Arturo Vidal Pardo aterrizó en Münich a fines de julio de 2015. Parecía agotado después del vuelo proveniente de Santiago que hizo escala en Madrid. En el aeropuerto Franz Josef Strauss, un automóvil de lujo y un par de funcionarios del Bayern Münich lo saludaron con amabilidad y luego lo condujeron hasta el centro histórico de la ciudad. En la elegante recepción del Vier Jahreszeiten Kempinski, fue registrado como pasajero VIP y le asignaron una lujosa suite del quinto piso. De aquí en adelante fue huésped cotidiano del hotel cinco estrellas más sofisticado de Münich, y en los meses venideros —hasta que el club le encontró vivienda— fue también la casa de su mujer María Teresa Matus y de sus hijos Alonso e Isabella.

El todopoderoso Bayern de Münich (5 Champions, 26 Bundesliga y 18 copas nacionales) es el equipo más solvente y ganador de Alemania. Tiene 250 mil socios al día y ha sido el campeón indiscutido durante las últimas cuatro temporadas. Desde hace un quinquenio factura utilidades anuales por más de 400 millones de euros. Sus tiendas venden un millón de camisetas por torneo y varios miles de souvenirs y objetos de marketing. Son exitosos, tienen fama de arrogantes, nadan en dinero y seducen a los buenos jugadores con ofertas generosas. Sin chistar pagaron 37 millones de euros más impuestos al Juventus de Turín por el pase de Vidal. Un contrato millonario que además le asegura al jugador un sueldo base sobre 10 millones de euros anuales y cuyo vínculo se extiende hasta 2019.

Desde que Vidal posó sus talentosos pies en la ciudad, el Bayern lo mima como una megaestrella y él se siente a gusto con ese trato preferente. Su presentación ante la prensa alemana fue en uno de los salones del espectacular estadio Allianz Arena y convocó a todos los medios deportivos. Los periodistas estaban ávidos por conocer a este futbolista carismático que usa aros de plata, cadenas de oro y hace gala de sus tatuajes en el torso, brazos y piernas. Un verdadero shock para los padres de esos chicos alemanes ordenaditos y de pelo corto. Los medios tenían morbo por escuchar la versión de Vidal sobre el choque en su Ferrari, cuando manejando bajo la influencia del alcohol se estrelló en plena autopista durante la Copa América. Con un dejo de ironía le preguntaron si se sentía preparado para conducir por las calles de Münich. Vidal no entiende alemán, pero intuyó de inmediato el tenor de la pregunta. Tras la traducción miró al periodista y respondió muy suelto de cuerpo, con la misma facilidad y desplante con que domina el balón en su propia área: “¡No!, ya está decidido, aquí va a manejar mi señora”.

vidal-2

Los periodistas rieron, se guardaron las contrapreguntas y bajaron la guardia. El tema se dio por cerrado. Como en el campo de fútbol, Vidal salió jugando con clase. En Alemania nadie cuestiona por consumir alcohol, menos cerveza. Pero es un lío grande no cumplir a cabalidad las reglas.

Vidal está en la cresta de la ola. El superleído Sport Bild entrevistó al guerrero en su edición veraniega y le dedicó la portada y tres de sus páginas centrales. Como no se andan con rodeos, fueron directo al grano: “Su padre ha estado detenido en Chile por posesión de drogas. ¿Se hace cargo de ello?”. El respondió: “Por supuesto que no. El ya es adulto para saber lo que hace. Mi familia son mi mujer, mis dos hijos y mi madre. El vive su vida, yo la mía”.

Para que no haya ni sombra de dudas, Arturo evita conducir en Alemania, en especial durante sus días laborales. Tiene un auto deportivo de alta gama, pero se abstiene. Sabe que se trata de un tema sensible por su fama de bohemio y opta finalmente por un chofer. Fiel a los códigos que aprendió desde niño en la población El Huasco de la comuna de San Joaquín, confía ciegamente sólo en su familia y en los miembros más íntimos del clan. Por tal razón, trajo desde Chile a Cristopher, pariente y amigo, una especie de clon de él mismo pero en versión XL. Usa su mismo corte de pelo y es el responsable de transportarlo por Münich en un Audi 4×4 negro de vidrios polarizados que le entregó el club como parte del contrato. Cristopher está siempre a su lado como si fuese su sombra. Juntos practican ocasionalmente kick boxing y van, sagradamente cada semana, a retocarse el corte mohicano que genera comentarios encontrados entre los amantes del deporte. Pero es su marca de identidad y en Europa se la respetan.

Cristopher es un fiel y discreto escudero que entra y sale de la casa de los Vidal Matus como si fuese la suya. No habla con desconocidos y, por cierto, cuida como un tesoro la intimidad del mediático deportista y los suyos.

Vidal se levanta muy temprano cada mañana. Se acostumbó en su niñez cuando ayudaba a cuidar caballos de carrera y de madrugada se aparecía por las pesebreras del Club Hípico de Santiago en busca del sustento para su familia. Nieve o truene en Baviera, antes de las ocho y media, ingresa a las instalaciones del Münich en la Sabenerstrasse. Tipo tres y media de la tarde, Cristopher lo lleva a su casa, una construcción amplia y cómoda, cercana al campo de entrenamiento y situada en el barrio de Grünwald, uno de los sectores residenciales más exclusivos de la ciudad. Allí comparte con los suyos y en especial con Alonso, su hijo de 10 años que tiene Diabetes 1 y cuya atención es su prioridad de vida. De hecho, cada vez que Arturo convierte un gol, corre hacia las tribunas adictas y dibuja con sus manos la figura de un corazón. Ese es su particular homenaje a su familia y a los niños de la fundación ‘Deportistas por un sueño’, institución que él junto a otros futbolistas financia de su bolsillo para ayudar a chicos enfermos que no poseen recursos.

