El encuentro se rige por un protocolo al estilo presidencial. Previa revisión del cuestionario de preguntas—rechazan los temas más personales—, a la hora acordada se abre la puerta de una sala especialmente adaptada para la entrevista en el Hotel Ritz-Carlton de Los Angeles, y ahí están ellos, la pareja que en 1999 inició una historia de amor como de cuento de hadas. Amables, sencillos pero formales. Ella, la mejor tenista de la historia, de jeans y zapatos ballerina; él, uno de los mejores y de los más queridos por el público, de pantalón y polera negra. Steffi (45), la alemana símbolo de orden y disciplina; Andre (44), un hijo del sueño americano: el menor de los niños de un inmigrante iraní que a fuerza de severa voluntad y trabajo infatigable, logró llevar a Andre a la conquista del Olimpo. Stefanía, compuesta dentro y fuera de las canchas; Andre, el ‘Kid de Las Vegas’, un chico con estilo y gran encantador de multitudes, mujeres y marcas.

 

Son los invitados estelares del Longines Master Grand Slam, una de las principales citas internacionales en la especialidad de salto a caballo. Agassi y Graf son embajadores de esta marca de relojes suizos; un encuentro de destreza y velocidad ecuestre de primer nivel mundial que, en pleno corazón de L.A, reúne a personalidades como Bruce Springsteen y Bill Gates. Tres días de excelencia deportiva, pero también de intensa vida social donde se hace mucho foundraising para las fundaciones del matrimonio Agassi & Graf.

 

La gran campeona que triunfó en 22 Grand Slam —récord absoluto que ni Federer ha superado— preside hoy, con el apoyo de Longines, la fundación Children for Tomorrow. La creó en 1998 en cooperación con el centro médico para infantes refugiados del hospital de Hamburgo-Eppendorf, donde la tenista trataba sus lesiones. Su objetivo ha sido borrar las huellas sicológicas que arrastran los niños víctimas de guerras, persecuciones y exilio. Él, por su parte, encabeza la Andre Agassi Foundation for Education, con base en Las Vegas, y que ha reunido importantes sumas de dinero y cosechado logros en cuanto a ofrecer una oportunidad a estudiantes vulnerables y, de paso, renovar el paradigma de la educación pública de Nevada.

 

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—Andre, ¿qué lo inspiró en esta causa? ¿Cuál es la relación entre un tenista y la sensibilidad con el tema educación?

 

—Fue la falta de educación que yo tuve al crecer. Fui afortunado de ser bueno en el tenis, de lo contrario, no habría tenido muchas opciones. Solía ayudar a niños de distintas maneras, pero siempre de forma reactiva; emocionalmente me sentía frustrado con solo reaccionar al problema.

 

Quería ser proactivo y entregar las herramientas necesarias para que ellos pudieran cambiar sus vidas, romper el ciclo que los enterraba en una existencia sin oportunidades.

 

—En Chile hoy el modelo de educación es el principal tema de discusión. ¿Cuál es para usted el sistema ideal? ¿Privado o público?

 

—No puedo opinar más allá de nuestras fronteras, ya que el sistema educacional es distinto en cada país. Pero en EE.UU., es el tema número uno, ya que sin educación para los niños, ¿dónde esperas llegar como sociedad? Steffi Graf acota:

 

Y es un asunto muy importante para Nevada. Continúa Agassi:

 

—¡Claro!, porque a nivel nacional, el peor problema de educación está en Nevada. Entonces, quería tener la seguridad de darle una oportunidad justa a la mayor cantidad de niños. El sistema público está quebrado en Estados Unidos. En 1950 éramos número uno del mundo en educación y ahora estamos en el puesto 26… siendo generosos. El índice de drop out (abandono de los estudios) va en aumento. Y hoy gastamos cuatro veces más en encarcelar a una persona que en educarla. Más de un millón de estudiantes abandona la educación todos los años. ¿Entre una educación pública o privada, decir cuál es mejor… ? Si estás en condiciones de pagar lo privado, excelente. Recibe la mejor educación que te permitas pagar, lo apoyo, pero no todos pueden darse ese lujo. Hay tres tipos de modelos de educación en EE.UU.: público, privado y un tercero que combina ambos, los public independant schools, colegios públicos con independencia en su dirección. Allí estoy enfocado”.

