Me acuerdo que a Chapita Fuenzalida (que jugó en Boca Juniors) le preguntaron antes del partido con México qué sentía al jugar en un estadio lleno de mexicanos. Chapita respondió que en la adversidad los chilenos juegan mejor.
Es una verdad muy grande.

El chileno se agranda ante la adversidad. (Esto tiene mucho que ver con la final también, en la que el favorito era Argentina.)
Ahí estaban los once jugadores enfrentando a un equipo que casi jugaba de local, con todo el público en contra, y jugando mejor que nunca. La Roja bailó a México 7-0.

No solamente con todo el público en contra. Yo comencé a escuchar ese partido por Biobío, la Radio. Tenía puesta la televisión, pero “la previa” la hice escuchando radio. Traté de hacerla (corrijo) escuchando esa radio, pero de repente apareció el periodista Álvaro Lara y leyó un comentario en Twitter de un auditor que se quejaba: “Están tirando puras malas vibras. No los escucho más”.
Presté atención. Hablaba un comentarista deportivo acerca de las malas presentaciones del arquero chileno, Claudio Bravo, ante Bolivia y Argentina. Sostenía que la Copa América era un torneo de elite, y que Chile no se podía dar el lujo de poner en la cancha a un arquero que no estuviera a la altura…

Claudio Bravo había tenido unos días malos, pero ¿quién no tiene días malos? ¡¿Y lo vamos a crucificar por un día malo?! ¿Por dos días malos?
A las personas que queremos, les perdonamos un día malo, dos días malos, una semana mala, hasta dos semanas malas.
¡Todos podemos tener un día malo!
Pero acá en Chile los periodistas deportivos se dieron un verdadero festín con los malos resultados de nuestro equipo en ese momento, que venía de perder con Jamaica y México en amistosos, y con Argentina en el primer partido de la Copa América, además de derrotar a Bolivia apenas.
Dijeron las cosas más terribles. Que el equipo ya estaba viejo, que ya había pasado su momento, que Pizzi no servía, que Claudio Bravo estaba desconcentrado.
Los jubilaron.

A los críticos les respondió Gary Medel, el pitbull, (quien también jugó en Boca) con una foto tras la derrota con Argentina el 7 de junio en la que aparece mostrando los dos dedos del medio y con el siguiente texto: “Para todos los mala clase!!”, además de las etiquetas: “#campeondeamerica #somoshistoria #sinmemoria”…

En el diario La Tercera, el periodista deportivo Felipe Bianchi fue muy duro el domingo 12 de junio: “El juego predecible, sin solución ni variantes, sin la apariencia de un buen trabajo previo, es la nueva marca de fábrica de Chile. Todos, tantos nacionales como extranjeros, lo notan y se asombran. No es casualidad, invento ni mala fe. Es certeza dolorosa. Ya son demasiados partidos sin avance, tocando la misma tecla. Es objetivamente alarmante la baja en el rendimiento de un equipo que hasta hace muy poco enamoraba, encantaba y remecía, y hoy genera impotencia y ganas de bostezar.”
Por supuesto, esto se inscribe dentro de un panorama de mala onda generalizada en nuestro país: se disfruta con los dramas, con las dificultades, los comentarios son hirientes, la agresividad palpita.

La verdad es que si uno no escuchara más la radio porque “tiran puras malas vibras”, uno no escucharía nunca algunas radios y canales que parecen disfrutar de las catástrofes.
Te comenté el otro día en persona, comiendo churros con chocolate en el Café Melba, el caso del gran partido de Wanderers con O’Higgins, que buscaba la clasificación para la Copa Sudamericana, y cómo Fernando Solabarrieta lo único que destacó fue la rabieta del delantero Jaime Grondona.

Respecto a la renuncia de Lionel Messi a la selección argentina, yo creo que es un mal ejemplo para los niños. Los ídolos no deberían hacer ese tipo de declaraciones impulsivas porque ellos tienen un efecto en las generaciones que se están formando. ¿Cuál es la lección? ¿Cuál es la moraleja? Si enfrento muchos problemas, si lo paso mal, yo renuncio. Si pierdo un penal, yo renuncio.
No es una buena enseñanza.

Prefiero: En la adversidad, nos agrandamos.

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