El ‘pelado’ Luis es otro conocido de Arturo en la capital mundial de la cerveza. Se trata de un ciclista chileno que se gana la vida con el sudor de sus piernas musculosas. Diariamente transporta en bicicleta turistas desde el Jardín Inglés (el Englischergarten es un inmenso parque de 430 hectáreas que atraviesa Münich) a los lugares con más historia que están en el antiguo casco.

“De casualidad, un día, Arturo venía junto a su familia y lo reconocí de inmediato. Le ofrecí llevarlo en mi rickshaw y aceptó. Cuando llegó el momento de pagar, no quise cobrarle, porque era mi pequeño homenaje de gratitud por su actuación en la Copa América. Él, al principio estaba un poco confundido y no quiso aceptar. Me dijo que era mi pega y que yo tenía que cobrarle, pero insistí en que no quería retribución económica. Se metió la mano al bolsillo y me dio de propina 250 euros. ¿Qué te puedo decir? Me sorprendió su gesto. Cada cierto tiempo me llama, yo lo espero y luego lo saco a pasear por el Englischergarten, o por donde él quiera ir. Siempre anda acompañado de Alonsito”.

vidal-3

Uno de los destinos favoritos de Vidal es el seehaus, una hermosa laguna natural que se forma como afluente del río Isar. Está situada en un extremo del Jardín Inglés. Allí arrienda uno o más botes a pedales y recorre el lago. Se toma fotos que luego publica en su cuenta de Instagram. Pero la mayoría del tiempo se dedica a disfutar del evocador paisaje que florece a metros de la ribera.

Cuando la noche está para cócteles, Arturo se dirige hasta el Schumann’s bar. En la barra o en las mesas levanta su copa y brinda con los contertulios de turno. El espacio está lleno de famosos: jugadores del Bayern, figuras del espectáculo y la TV local, artistas y tenores de la Opera. Está en Odeonplatz y es el lugar de encuentro de la gente prominente de Münich. Allí ocasionalmente el jugador se da cita con sus más cercanos del Bayern: Rafinha, Costa, Xavi o Thiago. Otras veces comparte anécdotas y recuerdos con amigos íntimos que lo vienen a ver desde Chile. Arturo es generoso con sus visitas y no olvida a sus compadres del pasado. La gente lo reconoce, pero nadie lo importuna, porque en Alemania no existe el acoso físico a los ídolos del modo como lo conocemos en Sudamérica. Arturo en Santiago se mueve con guardaespaldas y seguridad privada. En Münich no necesita, ya se acostumbró a esta realidad más relajada y la aprovecha para salir en familia. Cuando se cruza con algún hincha que lo saluda en voz alta o le pide una selfie, Vidal siempre responde: Mia san mia, que es el lema del club en bávaro. Es el santo y seña de los seguidores tradicionales del Münich con el que marcan su identidad.

Si se trata de agasajar a una visita importante o sencillamente compartir con ‘Marité’, como llama a su señora, opta por caminar por la mítica Maximilianstrasse, la avenida con más glamour de Münich, hasta llegar al Brenner, un restorán de culto, con una cuenta que incluido un buen vino supera con facilidad los 500 euros (400.000 pesos) por pareja sin contar la propina.

Cuenta un corresponsal que durante la famosa Oktoberfest, Vidal tuvo que vestirse de bávaro (con pantalones de cuero, suspensores y sombrero típico) y asistir a la carpa de Paulaner. Se trataba de una actividad del club y luego de posar para los medios junto al equipo, casi con timidez se bebió una jarrita de cerveza y luego quiso ir nuevamente por la repetición. Ribery, que además de crack del Bayern es un semidiós de la hinchada, observó cómo se comportaba Arturo, se acercó a él con disimulo y le dijo que se relajara. Beber cerveza es parte de la cultura bávara y nadie saldrá a cuestionarlo, pero que no se le ocurra manejar, ni menos hacer escándalo o molestar a la gente, porque aquí la policía tiene mano dura con los infractores. Se lo han dicho hasta el cansancio.

vidal-1

La verdadera pasión del mediocampista, incluso viviendo en Münich siguen siendo los caballos de carrera. Para cada jornada hípica en Santiago o en Viña del Mar, se conecta a través de internet y apuesta sin límites en el monto. “Es común que juegue fuerte. Ha llegado a perder hasta 90 millones de pesos en una tarde. Pero el hombre no afloja, es de cuero duro y sigue fiel a su pasión por los caballos de carrera”, cuentan sus cercanos.

Ha declarado a la prensa alemana que es feliz en Münich, que le encanta jugar con su hijo en el Jardín Inglés y que valora que no lo acosen en ninguna parte. Le quedan todavía tres años de contrato y a pesar que tiene profesor privado de alemán que intenta con paciencia de monje enseñarle el idioma, Arturo apenas sabe decir unas cuantas palabras y construir frases elementales. Lo suyo no son los libros. Nació para darle bien a la pelota y a eso se dedicó con remarcable éxito en la vida.

Y aunque está acostumbrado en Alemania, añora regresar a su casa santiaguina; a abrazar con cariño a su madre, sus hermanos. Siente nostalgia por las pesebreras del Club Hípico donde puede hasta sentir el respirar agitado de sus caballos de raza. Pero no se queja. No tiene derecho a hacerlo. Los guerreros jamás se quejan.