Con la misma seguridad con que sale a cortar un centro aéreo, o se arriesga sin temores en un mano a mano decisivo contra el delantero rival, así también se toma la vida Claudio Bravo. Sabe de antemano que un mínimo error de cálculo, un paso mal dado, o la lectura equivocada de una jugada, lo haría saltar por los aires de la crítica con la misma secuela demoledora de una bomba de relojería.

Capitán de la selección chilena de fútbol, el mejor arquero de nuestra historia, referente sudamericano del puesto, ícono publicitario de varias multinacionales de consumo, pilar defensivo de un cuadro semi-imbatible que gana más del 90 por ciento de sus partidos. Idolo internacional que siguen cada semana más de 300 millones de televidentes de todo el planeta fútbol, millonario, emprendedor y por si eso fuera poco, padre a tiempo completo de cuatro hijos menores, el arquero chileno es el poseedor exclusivo de nada menos que la clave secreta del cerrojo que guarda la portería del famoso Barcelona FC, uno de los mejores equipos del mundo, cuya valoración de mercado supera con creces los dos mil millones de euros. Una leyenda del arco internacional, una estrella del fútbol globalizado que brilla con luz propia en un equipo plagado de megaestrellas.

—A pesar de tu éxito y todos tus títulos, ¿por qué usas una camiseta con el número 13 en la espalda?

—El 13 a mí me sigue y me ha marcado durante toda mi vida. Nací un día 13 y la verdad es que me gustan los desafíos, los retos. Soy bien testarudo en ese aspecto. Muchos jugadores no ocupan el 13 porque da mala suerte. Yo no convivo con ese tipo de cosas.

—De acuerdo, pero ¿la suerte existe?

—Creo que la suerte uno mismo la va forjando. Uno  mismo se va haciendo el camino. Y a mí me gusta un poco seguir la contraria.

—Lo contrario a la opinión de la gente, ¿eso quieres decir ?

—A mí me hace bien ser así. Me hace ser una persona diferente al resto también y no me encasilla en cosas que al final no existen.

—Compartes camarín con la generación dorada del fútbol chileno, de la que eres referente, vocero y capitán. ¿Cómo se logra armonizar y poner de acuerdo a tantos  súper egos en un mismo proyecto?

—Desde mi punto de vista la tarea es fácil. Yo por lo menos, no soy de perder el foco, ni de desviarme con la fama, o con el hecho de que nos pueda ir bien. Siempre tengo el afán de colaborar y ayudar a mis compañeros. Tiene una connotación especial ser capitán. Tienes que ser una persona mesurada en tus declaraciones. Una persona intachable fuera del ámbito deportivo. Creo que a veces nosotros mismos no nos damos cuenta de la repercusión de ser futbolista y sobre todo en Chile. Hay mucho niño que te sigue, que te observa, que te imita. Para lo bueno y también para las cosas malas, que es donde a veces hemos hecho noticia y nos hemos equivocado. Yo creo que esa es una de mis labores, al margen de jugar bien y de que Chile obtenga cosas. Creo que a nivel personal nosotros debemos dejar enseñanzas. El nivel del futbolista tiene que subir. Debemos dejar enseñanzas valóricas en los niños y no solamente a nivel de fútbol.    

bravo2   

—¿Qué tan importante fue el DT Jorge Sampaoli para la unión y cohesión de este  grupo tan exitoso?

—Creo que sin el técnico no hubiésemos llegado a ningún lado. Y él sin estos jugadores, tampoco. Hubo una cohesión importante con su trabajo. Nosotros lo entendimos muy bien. Creo que sentimos que esa era la manera de trabajar para ganar algo. En la Copa Mundial de Brasil lo teníamos súper claro, a pesar de que nuestras expectativas eran más altas de lo que logramos, fue el llamado de atención en el sentido de despertar esa hambre y decir, ¡mierda!, tenemos la Copa América al alcance de la mano. Tenemos trabajo, experiencia, estamos en los mejores equipos del mundo jugando a un nivel que no es normal en nuestra historia. Cuando se juntan esas cosas, claro que se pueden obtener resultados.

—¿Estás consciente de que ustedes cambiaron un paradigma de nuestra idiosincrasia, tan derrotista, que incluso trasciende al fútbol mismo?

—Sí, claro. Nosotros cambiamos esa mentalidad de mirar las cosas. Hemos sido bien importantes en ese cambio y esperamos que las futuras generaciones así también lo hayan recibido.

—¿Cuánto les influyó a ustedes la partida de Sampaoli de la selección?   

