravata ni palabras que se dicen por decir. No sé cuánto habrá perdurado en la mente de los demás la idea que de verdad este equipo podía ser campeón del mundo. Quizás ahí radica lo histórico de la actuación de Chile, que como nunca esa declaración de expectativa fue verdadera. Y aunque parezca naif —porque La Roja recién estaba en octavos—, yo todavía lo sigo pensando.

*Revisa el relato de los goles de Chile ante España