 

Andre Agassi se retiró del tenis a los 36 años. Ella lo hizo mucho antes, en 1999, cuando cumplió los 30. Pero los dos lo vivieron como un alivio. “Fue como descubrir que era Navidad cada día…”, ha dicho Agassi en varias oportunidades.

 

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Tenían motivos para estar cansados. Partieron en esto siendo muy pequeños y el camino fue duro. Extenuante. “Cuando repaso mi vida, me doy cuenta de que el tenis me robó la infancia”, confesó Agassi en Open, su sincera y polémica biografía publicada en 2009. El tenis fue la mejor forma de escapar de un colegio que no le gustaba. Y tenía a su padre —un hombre que trabajaba y ahorraba sin descanso— que lo impulsó sin piedad: a los 16 años lo incentivó a dejar la casa familiar de Las Vegas y partir a la Academia de Nick Bollettieri en Florida, donde se inició como profesional. En su libro lo recuerda como una decisión angustiosa: “Ya no hay marcha atrás (…) Siento como si acabara de meterme en una carretera larga, muy larga, que parece descender hasta un bosque siniestro”.

 

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Muy lejos, en Manheim, Alemania, Steffi Graf también partió muy pequeña empuñando una raqueta. Determinada por un padre (Peter Graf ) que no dio tregua a su ambición por hacerla campeona y ayudada por una rapidez de piernas sin igual, a los tres años Steffi ya golpeaba la pelota como quien tomaba la leche. Su papá colocó un diván cama delante de la pared del living para que su hija practicara contra la muralla, como si fuera un frontón con red. Cuando lograba pasar la pelota 50 veces seguidas encima de esa valla, la premiaba con un helado de vainilla con frambuesas. Así, juguetonamente, se inició la dependencia padre-hija. A los seis años ya jugaba torneos; con 16, ocupaba el sexto puesto del ranking WTA y tenía contratos millonarios con Opel, Adidas, Dunlop y Basf. Y a los 18, ya era la mejor tenista del mundo. Durante los diez años siguientes dominó el circuito femenino, casi sin contrapesos.

 

Esta infancia plagada de exigencias y metas la marcó a fuego. “La concentración llegó muy temprano para mí porque se me enseñó a punta de dolor”, dijo en una entrevista hace unos años. “Mi padre fue mi entrenador: jugábamos en la casa destruyendo los muebles… Mi primer torneo fue a los seis, contra chicas de 10 ó 12 años, un aprendizaje duro. Fueron muchas derrotas y muchas lágrimas. Pero muy temprano mis padres me dijeron: “Escucha, llorar en la cancha no va a llevarte a ninguna parte … Así fui educada”.

 

Peter Graf fue su mentor, entrenador y manager hasta 1995, cuando la relación de Steffi Graf con su padre sufrió una dramática fractura: él fue acusado por el fisco alemán de desviar más de 13 millones de dólares a sociedades de papel en el extranjero para no pagar impuestos. Le significó más de un año de cárcel, el fin de su matrimonio con Heidi, la madre de Steffi, y el distanciamiento con su hija (cinco años antes ya había causado escándalo por una relación sentimental con la call girl Nicole Meissner). El triste capítulo de su padre fue la mayor amenaza que sufrió la carrera de la mejor deportista alemana de la historia: “La etapa más difícil de mi vida”, reconoció ella entonces. De tal envergadura fue el quiebre, que Steffi no volvió a verlo hasta poco antes de su muerte por un cáncer al páncreas, en noviembre de 2013. En esos días, viajó a visitarlo a Alemania y el reencuentro fue interpretado como una reconciliación.

 

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Hasta que estos dos prodigios del tenis saltaron a la fama, sus respectivas familias no gozaban —ni de cerca— de una existencia acomodada. Peter Graf era vendedor de autos usados y Emmanuel ‘Mike’ Aghassian, un trabajador del casino de Las Vegas cuyo bienestar dependía de la generosidad de los clientes. Andre y Steffi fueron hijos de la escasez y del rigor.

 

Una vida muy distinta a la que ahora llevan en Las Vegas, donde residen. Allí, sus hijos Jaden Gil (13) y Jaz Elle (11), viven una existencia sin apremios ni exigencias: “Quiero que sean felices y que elijan con qué se comprometen. Que lo hagan con su espíritu y su corazón… Que escojan su futuro”, explica Steffi Graf.

 

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—Señora Graf…

 

Agassi interrumpe: ¡Señora Agassi! (risas).

