Soy un gran admirador de Cassius Clay —desde que aparecía en la revista deportiva “Gol y Gol” en los años 60—, pero no tanto de Muhammad Ali. (Tal como amo al Elvis Presley de los años 50, pero no al que canta canciones napolitanas cuando vuelve del servicio militar: no son la misma persona.)
Para mí el más grande es ese boxeador que ganó las Olimpíadas de 1960 y que ese mismo año comenzó una carrera invicta. (Su medalla de oro la obtuvo como semipesado; subió de peso para enfrentar a los pesados.)

“Gol y Gol” le comenzó a seguir la carrera en aquel tiempo en que era un fanfarrón y se burlaba de los grandotes.
“Me enfurecía ver a un par de pesos pesados, gigantescos, torpes, lentos, atizándose como dos monstruos de Frankenstein, agarrándose y zumbándose con los pies clavados en el suelo”, dijo Cassius Clay, quien decía ser el más hermoso, el más astuto y el más malo. “Yo sabía que podía hacerlo mejor. Sería rápido como un ligero, bailaría en círculos, movería las piernas, golpearía y me apartaría, sip-sop-pop-pop, golpearía y volvería a bailar, y transformaría el boxeo en un arte.”

Las peleas de aquellos años (comienzos de los años 60) eran una verdadera danza. Uno veía a Cassius Clay bailando en torno a esos enormes osos.
Sip-sop-pop-pop, se acerca al título mundial noqueando al ex campeón Archie Moore al cuarto.
Sip-sop-pop-pop, a todos los vence en el asalto que él pronostica.
Sip-sop-pop-pop, noquea por primera vez al campeón británico Henry Cooper, en el quinto.
Sip-sop-pop-pop, ahora debe enfrentar al campeón mundial, un ropero llamado Sonny Liston, que ha noqueado en dos oportunidades al ex campeón Floyd Patterson en el primer asalto.

¿Cómo se llama Cassius Marcellus Clay en aquellos tiempos? El muchacho negro de 22 años de Louisville (Kentucky) cambia su nombre a Cassius X una semana antes del enfrentamiento con Sonny Liston. Al igual que su amigo Malcolm X, rehúsa llevar su apellido de esclavo.
Estamos en febrero de 1964, y Cassius muestra todo su talento publicitario. Insulta a su rival. Lo satura de predicciones nefastas. Lo llama “viejo oso feo”. Lo va a desafiar al casino en el que está jugando. Lo va a despertar a su casa…
A la ceremonia de pesaje llega con su séquito corriendo y gritando: “¡Venimos a pelear! ¡Venimos a pelear! ¡A volar como una mariposa y picar como una avispa! ¡Volar como una mariposa y picar como una avispa! ¡Prepárate, oso feo!”
Fue una genial campaña sicológica para minar la resistencia de Sonny Liston. Durante el combate, le habla constantemente.
Y baila alrededor de él. Sip-sop-pop-pop. Ha predicho que lo noqueará en el octavo. Siempre cumple sus pronósticos. Pero cuando suena la campana del octavo asalto, Liston no es capaz de salir de su rincón: tiene un ojo cerrado y un músculo del brazo izquierdo destrozado.
Entonces, Cassius —el más asertivo de todos— le pregunta a un coro de pequeños periodistas: “¿Quién es el más grande?” Y todos responden débilmente: “Tú.”

Y no sólo eso, Cassius era, además, el más hermoso, el más rápido, el más astuto y el más malo.
Un mes después (marzo de 1964) Columbia Records da a conocer su versión de la canción “Stand By Me”. “¡Este tipo no sabe cantar!”, habría dicho el boxeador de Ben E. King. “¡Yo le voy a enseñar!”. Su versión es notable, concentrada, y sonó mucho en las radios chilenas; solamente será superada por John Lennon una década más tarde.

Por ese tiempo, adopta el nombre de Muhammad Ali.
A partir de 1967, no lo dejan combatir más. Su negativa a ingresar al Ejército le vale una condena de cinco años. Cuando regresa a los cuadriláteros, ya no es el mismo.

(Esta nota está basada en una de hace 30 años publicada en la “Revista del Domingo” de “El Mercurio”).

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