—Fue complejo. Tuvimos que hacer borrón y cuenta nueva. Se iba el técnico con quien habíamos estado en un mundial, en una clasificatoria, con el que habíamos ganado la Copa América. Quedamos en el aire, pero viene Juan Antonio (Pizzi) y tiene prácticamente cuatro días de trabajo y dos partidos clasificatorios encima. No había tiempo para lamentarse. Había que trabajar lo mejor posible, ordenar nuestras funciones. Cada uno de los jugadores sabía lo que tenía que hacer y así lo hicimos en este periodo. 

—Y con el nuevo entrenador, Juan Antonio Pizzi, logran una sintonía inmediata. ¿Es tan así como parece? 

—Sí, lógico, pero es también un tema de tiempo. Los jugadores y el cuerpo técnico sabemos que tiempo no existe cuando tienes apenas dos días para preparar un partido vital de clasificatorias. Muchas veces los partidos se resuelven en base al entendimiento, los videos, en base a aprovechar el poco tiempo que tenemos juntos para trabajar ordenadamente y a una intensidad diferente. Pienso que la madurez del equipo es la que al final logra que los objetivos se cumplan. Creo que si nosotros bajamos el listón, si seguimos solo pensando en que ganamos la Copa América, las cosas no van a funcionar 

—La prensa deportiva internacional te define como un arquero  sobrio, calmado y que genera confianza. ¿Qué te pone nervioso, en verdad?

—Muchas cosas, pero no son las cosas que vivo en el fútbol. Tengo cuatro niños en casa y una mujer que me esperan todos los días. Cuando estás a 13 mil kilómetros de distancia y tienes una llamada de España y te dicen que el niño se cayó en el colegio, esas cosas te inquietan y te ponen nervioso porque quieres estar presente y no puedes hacerlo. El fútbol para mí es una diversión, un sueño hecho realidad. Me tomo con mucha calma todo lo que tengo que hacer en el campo. 

—Llevas una década en Europa y ahora vives en Barcelona, una ciudad especial e independentista dentro de España. Si estuviese a tu alcance, ¿qué comportamiento social, actitudes y modelos te gustaría replicar en Chile de esta sociedad?

—Lo conversamos siempre en casa. A mí me ha tocado la fortuna de estar con mi familia en San Sebastián. Conocer la cultura vasca, pasar mucho tiempo allí. Aquí me pasa algo parecido. El respeto que tiene la gente en las calles con uno. El hecho de que la gente te vea con tu familia y no sea invasiva en esos puntos que uno tiene para disfrutar en la mesa con sus hijos, en un parque jugando con ellos, o cuando vas a un cine. Son muy respetuosos en ese aspecto. En Chile eso no ocurre. Si bien es cierto la gente me tiene mucho afecto, siempre tratan de acercarse, pero hay un momento que ya se pasan de la línea. Son muchas fotos, muchos autógrafos. Se hace difícil, no existe ese entendimiento, o el respeto que al final uno es una persona común y corriente. Es lo que me cuesta asimilar muchas veces.

—El fútbol te ha dado fama, dinero, reconocimiento social y una gran proyección en tu vida privada y familiar. ¿Qué te ha quitado el fútbol?

—Si lo pongo en una balanza, el fútbol me ha dado muchas cosas como tú dices, pero no he podido disfrutar de mi familia. Me he perdido innumerables cosas, ya sea con mis padres, mis hermanos. Empecé a los diez años haciendo lo que hago y es duro cuando te sacrificas tanto. Hay que cuidarse mucho para conseguir lo que he conseguido. Es un poco lo que quiero recuperar, pero la verdad es que es muy complejo.

—¿Está en tus planes volver a Chile algún día? 

—Sí, mi intención es volver y disfrutar de mi familia, de mis amigos. Tratar de devolverles cosas a los más pequeños y pasa por eso también, no necesariamente por el bienestar mío, sino por tratar de inculcarles a los más pequeñitos todo lo que yo he aprendido estos años afuera.

bravo3

—El nacimiento de tu última hija te encontró arriba de un avión que volaba sobre el Atlántico. En Chile criticaron que apuraste tu salida del país para llegar lo más pronto posible a Barcelona. ¿Valió la pena haber viajado luego de recibir esos cuestionamientos?