 

—¿Continúa practicando tenis?

 

—No, en realidad muy poco. Diría que una vez al mes. Para las fundaciones, damos clases.

 

—¿Y no lo echa de menos?

 

—Realmente, no. Seguimos manteniéndonos en forma con distintas actividades físicas: pesas, bicicleta, correr. También hacemos mucho snowboarding.

 

—¿No extraña la sensación de estar ahí… dentro de la cancha?

 

—(Agassi) ¿Qué sensación?

 

—Lo digo porque algunos ex jugadores sienten nostalgia y les cuesta el retiro…

 

—(Graf ) Para mí, no. Fueron años muy difíciles en lo físico y emocional. Obviamente, el tenis fue una parte muy importante en nuestras vidas. Pero ahora ya no es prioridad, hoy nos importan nuestros hijos y el trabajo con la fundación. Cuando tengo la oportunidad de jugar tenis, claro que lo disfruto, pero ocupa un lugar distinto hoy.

 

—Al ver los videos de cuando ustedes jugaban, parecían preocupados y no muy felices. En cambio ahora se ven sonrientes y plácidos. ¿Disfrutan más ahora?

 

—(Graf ) Es interesante… Si a veces parecíamos poco relajados, es porque es muy difícil hacerlo como jugador de tenis. Tienes muchas preocupaciones y desde que partes es muy demandante. Son once meses al año de entrenar sin pausas y después, como profesional, cuando no estaba jugando tan bien, sabía que tenía un torneo en dos semanas y que no podía descansar. Y si ganaba uno, de inmediato seguía otro. El tiempo para disfrutar es muy breve. Se vive bajo una presión constante. Una vez que entras al circuito, es muy difícil tener momentos de relax para encontrar un equilibrio.

 

—(Agassi) Yo solía pensar que era moody (temperamental), pero luego de retirarme me di cuenta de que el tenis es moody.

 

—¿Significa que el presente y el futuro es un lugar más amistoso que el pasado para ustedes?

 

—(Graf) No estoy segura sobre el futuro. En el presente, ha sido un lujo poder tener este tiempo para estar con nuestros hijos y para las fundaciones. Podemos priorizar y estar donde queremos estar. Muchas personas hablan sobre tener hijos y no pueden pasar tiempo con ellos. Nosotros podemos verlos crecer y eso significa mucho. No es que me haya olvidado de lo que hacía, pero mi vida como tenista parece tan lejana. Siento que el tenis me marcó e influyó mucho en lo que soy, pero la vida es mejor con una familia que está creciendo. Es un ambiente de un mayor equilibrio para mí.

 

—¿Y para usted, Andre?

 

—Si se trata de comparar, estoy feliz de estar en esta nueva etapa. En el pasado, hicimos cosas que tuvieron un impacto en la gente durante unas cuantas horas, en cambio ahora lo que hacemos puede impactar generaciones y podemos disfrutar de nuestros niños.

 

Todo partió en mayo de 1999 en París, en el torneo de Roland Garros. Dos semanas que marcaron emocional y profesionalmente a Steffi Graf y Andre Agassi. Contra los pronósticos, ambos ganaron el torneo … y ahí mismo se desató la historia de este amor inesperado.

 

Agassi declaró después: “Si dijeran que es el guión de una película, no lo creerían”. Graf, al recibir el trofeo, mostrando una felicidad que pocas veces se le había visto, afirmó: “¡¡¡ Estoy tan feliz que me siento… me siento básicamente francesa !!!”.

 

Desde 1995 que ninguno ganaba un Grand Slam. Graf había terminado su relación de siete años con su novio, el corredor de autos alemán Michael Bartels y Agassi recién se había divorciado de la actriz Brooke Shields.

 

Y Roland Garros del ’99 fue el último torneo que ganó Graf. Tres meses después dejó el tenis.

 

—¿El año perfecto… no?

 

—(Graf )— Para mí ese torneo fue el momento más especial. Jugaba la final contra Martina Hingis… yo había atravesado grandes dificultades emocionales y físicas: una cirugía en la rodilla, muchas lesiones en mi espalda y pies. No estaba segura si debía retirarme o no. Entonces volver y terminar ganando el abierto de Francia una vez más, fue inolvidable. Iba set abajo y con muchos problemas en el segundo, pero el público me siguió apoyando de una manera extraordinaria, como si fuera local, y eso me ayudó a juntar fuerzas para dar vuelta el partido y quedarme con el triunfo. Cuando uno es más joven y gana sin dificultades, como por ejemplo cuando completé los cuatro Grand Slam el ’88, fue fenomenal, pero no me di cuenta de lo que había logrado. En cambio en París ’99, pude sentir ese momento y estar agradecida de haberlo vivido… lo disfruté de verdad.

