En el fútbol se dice que un delantero es letal cuando, mano a mano frente al arquero, no perdona. Amigo del gol, certero, frío, un asesino de las redes. Pero nunca antes un futbolista había llevado esa frase al terreno literal. Es que pareciera que Aaron Ramsey, jugador galés del Arsenal de Inglaterra, tiene un arma escondida que se dispara cada vez que sus remates traspasan la línea de gol. Basta una anotación suya para que un conocido personaje muera de forma imprevista. Los casos son lo suficientemente curiosos como para pensar que los famosos tiemblan cada vez que el volante toma la pelota y encara hacia el arco rival. Eso sí, afortunadamente para ellos, Ramsey vive reñido con la portería.

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Todo empezó el 1 de mayo de 2011. Jugaba el Arsenal contra el Manchester United, uno de los clásicos de la Premier League. Minuto 65, gol de Ramsey. Su remate llegó hasta Paquistán, a la casa de Bin Laden y se convirtió en la bala que mató al líder de Al Qaeda. Al día siguiente, se informaba de la muerte del terrorista más buscado de todos los tiempos. Otro caso. Meses después, el 2 de octubre de ese mismo año, el galés le hizo un gol al Tottenham. Su equipo perdió. Tres días más tarde, el mundo también perdería a una de las mentes más brillantes de este siglo. Steven Paul Jobs, más conocido como Steve Jobs, moría sorpresivamente de un cáncer de páncreas a los 56 años. Todavía era temprano para establecer un link sobrenatural. Todavía.

Sólo 17 días más tarde, el 19 de octubre, el Arsenal jugaba contra el Marsella de Francia por la Champions League. Mientras Ramsey celebra un tanto, cruzando el Mediterráneo Libia vivía sus últimos días con Ghadaffi a la cabeza. El líder libio llevaba meses prófugo; la maldición de Ramsey terminó con su fuga. Veinticuatro horas después, Gadafi era asesinado en la calle poniendo fin a un gobierno de 42 años.

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Las coincidencias comenzaron a ser llamativas cuando el 11 de febrero de 2012, el jugador de 23 años le hizo un gol al Sunderland. Ese mismo día encontraron a Whitney Houston muerta en el baño de su casa en Beverly Hills. No fue su última víctima.

Este año ya suma cuatro muertos a su haber. El 22 de marzo, Ramsey anotó jugando por la selección de Gales frente a Escocia. Pocas horas después, la estrella de los Knicks de Nueva York, Ray Williams, perdía la vida. En mayo, dos goles, dos muertes. El 15 moría el famoso cantante español Manolo Galván y sólo dos días después, Jorge Rafael Videla, quien cumplía cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, fallecía por causas  naturales…

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Su último golpe fue duro. Hizo dos goles contra el Cardiff, el equipo de Gary Medel. La víctima, Paul Walker. Curiosamente, en una de las últimas frases de la película que no terminó de grabar, Walker hablaba de que hacía falta un funeral más dentro de la saga. Para eso sólo se necesitaba de la presencia de Ramsey en las redes.

Al día siguiente de su doblete, el Porsche Carrera en el que viajaba el actor de 40 años se estrelló contra un árbol y se incendió. Siete goles, siete víctimas; menos mal que la maldición no está en los pies de Messi.

 

El viejo dicho goles son amores no puede tener menos sentido cuando es el galés quien convierte. Habrá que ver si sus anotaciones siguen cobrando víctimas. Por lo pronto, los famosos no quieren ni ver los partidos del Arsenal. Lo peor de todo es que Ramsey tiene apenas 23 años y es parte de la camada de recambio del fútbol europeo. Quizá cuántos famosos maldecirán su nombre y lamentarán que el artillero galés vuelva a convertir.