—Siempre vale la pena ir a jugar por Chile. Donde juegue la selección yo voy a querer estar, pero a veces hay críticas injustas que se hacen sin saber lo que nosotros hacemos y dejamos atrás por ir a jugar a la selección. Mi mujer estaba teniendo la niña acá y son cosas que uno no se quiere perder, pero la ley de la vida muchas veces es así. Por lo menos, me quedo con la tranquilidad que cada vez que lo hago, lo hago con el corazón. Creo que somos una forma de transmitir alegría, de que la gente se olvide de sus problemas. Lo sentimos muy fuerte cuando pasó el terremoto. Con la Copa América pudimos entregar algo para que la gente se olvidara. Fue un momento muy bonito ver cómo festejaban, se liberaban y dejaban atrás sus problemas, aunque sea por un par de horas. Solo el futbol es capaz de transmitir esas cosas.

—El tema de Jadue y su salida del país parece bastante surrealista. ¿Sospechabas algo, o te enteraste como todo el mundo en Chile?

—Bueno, creo que con la misma sorpresa e incredulidad nos enteramos todos. Nunca vimos episodios raros o cosas extrañas que te hicieran dudar, o pensar que algo tan grande podía pasar, incluso los periodistas deportivos habían premiado a Jadue como el mejor directivo del año. Imagínate, si ellos que son los que siempre están investigando y tienen las fuentes necesarias para saber qué es lo que pasaba. Imagínate nosotros que estamos en una interna y no vemos nada extraño y no teníamos sospechas de ningún tipo. Nos pilló a todos helados.

—Has sido crítico con  la situación de seguridad que hay actualmente en Chile. A tu juicio, ¿es un tema de Estado, del actual gobierno o de quién?

—Hay veces que te muerdes la lengua y logras callarte cada vez que vas a Chile. Creo que es un problema grande, pero no solo a nivel de delincuencia, sino que es un problema a nivel de educación, ahí es donde estamos fallando y al final esta bolita de nieve se va agrandando y se convierte en un tema país. No solamente el tema político puede cambiar esto. Tenemos la labor de mejorar a cada persona que tengamos cerca. Es un todo. Lo que se transmite a nivel de televisión, lo que se transmite principalmente en nuestros hogares, porque es ahí donde aprendemos a ser personas, no en la calle. Antes se aprendía en los colegios, hoy no tanto. La labor de ser persona comienza en nuestros hogares. Esa es una tarea pendiente. 

bravo4

—El halago estimulante o  la crítica muy dura son muy comunes en un puesto tan decisivo como el tuyo. ¿Cómo manejas esas emociones disímiles entre partido y partido? ¿Cuánto te afectan?

—Yo no me quedo con el halago. Me quedo con la crítica o el comentario que te ayuda a crecer y mejorar. Siento que el elogio te debilita en parte. No me quedo con eso, todo lo contrario. Si me toca un mal partido, al día siguiente trato de entrenar mucho mejor, ver por qué me equivoqué, por qué pasaron las cosas. Siempre he funcionado de la misma manera y no porque alguien me critique me voy a venir abajo, o mi disposición va a cambiar. A mí se me han cruzado muchos que me trataron de hacer imposible la vida para tratar de que no llegara donde he llegado. Pero les agradezco porque me han dejado mucho más claro qué rutas tomar, dónde debo pisar, cómo tengo que ser como persona, dónde tengo que poner el dedo para saber qué botón apretar. 

—Si la felicidad se pudiese calificar. De 1 a 10, ¿qué nota te pondrías en esta etapa de tu vida?

—Creo que un 10. No necesariamente en el fútbol. La felicidad pasa por más cosas. Muchas veces me preguntan si soy feliz obteniendo más títulos. Lo soy porque trabajo para eso, para que las cosas resulten, para ser lo mejor posible, pero fuera de eso también hay otra historia familiar. Me pone feliz que a mis hijos les vaya bien en el colegio, tenerlos sanos en casa. No tengo inconvenientes de ningún tipo. Vivo en una ciudad que me ha recibido a las mil maravillas. Yo entro aquí a las instalaciones de este club y soy feliz. Llego a mi casa y soy feliz. Y eso a mí me genera tranquilidad. Que mi entorno sea feliz, eso para mí es impagable.

—¿Ves a Chile jugando en el Mundial de Rusia 2018? ¿O todavía es muy temprano para ser tan optimista?

—Es temprano, pero siempre está el objetivo en mente, sobre todo considerando la generación de jugadores que tenemos. Sería un fracaso rotundo no llegar al próximo mundial, pero para ello debemos seguir mejorando, mantener el nivel que tuvimos en la copa mundial de Brasil, en la Copa América. Creo que ese es el camino para llegar.