 

—¿Y el suyo Andre?

 

—Para mí ganar Roland Garros ’99 sin duda también fue lo más especial. Un momento que llevaré para siempre. El único año que triunfé en ese torneo.

 

—¿El año cuando se conocieron no?

 

—(André) Sí, pero gané solo. (Se miran y se ríen cómplices.)

 

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Llevan catorce años casados, casi una rareza entre las parejas célebres. Y los gestos de cariño y admiración entre ambos son visibles. Como aquel momento tan particular, cuando en 2004 Agassi dio un discurso conmovedor con motivo del ingreso de su mujer al Hall of Fame.

 

“Stefanie… nunca necesitaste el aplauso para dar lo mejor”, comenzó diciendo mientras ella escuchaba de pie junto a miles de invitados. “Frente el rugido de las voces al interior de una pista central o en la tranquilidad de la cama donde descansan nuestros niños, tu alma generosa deambula inquebrantable con una suave integridad, jamás batida (ella se seca las lágrimas). El tenis simplemente te entregó una plataforma, una oportunidad para poner en orden ciertas inequidades (… ) y todo lo que has logrado, incluso ahora me deja sin aliento. Haber visto cómo tranquilamente colgabas la raqueta para buscar el amor y la maternidad con el mismo celo y excelencia que siempre te has impuesto; nunca nadie te conoció caprichosa con tus propios logros. Los libros de historia van a recordar tu capacidad para abrazar y superar las dificultades y las heridas, y para volver a ganar, a ganar y a ganar (risas). Esta fortaleza y dominio puede hacer creer a muchos que te conocen… pero para aquellos que de cerca hemos conocido tu tranquila humildad, que te observamos representar el deporte con una dignidad sin manchas, y aún más, para aquellos de nosotros que hemos sido benditos por tu corazón generoso… Tú nos has hecho mejores y nunca volveremos a ser los mismos. Stefanie, pasaste tantos años compitiendo, también aquí donde estamos ahora, pero tuvimos nuestros niños y ahora tienes mi corazón. No tienes rivales…”.

 

Agassi habla con más pasión sobre su mujer, su familia y su trabajo filantrópico, que acerca de sus logros en la cancha que el mundo tanto celebró. Incluso no se cuida de opinar que la actual generación de tenistas es superior a la suya de los ’90.

 

“Creo que ahora es un juego distinto, principalmente por el top spin (pelota que sube y cae con una rápida aceleración)”, asegura. “El tenis es geometría y el spin cambió la forma de jugar. Hoy no podríamos tener a un Patrick Rafter avanzando rápidamente a la red porque la pelota llega demasiado rápido a los pies del jugador.

 

—Usted también era capaz de realizar un top spin fantástico…

 

—Pero no como ahora en que no sabes cuándo puedes atacar. Todo mi juego se basaba en reconocer una oportunidad para hacerlo; si mi rival estaba atrás yo le tomaba el tiempo y me iba encima. Ahora todo es diferente: el spin, la fuerza, los materiales de las raquetas. Los jugadores realizan unos passing shots insólitos y son atletas de gran estatura: la mayoría supera el metro 85. En mi época, si medías 1.92 lo más probable es que no te pudieras mover muy bien. Ahora miden 1.98 y se desplazan a gran velocidad.

 

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—¿Y recuerda algún jugador que haya tenido un gran potencial para ser el mejor y no lo haya conseguido?

 

—(No demora en responder) Creo que fue un compatriota suyo… el chileno Marcelo Ríos. Me sorprendió ver cómo un talento tan extraordinario no pudo dejar su marca en el tenis. No entiendo por qué no siguió jugando. Siempre existen tantos jugadores que pudieron haber logrado mucho más, y no lo consiguieron porque son demasiadas las variables en juego: la mente, las lesiones, el tenis. Sin embargo, lo de Marcelo Ríos fue algo sorprendente porque era extraordinario pero simplemente no estaba interesado.